Todas las campañas tienen Tirteos.

 

(A Naborí, a noventaicuatro años de su natalicio).

 “Quisiera al morir que la mejor parte de mi vida quedase como ejemplo para los que vendrán y estén dispuestos a luchar por la justicia y el amor entre los hombres”.

  (Indio Naborí)

 Frente al criterio elitista de algunos ideólogos del arte y la literatura, que pretenden conservar la cultura como fruto y disfrute de una minoría privilegiada, se levanta el concepto irrebatible de otros profundos  pensadores que valoran y defienden las posibilidades  del pueblo en la creación artística y literaria.

 

Nuestro poeta y visionario José Martí escribió:

 

Una  gran montaña parece menor cuando está rodeada de colinas, y esta es época en que las colinas se están acercando a las montañas; en que las cumbres se van deshaciendo en llanuras; época cercana de la otra en que todas las llanuras serán cumbres (…). Ha entrado a ser lo bello dominio de todos. El genio va pasando de individual a colectivo.

 

Al referirse Martí a  la otra época, se está refiriendo a nuestro tiempo. Esa visión será utópica dondequiera que los regímenes políticos no promuevan ampliamente la participación de las masas y que la creación cultural no sea obra y disfrute de las masas. Y que los mejores valores que ha creado la humanidad en todos los siglos, desde la literatura antigua, las esculturas, las pinturas, puedan ser patrimonio de las masas, puedan comprenderlas y disfrutarlas las masas. Y que las masas sean creadoras.

 

Máximo Gorki después de un amplio estudio artístico de diversos pueblos expresó: El pueblo creó a Zeus, y Fidias lo encarnó en mármol. Gorki demostró que era absurdo contraponer los grandes artistas al pueblo, ya que eran hijos de su pueblo.

 

Hubieran sido posible, acaso, las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides sino hubiese existido la riquísima herencia mitológica creada por los esfuerzos colectivos de las masas en el ocaso de la sociedad tribal. Acaso hubiera sido posible la aparición de Chaucer o Rabelais, Shakespeare o Pushkin sino hubiesen tenido por base la multisecular experiencia artística del pueblo. La creación colectiva de las masas antecede a la creación individual. Por eso pudo decir Gorki que el pueblo es el primero en el tiempo, suma de belleza y genialidad, filósofo y poeta, creador de todas las tragedias de la tierra y de la más ingente entre ellas: la historia de la cultura mundial.

 

Cada poeta ha cantado con el tono que se aviene a su voz. En algunos cantores se da la dualidad tónica y temática por lo que coexisten  el poeta místico, el poeta popular y el poeta hermético, el onírico y el realista.

 

Dentro de esa opulenta gama de poesía tiene su lugar la poesía de circunstancia inherente a todas las épocas, pero más dable en las grandes conmociones sociales. Entonces los hechos interesan a todos con la misma intensidad, y cuando el poeta, es fiel exponente de la realidad circundante el pueblo siente que se expresa por aquella voz popular.

 

El tono de la poesía de multitudes no puede ser de ninguna manera el tono conversacional de la poesía intimista. Tiene que ser un tono acorde con la acústica de la plaza pública, con el aire ardiente de banderas, himnos, marchas, voces amplificadas y grandes ecos. De ahí que ciertas sonoridades y ciertos énfasis que son anacrónicos y desentonantes en la poesía para la lectura unipersonal, o para decir en tertulias, recobran vida en estos nuevos espacios.

 

Todo poema es obra de circunstancia. En Cuba, después del triunfo de la Revolución, campesinos, obreros e intelectuales demandaron la poesía en la plaza pública. La poesía ha contribuido históricamente a la formación y establecimiento de las distintas superestructuras sociales. Cuando se dice poesía, dígase poetización de las emociones.

 

La poesía de circunstancia no es nueva. En los pueblos desde los tiempos primitivos, existe la tendencia de cantar el acontecer. En la historia de la literatura universal encontramos numerosos ejemplos de poetas que han trascendido junto a las circunstancias que cantaron.

 

Tirteo es el poeta circunstancial por antonomasia. Nacido el siglo VII ANE. Su lugar de nacimiento lo discuten Atenas. Afiona, Miletos y otras ciudades griegas. Desterrado de Atenas, fue adoptado por Esparta, en cuyos ejércitos era una especie de comisario político en versos.

