El Sucu Suco, baile pinero por excelencia


 Hacia 1844 habitaba en Nueva Gerona un corregidor con fama de tener malas pulgas llamado Francisco Rasco, y quien, harto ya de los lamentos de la población nativa contra la opresión y la pobreza, les increpó: ¿Por qué rayos no cantan, en vez de llorar y no tocan alguna música en vez de meter tanto ruido? Y aquella misma noche, —al decir de la tradición—, los de los lamentos organizaron el Sucu suco.

Como instrumentos musicales disponían de un caracol marino llamado guamo, una vieja filarmónica y un trozo de machete usado, que percutían para llevar el ritmo. “La música resultante no era más que un falsete muy prolongado y descompasado presidido por un vocerío infernal lleno de risas extrañas, forzadas por el ron de mala ley y las implicaciones libertinas de la oscuridad en que bailaban las parejas.”

 

Quizá sea esta la historia de la primigenia interpretación musical del ritmo tradicional pinero, la que fue narrada por Filiberto Ramírez Corría en su libro Excerta de una isla mágica, luego de entrevistar en 1946 a los ancianos de la Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud, también llamada El Evangelista, por Colón, y luego por otros pilotos Santa María, en el Siglo XVI.



Ya en 1848, existía la certidumbre de un ritmo y baile diferentes a los interpretados en la segunda isla del Archipiélago cubano. De ello da fe un cronista anónimo, quien visitó la región pinera en la data de referencia y se impresionó con aquel “bailecillo” en nada parecido a los valses, las habaneras y las contradanzas de La Habana de entonces.


Para una autoridad como la musicóloga María Teresa Linares, el Sucu suco “es una variante del son, muy similar al montuno en la estructura formal, melódica, instrumental y armónica. Alterna un solista con el coro que canta un pasaje fijo acompañado del conjunto. El solista entona improvisaciones sobre una cuarteta o una décima”.



Según consideran otros, es el baile pinero por excelencia, representado por sus pasos cortos y ritmo particular, que tiene de guajira y de criolla, todo entremezclado de son y de danzón, sin ser uno ni otro, pues, fue primero que los dos.



Para Juan Carlos Jiménez y Guadalupe Martínez —ninguno de los dos pineros, como pudiera creerse, sino de Las Villas y de La Habana, respectivamente—, autores de un profundo estudio sobre el tema, “el Sucu sucu tanto ayer como hoy, es el ritmo autóctono que tradicionalmente ha amenizado los guateques de la Isla de la Juventud, lo que constituyen todo un acontecimiento en el cual el hecho social tiene una importante significación”.



En estos guateques, se bailaba, había banquetes, se desarrollaban los más variados juegos, se tomaba vino; hábito este que se fue transformando hasta llegar al ron y la cerveza, todo con la peculiaridad pinera y el protagonismo fundamental de su ritmo tradicional, considerándolo como “patrimonio de una pequeña ínsula y parte inseparable de la familia pinera”.  



Todavía hay quienes recuerdan en la pequeña tierra pinera, aquellos tradicionales festejos donde se cantaba y bailaba hasta el amanecer al ritmo del Sucu suco. Las mujeres vestían unas batas largas, acicaladas con cintas y vuelos; los hombres, guayabera blanca y sombrero de yarey.



Según la tradición oral pinera, por el año 1870 en Santa Fe, comarca del primer asentamiento poblacional de Isla de Pinos en 1809, ya se escuchaban los acordes de un ritmo que ha llegado hasta nosotros e identifica al territorio pinero.


 
Esta manifestación cultural era representativa de la clase dominada pues en aquella época Isla de Pinos era colonia de España. Los cantos eran una diversión para los habitantes de esta zona y una forma de expresar sus sentimientos, pues también lo utilizaban contra la presencia española.



Entre leyendas, refranes y cuentos, este ritmo, variante del son, pasó de generación en generación; alegre, contagioso, es la expresión lírica del guajiro pinero, dueño y señor de los guateques, donde canciones como El rabito de lechón, Los majases no tienen cueva,   y otros, han hecho disfrutar a cientos de personas.



El actual nombre de este género músico danzario proviene de los americanos; ellos, para identificar el ritmo, preguntaban qué era ese suc, suc; se referían al rayado que producían los pies sobre el piso al bailar la rumba o el cotunto y el de los instrumentos al sonar; de ahí se impuso el Sucu sucu.


