Pasión por la Instrucción

 

Lillipsy Hernández Oliva es una joven instructora de arte en la especialidad de Teatro que, como muchos jóvenes, ha abrazado durante estos años la salvaguarda de nuestra cultura, con la enseñanza de un arte genuinamente cubano.

 

Los planes de clases resguardados con el mayor de los celos confirman la pasión por enseñar de esta espirituana, que al narrar sus primeros encuentros con los niños; los aplausos y la algarabía de los infantes al cierre del telón, le brillan los ojos con expresión de profunda alegría.

 

En Punta de Diamante, su terruño natal, una comunidad rural del municipio Cabaiguán, al borde de la Carretera Central, no tenía mucho tiempo para adentrarse en las técnicas del arte de las tablas, y mucho menos un referente que la impulsara; pero con la vocación por el magisterio y el amor por el teatro, partió con una maleta cargada de sueños hacia la otrora Escuela de Instructores de arte Vladislav Volkov, de Sancti Spíritus. Y por qué el Teatro? Su respuesta en contundente. Porque potencia habilidades como la creatividad y el trabajo permanente, que contribuyen al desarrollo de la personalidad; y porque  considera que es la manifestación que, en cierta forma, reúne a muchas otras.

 

Entre las primeras experiencias de esta joven educadora cultural, está la transformación del poblado Jíquima de Alfonso, en la serranía del Escambray, donde pudo realizar sus primeros sueños teatrales, los que hizo realidad con los niños del lugar. Desde ese instante confirmó que el primer referente del teatro para los niños es el juego; ellos, sin saberlo, se apropian de gestos y aptitudes que imitan a los diferentes personajes que rodean su entorno. También muy tempranamente tuvo la convicción de su misión educativa, que es transformar y pulir cual piedra preciosa, desde edades tempranas; tanto en las técnicas específicas del teatro, como en la formación  ciudadana y cívica.

 

Otra de las experiencias de impacto personal, fue su traslado a La Habana para asumir responsabilidades en la Dirección Nacional de la Brigada, además de laborar en una escuela de referencia, ubicada en La Habana Vieja, asociada a la UNESCO. En ese contexto de trabajo bilateral, logró un proyecto comunitario denominado La Marioneta Azul.

 

La labor como colaboradora en la Misión Cultura Corazón Adentro en Venezuela, fue una de las experiencias más difíciles, pero de  grandes aprendizajes; tanto como Instructora de dos escuelas, como la función de representar la Brigada en el estado de Miranda como coordinadora de ocho municipios y ser la máxima responsable de la manifestación de Teatro de una parroquia, fortaleció su instrucción y su profesión.

 

Esta singular instructora no se ha detenido, pues junto a otros instructores destacados, cursó un Postgrado con el objetivo de prepararse como reserva del Ministerio de Cultura; por tal motivo, a su regreso a Cuba asumió como directora del Centro Provincial de Superación para la Cultura en Sancti Spíritus, y luego aceptó la responsabilidad de ser subdirectora provincial de Enseñanza Artística. Este quehacer y dedicación, mereció el Reconocimiento especial que otorga la Dirección Nacional de la Brigada de Instructores de Arte José Martí.

 

El alcance de las convicciones de Lillipsy se constata cuando afirma que desde lo educacional y lo cultural, se mantiene atenta a la formación artística de los niños, adolescentes y jóvenes; y acota que nunca abandonará totalmente el aula, y como buena educadora, sus planes de clases están guardados para cuando sea necesario.

 

Presidencia de la Brigada José Martí.


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