 

Poeta circunstancial, tan circunstancial como un cronista deportivo que hablase en lengua rítmica y poderosa, fue Píndaro, nacido hacia el año 522 ANE en Grecia. Sus odas triunfales son emocionantes crónicas de los juegos olímpicos.

 

Publio Virgilio Marón, poeta latino no estuvo en sus Églogas y sus Geórgicas totalmente desentendido de las circunstancias. Sus pastores, sus diosas y ninfas son intérpretes de las desgracias, fiestas y amores de sus amigos.

 

La circunstancia de que los tejedores franceses fueran vilmente explotados, llenó de ira el corazón del poeta Crestien de Troyes, y con tal sentimiento escribió La Canción de la Camisa.

 

Dante Alighieri, años después, encadena no pocas circunstancias del medio social que le tocó vivir en el marco grandioso de su Divina Comedia y en su libro Poesías o rimas que en su mayor parte se refiere a las circunstancias políticas y sociales de su tiempo.

 

La juglaría que tuvo como escenario la Europa Occidental durante la misma época, comentó en versos los acontecimientos, en misión de gacetillas ambulantes.

 

El romancero español alude en la mayor porción de su temática a hechos inmediatos. Los romances fronterizos y moriscos abarcan una parte importante de la historia de España.

 

Los clásicos del Siglo de Oro fueron poetas multicordes. El verso de circunstancia abunda. Cervantes canta a la muerte de la reina Doña Isabel Valois. Luis de Góngora canta desde las circunstancias más domésticas hasta las políticas. Quevedo, a la vez canta los llamados temas eternos, toma como fuente de inspiración las circunstancias, desde las más simples y humorísticas hasta las más solemnes y dramáticas. Lope de Vega fue asimismo, en no pocos poemas, reflejo fiel de su tiempo.

 

A fines del siglo XVIII fue la Revolución Francesa un hecho estremecedor en la historia social. Nadie podría imaginar que de acontecimiento tan grande surgiera un poeta menor como Rouget de Lisle y un juglar anónimo como el autor de La Carmañola.

 

Entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX descuella en el mundo de las letras el genio de Goethe quien cantó su poema Juana Sebus, heroína popular del Rhin.

 

Las guerras de independencia están reflejadas en cientos de poesías de circunstancias. “Todo se escribe en verso en nuestras tierras - señala Martí - ; todos los héroes tienen cantores; todas las campañas tienen Tirteos”.

 

El oleaje revolucionario de 1848 en Francia llevaba consigo a un gran poeta: Charles Baudelaire. Supo recoger en su corazón la poesía de aquella circunstancia que luego expresara en su poema El vino de los traperos, inspirada en los viejos conspiradores obreros.

 

La Comuna de París conmovió a poetas como Verlaine, Rimbaud, Pottier y otros. Destacable es el hecho de que acorralado por el enemigo, Pottier escribió La Internacional.

 

Un poeta como Maiakovski surge movido por el lirismo de las multitudes, el cantor de la plaza pública, las fábricas y los talleres.

 

La guerra civil española hizo cantar a poetas como Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Antonio Machado, Pablo Neruda, César Vallejo, Paul Éluard y  Nicolás Guillén, entre otros.

 

En Cuba esta tendencia viene de la tradición universal, no ha existido en nuestro país un hecho que se le haya escapado a los poetas populares.

 

De todos ellos, ha sido indudablemente Jesús Orta Ruiz el poeta más popular. En él se funden el trovador, el cantor de circunstancias, glorias patrióticas, protesta social, poeta vivencial, intimista y autobiográfico con una rica variedad de contenido y forma.

 

Nació el 30 de Septiembre de 1922, en la finca Los Zapotes, de San Miguel del Padrón, municipio de Ciudad de La Habana. Muere el 30 de diciembre del 2005 en La Habana. Él buscó en los más humildes y laboriosos de nuestros aborígenes el seudónimo por el que toda Cuba lo conoce: Indio Naborí. En su juventud descolló como decimista oral y con el decursar de los años su poesía alcanzó la síntesis de lo llamado culto y popular. Premio Nacional de Literatura en 1995. Reconocido por la crítica como el más alto cultor de la décima en Iberoamérica.