 
Esta tradición de música y baile que identifica a la Isla de la Juventud alcanza su mayor auge en 1940. En la competencia frente a creaciones de tanta fuerza popular como el Mambo o el Cha, Cha, Chá es derrotado.



Los primeros instrumentos utilizados por los cultivadores de la música tradicional pinera, se crearon a partir de la originalidad de quienes los usaban; por ejemplo: El Machete: Instrumento de trabajo que se utiliza como percusión típica fundamental en este ritmo.


La Tumbadora: Se denominaba así por la función que realizaba, pero realmente usaban una palma barrigona ahuecada y se le ponía un cuero arriba y la mayoría de las veces se empleaba un taburete con asiento de cuero y también un cajón que percutía igual.


La Bandurria: instrumento musical de la familia de los cordófonos, muy parecido al laúd,
La Campana o Cencerro: Instrumento de metal que golpeando con una clave provocaba el sonido deseado. Se usaba también una guataca y un clavo.


La Marímbula, instrumento de percusión que le sustituye al bajo de cuerdas y era fabricado por los propios pineros utilizando los más variados recursos.


El Guiro, anteriormente se utilizaba un guayo de rayar yuca.


El Bandoneón: Instrumento musical cromático de fuelle y lengüetas libres parecido al acordeón. Más tarde se le agregó el Laúd en sustitución de la bandurria y el Tres: Instrumento típico cubano.

¿Cómo se baila?


Sucu suco es un género bailable. Constituye una de las formas básicas dentro de la música pinera; por su extracción, desarrollo, características sonoras, coreográficas y uso social, ha sido el medio más idóneo de expansión del campesinado pinero.



En el Sucu suco las parejas se mantenían unidas en la siguiente forma: el caballero tomaba por la cintura a la dama, ambas manos colocadas en forma tal que el pulgar y el índice fueran solo -en principio- el de la palma de la mano era desde luego una licencia más o menos prohibida... La dama cruzaba las manos por detrás del cuello del caballero sin llegar nunca a juntarse los dos cuerpos.



Los danzantes solían prender una vela a San Nicolás -el santo patrón de la Isla- y no era permitido parar el baile hasta que la bujía no se hubiera consumido, por lo que el descanso estaba en la concesión obligatoria por parte de ambos danzantes
Este género bailable constituye una de las formas básicas dentro de la música pinera; por su extracción, desarrollo, características sonoras, coreográficas y uso social, ha sido el medio más idóneo de expansión del campesinado pinero.



Se le denomina Sucu suco al baile, a la música y a la fiesta; ese ritmo es semejante en su estructura formal, melódica, instrumental y armónica al son montuno. El músico y compositor Ramón Rives Amador; es decir Mongo Rives, es el más genuino cultivador de este ritmo que le llega por tradición familiar.



Elíseo Grenet después de conocer y escuchar a Mongo Rives legitimó su trabajo y utilizó el Sucu sucu para elaborar piezas estilizadas que llevaron el género a toda Cuba en la Década del 40. Sin lugar a dudas el maestro y compositor hizo que renaciera aquel ritmo, que se encontraba prácticamente olvidado o en la sombra entre los pineros, después de realizar una amplia investigación junto al doctor Filiberto Ramírez Corría y recopilar testimonios, numerosas estampillas rítmicas, docenas de décimas, tonadillas y otras variaciones, durante los años 1948- 1950, abundantes en temas pineros los cuales preparó para incorporarlos al folclor de la nación.



Por cierto, el más famoso de todos los Sucu suco, recogido del folclor pinero por Eliseo Grenet, y que posee, acaso, el mayor número de versiones —incluso una de los españoles— es una sátira contra el delator Felipe Blanco. Este, según se cuenta, llevó a los sublevados del 26 de julio de 1896 a su propia casa, donde les dio comida y abrigo solo para entregarlos después a la soldadesca colonial. En esa cobarde acción, fueron asesinados los hermanos Pimienta y un poeta de apellido Iturriaga.



Dicen que los pineros entristecidos por la traición cantaban: “Ya los majases no tienen cuevas/ Felipe Blanco los traicionó/ Los traicionó, los traicionó/ Los traicionó, que lo vide yo”...

 

Por: Ileana Hidalgo Edgar

 

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