Las Parrandas en la Región Central de Cuba

Un Poco de Historia

 

Este fenómeno de relevancia dentro del mosaico identitario de la cultura cubana tiene sus comienzos cuando en la Villa de “San Juan de los Remedios” por el año 1820 se encontraba ejerciendo un joven cura llamado Francisco Vigil de Quiñones (Francisquito), quien preocupado por la poca asistencia de sus pobladores a la llamada “Misa del Gallo” o “Aguinaldo” que se celebra  cada 24 de diciembre, se le ocurre la ingeniosa idea de crear una orquesta integrada por niños y jóvenes para que arrollaran por todas las calles de la ciudad armados por pitos , maracas, quijadas de caballo, fotutos, güiras y demás artefactos logrando hacer el mayor ruido posible con el objetivo de levantar de sus camas a sus seguidores o devotos para que abandonaran su lecho en la gélida madrugada y así pudiesen asistir a la tal afamada misa en la Iglesia Mayor.

Se conforman con el tiempo los “piquetes o barrios”, en sus inicios fueron ocho (según la geografía barrial), no es entonces hasta el año 1850 que se conforman los tradicionales Barrio el “Carmen” y el “San Salvador”, manteniendo una pugna sin igual hasta entonces, comenzada en el año 1878, imprimiendo precisamente el carácter competitivo los españoles Ramón Amorío del Pozo y Cristóbal Dilo Mateo, así fueron apareciendo hasta nuestros días los diferentes motivos que identifican la expresión, los cuales deciden en la emulativa noche.

Cuatro elementos la conforman, no todos presentes, ni por igual en las diversas prácticas originarias que han asumido: el Trabajo de Plaza, la Carroza, el Fuego y el Changüí. Cada uno de ellos tiene un peso específico en el objetivo primordial de la fiesta, o sea, el de alcanzar la victoria; a pesar de los cambios lógicos en estas poblaciones de la región norte-central de Cuba, sus pobladores la reviven y la salvaguardan, logrando así sus propios sellos identitarios.

Desde cada atardecer y durante toda la noche, el pueblo se alista a defender, con la fuerza de los que llevan en la sangre la Parranda ancestral, cada elemento tridimensional representativo de su barrio. Farolas, Banderolas y Estandartes heráldicos ondean en manos de sus seguidores, devenidos caballeros medievales, con la maestría e improvisación que permite sus saberes.

La «guerra» está declarada y pronto resonarán hasta el amanecer los fuegos pirotécnicos, manejados con habilidad, destreza y dominio por los artilleros de cada bando. Antes de medianoche, una tregua. Se convierte el humo y la pólvora en arcoiris lumínico provocado por los millares de bombillas incandescentes, debidamente coloreadas y colocadas en sendos trabajos de plaza, gigantescos frontispicios ubicados en dos esquinas contrapuestas del parque (solo en Remedios y Caibarién), que desafiando las leyes del equilibrio, iluminan durante toda la noche el escenario donde los pobladores escenifican su rivalidad por una victoria que nadie mide ni cuenta, amenizada al ritmo de polkas, congas, changüí y cantos retadores.

En cada sitio parrandil, esa noche son considerados rivales, cuando amanece todos los moradores tienden a defender un solo propósito y a la vez el único sentido: su añorada fiesta; su razón de existir, su parranda. Así comienza su expansión regional, su puesta a prueba en variantes y modificaciones.

Algunas poblaciones de la región espirituana, asumen la nominación de la festividad como “Fiesta de Barrios”, para diferenciarla de la Parranda campesina o Guateque, cuyo arraigo le concede el privilegio de la antonomasia.

En las parrandas aparecen formas literarias que conjugan el panorama oral cubano, sobre todo con la existencia de cuartetas y décimas que acompañan a la música y las polkas que son parte de la jocosidad del parrandero, utilizados casi siempre para el enfrentamiento hacia el otro barrio. Encontramos además la música vocal a través de las polkas y cantos, la danza con en el arrollar conformando el llamado changüí y las comparsas, el teatro a través de los figurantes que aparecen en las carrozas significando una interpretación réplica acerca de una obra de la literatura universal o cinematográfica, sin duda despliegan entre ellas innumerables expresiones culturales que reflejan la creatividad humana y también se encuentran, en cierta medida, en muchos otros ámbitos del Patrimonio Cultural Inmaterial.

En las parrandas la música se manifiesta de forma profana y está dirigida esencialmente al entretenimiento, en ocasiones cuenta la historia o temática que gurda relación con el trabajo de plaza y las carrozas, mientras la danza se vincula con modos y sentimientos de cada participante hacia el triunfo de su barrio, con movimientos bien coordinados pero de forma espontánea según indica la música.

Cada saber y conocimiento generado por los portadores, está concebido en su interacción con el entorno natural; las propias tradiciones orales expuestas desde el sentido de los acordes musicales, sin autoría propia, pues se refugian en el anonimato como en las formas literarias originadas en la pugna constante, afianzando así el sentido de pertenencia y los recuerdos eternos hacia su pueblo y su gente.

En las plazas y calles se estimula los acto de creación y a la vez se convierte en motivo para cada leyenda, rito, o creencia que se deleita en cada trabajo de plaza o carroza que se presenta en cada lugar parrandero. No puede celebrarse una parranda sin la presencia de las diferentes técnicas artesanales universales.