 

Fue Naborí el creador de un curioso género periodístico, la crónica en versos, ejercicio que le proporcionó su facultad de poeta de contingencia y que le permitió recrear trascendentales hechos históricos de nuestra Patria.

 

Orta Ruiz a través de su limpia hispanidad da el salto a lo universal, elevando su poesía a categoría humana, como hijo de su tiempo lo descubrimos arremetiendo contra lo falso y lo injusto de su tierra y del mundo. En varias reconoció que “la poesía lo marca todo, porque sin su mística, seríamos un pueblo sin alas”.

 

Nació en el seno de una familia campesina, conservadora de la tradición cultural de nuestros campos y con resuelta vocación poética, su punto de partida en la poesía no podía ser otro que la décima, estrofa española enraizada en la voz, la memoria y el corazón de nuestro pueblo.

 

 El poeta y Premio Nacional de Literatura, Cesar López, al referirse a Naborí dijo: Desde los primeros días de los versos de Naborí veíamos cómo la dulzura, el ritmo, la melodía, el mensaje de su contenido se hacía firme y fuerte en unas formas perfectas. Eso lo llevó al cultivo de cualquier forma estrófica abierta o cerrada… El Indio Naborí resolvió el dilema, descifró el signo, se instaló en la más plena cubanía. Para nosotros la patria es la poesía y la poesía es la patria, y el Indio Naborí es la representación de esa fusión entre patria y poesía.

 

Surgen sus Estampas Campesinas en 1939. Ya en esas décimas, entre algunos temas autobiográficos, aparecen sus primeras manifestaciones de poesía social, bien lejos de la versificación panfletaria. Baste un ejemplo:

 

El duendecillo del frío

como abstracta lagartija

se entra por una rendija

de las tantas del bohío.

Un niño enfermo y sombrío

dormita en mísero lecho,

donde tal vez en acecho

de algún roedor fantasma

los cien gaticos del asma

le maúllan en el pecho.

 

La poesía pública, como dijera Rafael Alberti, respondiendo a una demanda de las multitudes alcanzó insólitos oficios cotidianos, sin perder la magia de no pocos momentos sorpresivos de la expresión poética. En este aspecto es Eduardo Marquina, el poeta español de las Canciones del Momento, una de las más destacadas figuras del Modernismo, al que pudiéramos compararlo con las lógicas diferencias del tiempo, el espacio y el contenido de los acontecimientos.

 

Las tres vertientes líricas de Jesús Orta Ruiz son: la poesía campesina, de afinidad lorquiana, la poesía íntima, y autobiográfica, con influencia de Jorge Marquina Y Antonio Machado; y la poesía patriótica y social a la manera de Miguel Hernández y el citado Eduardo Marquina.

 

Este trabajo destaca la vertiente de su poesía patriótica y circunstancial, demostrando que este fenómeno artístico y literario no es sólo un fenómeno de la lucha de clases, sino un hecho en todos los momentos de la Historia en que los pueblos por un motivo u otro, han pasado a ser protagonistas al frente de un ética que han demandado el estímulo de una estética que levante su ánimo y glorifique su tiempo.

 

No es de extrañar, que un poeta nacido y crecido  en las mayores estrecheces sociales, se incorpore a un movimiento revolucionario que le llega cargado de esperanzas y profundos cambios, con el mismo entusiasmo unánime que todo su pueblo.

 

Sus poemas de carácter político, hechos para decir en la tribuna, no pueden ser como los poemas de cámara, en un espacio para la poesía más íntima, de ahí que tome en determinados momentos el tono tribunicio y la extensión para la más rápida comprensión de la multitud. Esto nos obliga a la fragmentación de los mismos en algunas de las citas de ejemplos.

