Pensar el Arte y la Cultura Hoy

 


Este trabajo es solo un punto de partida para profundizar en las nociones conceptuales estudiadas, vinculadas al quehacer del Sistema de Casas de Cultura, cuya misión es; Trabajar por el desarrollo de procesos participativos que contribuyan al crecimiento espiritual y a la elevación de la calidad de vida de la población cubana mediante la atención a los Aficionados al arte, la formación de públicos y la Salvaguardia de la Cultura Popular Tradicional.

 

Hacer coincidir estás definiciones conceptuales con las Prácticas Socioculturalessobre las que se debe trabajar, es muy difícil, pues predomina la visión institucionalizada que no contextualiza territorios, realidades y tradiciones culturales; además, no siempre se investiga y se prepara para entender los fenómenos comunitarios; así mismo la referida misión declara que… elevamos la calidad de vida mediante la apreciación de las diferentes expresiones del arte, sin embargo hay tendencias a limitar la cultura a la producción espiritual artístico-literaria profesional o por protección de una élite de demostrado talento; de este modo no se alcanza una dimensión antropológica que asume la cultura en su integridad de adaptación a los ecosistemas, de organización social y de conformación ideológica.

 

La mayoría de los instructores de arte del país están ubicados en escuelas y casas de cultura; entonces ¿qué nos limita a romper los marcos institucionales, abrirnos a la diversidad creativa y a los movimientos culturales que se dan en las comunidades?, desde los grupos informales. Hoy las instituciones culturales en su mayoría, diseñan sus proyecciones y estrategias individualmente; sin integrar sus respectivas  misiones, y sin embargo, tienen que  incidir en la misma población.

 

Al decir de un especialista,…No solo hay cultura en las Casas de Cultura, puesto que una casa cualquiera, aunque sea una choza, es también un objeto cultural… Véase la cultura como conjunto de formas culturales, pautas y contenidos de aprendizajes de la socialización.  El papel de la comunidad, es, por tanto, insustituible. Se impone concientizar a los portadores mismos de la cultura.

 

Fidel ha planteado que el arte y la cultura forman parte del nivel de vida de una sociedad, de un pueblo. Así lo señaló en su discurso Palabras a los intelectuales, en 1961 y añadió,  Y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un patrimonio real del pueblo…     

 

El Sistema de Casas de Cultura está intrínsecamente vinculada a la historia, de ahí las definiciones y aspiraciones de promover una acción cultural desde las raíces, desde la base de nuestra sociedad y relacionarla con el esfuerzo creador de lo mejor de la intelectualidad cubana, rechazando la concepción estrecha de un arte y una cultura, como algo añadido o superpuesto a la vida social y situarlos en el lugar que les corresponde en la construcción de un proyecto socialista. Es así que se conceptualiza la política cultural cubana.

 

En este sentido, la Constitución de la República de Cuba señala en su Artículo 38, capítulo IV, Educación y Cultura: …el  estado, a fin de elevar la cultura del pueblo, se ocupa de fomentar y desarrollar la educación artística, la vocación para la creación y el cultivo del arte, y la capacidad para apreciarlo

 

En el proceso de implementación de los Lineamientos del VI Congreso del PCC, esta intencionada esa política, articulada al nuevo Modelo de Desarrollo, entendido en la identidad cultural; por tanto, el Sistema de Casas de Cultura debe llevar implícita en su misión, educar en los valores a un ciudadano cívico, con más conciencia, con actitudes y aptitudes que le permitan a través del arte, ampliar la apreciación y la creación, logrando mayores conocimientos y bienestar, y además interpretar el sentido de la justicia social, la solidaridad, el compañerismo y el internacionalismo, basado en la originalidad y la pluralidad que caracterizan los grupos poblacionales; esto último común en todas las sociedades que componen la humanidad. Partiendo de estas premisas, nos queda como institución cultural, reconocer y respetar las diferencias; propiciar el protagonismo de la comunidad y de sus miembros, tanto individual como grupal. 

 

Basado en los conceptos de diversidad e identidad, se hace imprescindible mantener vivas las tradiciones, pero no desde la aplicación de un programa único en todo el país, pues resulta contraproducente intentar proyectar normas que respondan a esquemas con una visión nacional; hay que valorar las especificidades locales para garantizar la promoción natural.

 

Decir que el Artista Aficionado o el Movimiento de Artistas Aficionados es, y pertenecen a la comunidad; que es un bien y una preocupación de ella, y por tanto, responsabiliza a todas las instituciones, organizaciones, y estructuras de gobierno, es tan solo un discurso. La realidad es que esa amalgama plural de leyes jurídicas, gobiernos, divisiones territoriales, conflictos étnicos y medios masivos de comunicación, transcurre ajeno a las dinámicas que desarrolla ese Movimiento en los territorios; de ese modo, tenemos un divorcio entre las necesidades de recreación y expresión de un territorio y las estructuras que hacen cumplir las políticas culturales del mismo.