Visto entonces desde la visión antropológica, la práctica de las diversas técnicas y materiales que se utilizan en las parrandas y su transmisión generacional por vía oral y por imitación, ha podido preservarse por más de un siglo. La herencia familiar y vecinal en estos procesos culturales se aprecia por la destreza, el dominio y la habilidad de cada artesano constructor de carroza o de trabajo de plaza , de cada electricista, diseñador de vestuario,  cada reparador o constructor de instrumentos musicales, cada estandarte, cada farol o insignia, e incluso aquel que se dedica al arte de la pirotecnia; todos aseguran que la  práctica tradicional de las Parrandas estén mas vivas que nunca.

No existe ningún tipo de exclusión para pertenecer a un barrio o a otro, cualquier persona puede ser parte de la comunidad parrandera, e incluso, aquellos que no son nacidos en el lugar adquieren con el tiempo su rol en la membresía del bando al que simpatice, aunque es muy difícil que todo el que habite en estas localidades no sienta la impronta de  esta  populosa  fiesta.

Las Parrandas constituyen el fenómeno tradicional más arraigado y populoso de la Región Central y uno de los más trascendentales de los que se desarrollan en todo el país, según clasificación tipológica brindada por el Atlas Etnográfico de Cuba: Cultura Popular  Tradicional. Pertenecen al sistema carnavalesco cubano. Junto a las “Charangas de Bejucal” y el “Carnaval Santiaguero” conforman la trilogía de las fiestas populares tradicionales consideradas como “Nacionales”. Con un gran sentido de perdurabilidad por casi dos siglos de existencia de forma ininterrumpida.


Cambio y tradición se han interrelacionado de modo que, en tanto los elementos de identificación alegórica se han mantenido estables, los espectáculos representativos han ganado en síntesis y especialización; mientras permanece un “topos” sistemático en los desplazamientos rituales, se mezclan indefinidamente las variables culturales de sus participantes activos, creadores y espectadores; en tanto permanecen las nominaciones de elementos en uso desde su formación, las “definiciones” del triunfo se focalizan en uno de sus eventos específicos; mientras el léxico se manifiesta estable, recurrente a sus normas del pasado.

Los niños y adolescentes forman en la actualidad sus Parranditas, imprimiendo el proceso de continuidad y el fortalecimiento de la salvaguardia de cada uno de sus sellos identitarios en las nuevas generaciones de parranderos.

La Parranda, desde su surgimiento hasta los días de hoy, cada cual es libre de declararse vencedor, sin que elementos externos acudan a “rectificar” su juicio; por lo que solo hay un ganador; el pueblo y su cultura.

José Antonio Portuondo consideró a esta festividad una manifestación viva de Teatro de Relaciones, por el despliegue de elementos que en ella se entrecruzan. Y aunque el recuento del pasado siempre conlleva a míticos sucesos, definitivo para la fiesta fue el momento en que el estado revolucionario asume su financiamiento, a partir de la década del 70 del siglo XX, lo que va a garantizar no solo una continuidad sistemática, sino un crecimiento del volumen, físico y de expresión.

Sobre las Parrandas, Fernando Ortiz se refirió: … Debiera, a mi juicio, favorecerse el desarrollo de esta fiesta popular en la cual hay numerosos gérmenes de cultura artística, que cultivados pueden hacer de las fiestas remedianas, unas de las más atrayentes de la República…

También Emilio Roig de Leuchsenring, expresó: …Espectáculo bellísimo, pintoresco, entretenido, en la cual una tras otra las doce horas de duración no se sienten correr. De proyecciones turísticas insospechables, de refinado arte, tanto más relevante dado su carácter popular, difícilmente superado por artistas profesionales, en lo que se refiere a las carrozas, trabajos de plaza y faroles…

La salvaguardia de las parrandas incluye la actualización sistemática de los registros; la participación de los cultores o parranderos como protagonistas y hacedores de su propia cultura en el diseño de cada fiesta popular tradicional; la realización de espacios teóricos con la presencia de estudios y proyectos investigativos referidos a las  festividades parrandiles; la celebración de intercambios y confrontación cultural entre portadores de las diferentes comunidades parranderas; el desarrollo de encuentros de reflexión donde participen en conjunto los cultores, la comunidad, los académicos, para la búsqueda de la sustentabilidad económica y cultural de las mismas; así mismo, las coordinaciones para las  publicaciones con un alto valor documental y literario de artículos de interés.

Otros de los aspectos que ocupan espacio primordial en los encuentros y celebraciones, son los reconocimiento y estimulación a individuos, familias y agrupaciones portadoras  y la atención a los círculos de interés, clubes infantiles y de adultos para la inclusión de los elementos de la fiesta en los contenidos de Historia Local.

También los esfuerzos van encaminados a celebrar cada año, concursos y exposiciones, y promocionar las Parrandas por los distintos medios de difusión, estimulando la realización de materiales audiovisuales con la participación de la propia comunidad. En estos momentos se encuentran registradas y por tanto vigentes 17 comunidades portadoras de Parrandas.

 

 

 Por: Rafael Lara González

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