 

Su poema al triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, La Marcha Triunfal del Ejército Rebelde, es toda una crónica emocionada del júbilo popular expresada en un ritmo dactílico amétrico de base trisílaba que recuerda el ritmo de la Marcha de Rubén Darío, aunque no pocos elementos la diferencian de ella. Por ejemplo, la carga de subjetividad, la calidez vivencial y ciertos recursos trovadorescos, propios del poema y la canción de las multitudes. Los trovadores mozárabes solían marcar en sus zéjeles la frase o rima consabida que indicara el momento en que el público oyente debía sumarse, formando un gran coro a la voz del cantor. Esta antigua fórmula fue utilizada por nuestro poeta en su canto a la victoria ante un millón de personas. Es sin dudas, una de las odas más populares de Cuba, recitada por actores, niños, obreros, campesinos y profesionales, cuyo ritmo se ha mantenido durante cuarenta años, como prueba que la poesía de circunstancia puede ser obra de larga vida:

 

No importa el insecto, no importa la espina,

la sed consolada con parra del monte,

el viento, la lluvia, la mano asesina

siempre amenazando en el horizonte.

¡Sólo importa Cuba! . Sólo importa el sueño

de cambiar la suerte.

¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño

ni viene asombrado de tutear la muerte!

Los niños lo miran pasar aguerrido

y piensan, crecidos por la admiración,

que ven a un rey mago, rejuvenecido,

y con cinco días de anticipación.

 

La Primera Ley firmada por el Comandante Fidel Castro fue la Ley de Reforma Agraria, que otorgó la tierra a 100 000 familias campesinas, motivó el surgimiento de un poema nacido del mismo sentimiento del origen social de quien lo creó: Décimas Dobles, a la firma de la Ley de Reforma Agraria. Escrito no en octosílabos como las espinelas clásicas sino en versos de dieciséis sílabas sobre la base tetra silábica, lo que demuestra el pleno dominio de la versificación española. La frase ley primaveral y jurídica mañana, son desplazamientos calificativos frecuentes en la poesía moderna; y en el ritmo de ambas estrofas hay cierta música de asombro como de versículo bíblico:

 

Campesino: Redentora fue la hora en que una mano

blanca y fina, en un estribo de la cumbre de la Sierra,

firmó el texto de la ley primaveral que dio la tierra

a los pobres cosecheros de las lomas y del llano.

La jurídica mañana, despuntando por el guano,

descendió con la noticia por el curso de los ríos,

se alegraron los palmares, las cañadas, los bajíos,

los caminos vecinales, los bateyes, las barrancas,

y volaron los laúdes, y cantaron los bohíos.

Jamás hubo un campesino de columna tan derecha

ni tan dulce sobre el surco fue la sal de los sudores.

¡Sol de mayo que con sangre de Niceto pintó flores

y ha fundido vida y muerte en la gloria de una fecha!

Esa firma es la raigambre de la pródiga cosecha.

 

En el año 1961, identificado en nuestro país como el Año de la Alfabetización, movilizó a miles de niños y jóvenes en la noble tarea de alfabetizar en lugares muy remotos a más de un millón de personas. Fue una verdadera hazaña pedagógica que lamentablemente manchó de sangre el crimen, dejándonos los nombres de algunos mártires recordados y amados por nuestro pueblo Baste el ejemplo de Conrado Benítez, al cual Orta Ruiz consagró la elegía: El Drama de los Tres Libros:

 

¡Tres libros vieron al joven

colgando de aquel ramaje

¡Tres libros vieron su lengua

como campana de sangre!

¡Tres libros vieron la luz

de sus pupilas fugarse!.....

¡Ay, Aritmética en ti

pronto aprenderán los ángeles

del monte la suma y resta

de tu tabla memorable;

para sumar hombres buenos,

para restar criminales!

 

Naborí no se limita a una escuela literaria. Es un poeta ecléctico. Toma de cada estilo lo que se aviene al tema que trata. Su verso es blanco y de ritmo interior, este ritmo, característico del verso libre está felizmente logrado cuando escribe en 1970, su Oda a la Caña Sorprendida:

 

…¡Tienes que estar perpleja, sorprendida

     de machetero tan feliz!

¡De este que se te acerca como un novio

a una novia en un baile!

¡De este regocijado espejo de sudor

emergiendo del río de la tarde

como un atleta victorioso!...

¡Tienes que estar perpleja, sorprendida

de que venga a cortarte la alegría

porque siempre el dolor fue machetero!