 

El debate sobre cultura popular e identidad se torna apasionante y complejo, ya que tiene tantas aristas como análisis y lecturas posibles de realizar sobre su realidad y sobre la acumulación de ideas en torno a cómo interpretarla; por esto, como una de las perspectivas actuales, el estudio de esos preceptos desborda los compartimentos de la interdisciplinariedad. Por ejemplo, en los procesos de desarrollo de los Talleres, no se puede separar las manifestaciones, todas se relacionan. El arte actual va desdibujando todos los contornos establecidos con la tradición. El Sistema de Casas de Cultura no puede estar ajeno a ningún cambio; por el contrario, debe enfrentar el conflicto que presupone la teoría,  la práctica y la creatividad contemporánea, del tradicional acontecer.

 

Resulta improcedente enfrentar desde el pensar teórico, el quehacer artístico del presente y más aún, imaginar su futuro, ¿estaremos en presencia de un cambio de misión del Sistema de Casas de Cultura? Un cambio de misión asienta a su vez la imposibilidad de un pensar ordenado, estructurado y jerarquizado en los términos en que fue antes establecido.

 

Toda idea o noción en relación con el arte estará siempre unida a formas interpretativas que corresponden a un paradigma determinado, que en cada época y contexto puede ser susceptible de cambios. Por lo tanto, el desafío es: ¿cómo sustentar la política cultural de la nación desde el Sistema de Casas de Cultura, y esa suerte de prácticas culturales, en las actuales sociedades de novedades tecnológicas, en medio de un universo que, artísticamente, se sobredimensiona de manera progresiva y acelerada?

 

En tal sentido, no resulta sensato considerar fallido cualquier intento de reflexión teórica sobre lo que se hace hoy en el mundo artístico, teniendo en cuenta diferentes contextos del planeta. De hecho se ha escrito y se escribe mucho sobre esto desde los diversos saberes que le tienen como objeto; y justo porque abundan las miradas parciales y/o descriptivas.

 

Lo interesante es aportar al debate en relación con los modos de actuar, las posibilidades de existir y coexistir el arte en los nuevos contextos, inevitablemente contaminados. Si esto se tiene en cuenta sería menos traumático desarticular el sentimiento de fracaso de las propuestas tradicionales, que muchas veces se experimenta ante los productos y propuestas del arte; y si bien es cierto que tal institución constituye un reto a la capacidad reflexiva de cualquier especialista, hoy también lo es, pues si se cambia el modo de enfocar la práctica artística, ha de cambiar de igual modo, la manera de percibirla y de pensarla.

 

Se hacen igualmente visibles otras características de lo cultural: hibridación, multiculturalidad, identidades múltiples...; es así que el nuevo paradigma - de cuya construcción el arte participa- resulta inclusivo y con ello, da mayor posibilidad al reconocimiento de la diversidad, característica constitutiva de la nacionalidad.

 

Pensar el arte hoy, es asumir también, lo popular, lo industrial, el diseño, la moda…, justo en el mismo sentido en que se reconoce y se habla de diversidad cultural. Tal como ocurre con la moda del bricollage o colach, se da la unión improvisada de fragmentos incompatibles y heterogéneos; es decir, -jeans con encajes; smoking con tennis; peinados afros y pareos hawaianos, etc.-  en oposición al criterio de unidad de conjunto lo cual produce un efecto paródico o de imitación.

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No podemos estar ajenos a las artes visuales que se convierten en la forma de artedominante y preponderante; estas tienen mucho significado para el momento contemporáneo, por lo que las Casas de Cultura no pueden estar ajenas a los procesos que se generan desde esta dimensión. Signado, por una parte, por el desarrollo de un arte o una cultura, cuyos fines serán el ocio y consumo, y por la otra, por el desarrollo de propuestas artísticas mucho más abiertas e innovadoras.

 

Se habla entonces de una entidad que es tanto arte como cultura, y así se designan como tal, otras formas artísticas: música tecno, video art, realidad virtual, televisión comercial o productos de internet. Así se incorporan al circuito artístico nuevos medios –además de la televisión y el video - crece incesantemente el uso de Internet; con esto se hace posible una re-significación de las prácticas artísticas, al tiempo que se facilita aún más la apropiación de la cultura del consumo; es decir del ocio y entretenimiento, se asumen por las lógicas comunicativas y de mercado, los más amplios espacios de productos y creaciones artísticas, ya sean estos de naturaleza plástica, musical, literaria, o de cualquier otra. Este enfoque todavía no está, y no forma parte del funcionamiento del Sistema de Casas de Cultura, por lo que no existe una relación armónica y efectiva entre los programas de desarrollo cultural a nivel macro y los proyectos de desarrollo en el nivel micro-social.

 

Por. Ariadna Padrón García.

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