 

La creación de las Escuelas e Institutos Superiores de Arte, le inspiró el poema El Arte de las Masas (1971), moderno romance, escrito en distintas métricas afines:

 

Arte, ¿dónde tú estabas escondido?

Vivías como ahogado

en pequeños salones exclusivos,

en torres y palacios,

o más bien empolvado en un rincón,

hambriento, tiritando…

 

En el año 1972, arribó a La Habana una delegación del Consejo Mundial por la Paz y la Solidaridad. En uno de sus actos en nuestra capital el poeta dijo su soneto El Destino del Hombre:

 

Estamos a la orilla de un abismo.

El fondo de ese abismo nos aterra.

Nos huele a sangre la palabra guerra:

a polvo, a soledad, a cataclismo.

Es tan ciego y voraz el egoísmo

que prefiere, con todo lo que encierra,

para no compartir, partir la tierra

en dos, aunque ceniza sea él mismo.

Pero los pueblos juntos harán fuerte

resistencia a la guerra y a la muerte,

evitando el espanto de sus huellas.

El hombre no nació para suicida

sino para llevar a las estrellas

el triunfo de la paz y de la vida.

 

Este soneto de contenido humanista se diferencia como todos los que escribió el autor del soneto clásico, en que sus seis versos finales no están constituidos por dos tercetos, sino por un pareado y un serventesio.

 

En 1981se inaugura la reunión de la presidencia del Consejo Mundial de la Paz en el Palacio de las Convenciones, y el poeta se pronuncia con su Canción del Soldado a la Paloma Blanca:

 

¡Ay, no vueles paloma tan confiada!

¡Ay, no vueles tan blanca ni tan suave!

No quieras con tu arrullo

tortolizar los gavilanes…

Fortifica tu pecho

con acero y diamante;

y no te poses, no, sobre la ingenua palma:

únete a mi fusil

o pósate en un tanque,

para que no te crucifiquen,

para que muera  quien te mate.

En 1998, el Papa Juan Pablo, visita nuestra isla y escribe el poeta el soneto:

 El Santo Padre va por Cuba:

Por fin vas, Santo Padre, por mi amada

isla pequeña, pero engrandecida,

y ves que la pobreza repartida

es más que la riqueza secuestrada.

Conoces por el fruto en la enramada

    el aporte del árbol de la vida;

y palpas cómo ha sido calumniada

esta tierra de luz amanecida.

Tú que has visto en países opulentos

a los niños morir solos y hambrientos

aquí ves su alegría sin orfebre.

¿Qué estrella llevó magos a Belén

para que el niño pobre del pesebre

sonriera como estos? Padre, amén.

 

 

En el 2001 se pronuncia con su soneto: Última Sentencia que dedica a los cinco héroes cubanos prisioneros en cárceles norteamericanas:

 

Si en las tres guerras de machete y teas

parió la libertad héroes radiantes,

en este batallar de las ideas

ha parido la paz cinco gigantes.

No fueron, entre halcones, las raleas

de terroristas y de traficantes,

sino –frente a las togas o libreas-

patriotas firmes como los diamantes.

La cadena perpetua y hasta doble

     la jueza sentenció con faz innoble,

pero ellos volverán con vida plena,

con el poema, la sonrisa, el beso,

absueltos por la Historia, y al regreso

tendrán gloria perpetua y sin cadena.

 

A  noventaicuatro años de su nacimiento, cito palabras de Naborí: Considero que no todo en esa selva de versos es salvable, pero creo que algo de ella se resiste a morir. Poesía de encargo, podría decirse en algunos casos, pero habría que añadir: el encargo no es ninguna imposición cuando lo que se solicita está en el corazón de quien complace.

 

Dejó una obra de hondas raíces populares  que nos muestra cómo palpito su corazón y cantó su lira en cada una de esas históricas unidades de tiempo, acercándose casi diariamente a la magia de la poesía. Alcanzó el destino mayor de los poetas, confundirse con la creación popular.

 

Su pueblo no lo olvida, entre otras cosas por sernos tan necesario y por encarar de forma irrepetible eso que llamamos “lo cubano”.

 

 Autora: MSc. Ma. Eugenia Azcuy Rodríguez.


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