Aproximaciones a la verdadera Historia Cultural Cubana

 

Fernando Ortiz dijo que "la verdadera historia de Cuba es la historia de sus intrincadísimas transculturaciones"; con las que se trata de explicar los complejos procesos y  trasmutaciones que dieron lugar a la cultura cubana y entender la evolución de nuestra nación en lo económico; también en lo jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico, sexual y en los demás aspectos de la vida, a lo que habría que agregarle la noción de Isla y su influencia en la conformación de una psicología muy particular.

 

Desde el Siglo XVI la fundación de las siete villas con sus pautas de distribución espacial de calles, plazas, edificios y encuadre sociocultural, fueron  expresión de la consolidación de la cultura cubana, cuyo desarrollo en sus inicios, estuvo vinculada a los intereses de las diferentes clases sociales, derivadas de las estructuras coloniales españolas. 

 

El avance cultural le fue limitado a los criollos y a la población negra esclavizada; todo lo cual ilegitimó, todo producto cultural reproducido desde su ascendencia africana; pero esto no impidió que apareciera la primera obra de tono literario escrita en Cuba, el poema épico Espejo de Paciencia de Silvestre de Balboa, el más antiguo monumento de nuestras letras. A este hecho se sumaron la creación de la Imprenta  y la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, entre otros.

 

En el siglo XIX las nuevas corrientes filosóficas y las innovaciones científicas y pedagógicas conmueven la sociedad cubana. Sobresale la figura del  Padre Félix Varela quien fue el primer conformador  del pensamiento político cubano los versos patrióticos de José María Heredia.

 

En los años cuarenta del Siglo XIX, se inició un período de decadencia del desarrollo artístico, bajo los gobiernos tiránicos de Tacón y de O'Donell. No obstante crecen los sentimientos nacionales en las clases trabajadoras y en las masas negras. Aparece entonces la novela costumbrista Cecilia Valdés escrita por Cirilo Villaverde.

 

Las contradicciones económicas marcarán las diferencias entre colonia y metrópoli, hasta las guerras de independencia. El 10 de octubre de 1868 estalla la Guerra de los Diez Años liderada por Carlos Manuel de Céspedes; sin embargo la discordia entre las fuerzas independentistas, arruina esta contienda detenida por el Pacto del Zanjón. La inmoralidad de esa época figura en las crónicas publicadas por Julián del Casal, iniciador del modernismo.

 

La tregua entre las dos guerras del siglo XIX, es fecunda, y el Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, que ya había fundado el 10 de abril de 1892, el Partido Revolucionario Cubano, organizaba la Guerra Necesaria. Martí, también fue iniciador del movimiento modernista y dedicó su obra  absolutamente  a la causa de la libertad y la justicia. Con su pensamiento y acción, la lucha por la independencia adquiere su integral plenitud, su sentido americano, profundo y raigalmente antimperialista.

 

La Guerra iniciada el 24 de febrero de 1895 unió a lo más puro de las intelectualidades de la época, profesionales, universitarias, artistas y escritores, con  los campesinos,  los antiguos esclavos, los artesanos y otros trabajadores de la ciudad. Fue una lucha total por la independencia nacional hasta que se libraron sus últimas batallas en 1901 en que la intervención imperialista norteamericana bajo la forma del apéndice constitucional conocido con el nombre de Enmienda Platt, derrumbó los sueños emancipadores del pueblo.

 

La República es proclamada el 20 de mayo de 1902.  Los anhelos liberales con los cuales se fundó se vieron ahogados durante los primeros cincuenta años de su existencia. En sus primeros años la producción intelectual destacó lo heroico nacional en relatos de  testimonios y diarios de campaña. La brillante oratoria de Manuel Sanguily, el periodismo militante de Juan Gualberto Gómez y el pensamiento de Enrique José Varona hacen valer el sentimiento patriótico nacional por la inexistencia de una política educacional honesta que sacara a la población del analfabetismo en el cual se había sumido y la presencia de una visión localista. Este período gris de la nación se rompe en 1923 con la Protesta de los Trece, liderada por Rubén Martínez Villena.

 

Este ciclo de frustración política nacional culminaría con una etapa de terror y sangre: la dictadura de Fulgencio Batista. Comienza entonces el más trascendental período de la historia republicana. Frente a la situación imperante, un grupo de jóvenes, trazan la línea de la lucha armada como medio de conquistar la liberación nacional y se organiza el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Fidel Castro, que encabeza el grupo, pronuncia entonces su histórica defensa,  La Historia me Absolverá.    Este alegato se convierte en el programa de acción que culminaría, en su período insurreccional, en la Sierra Maestra, bastión de la lucha armada a partir de fines de 1956.

 

El 1ro de enero de 1959 triunfa la Revolución Cubana y en la sociedad se producen  profundos cambios en todas sus estructuras. En 1961 irrumpe la exitosa y trascendental campaña de alfabetización, llevando la luz del conocimiento a casi un millón de personas. Se crea la Imprenta Nacional que inicia la publicación de la obra de los grandes maestros de la literatura universal y para ello parte de la tirada masiva de 100 000 ejemplares de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y Saavedra. Pero el bajo nivel de desarrollo cultural existente en Cuba  exigió la aplicación acelerada de una serie de medidas que respondían a las urgencias del momento para dar solución las demandas que históricamente habían sido formuladas.

 

El proceso revolucionario y la tarea intelectual se inspiraron en las más avanzadas corrientes de su tiempo y en el pensamiento de José Martí. Nuevamente lo más puro de la intelectualidad cubana, artistas, escritores, profesionales y universitarios cierran filas con campesinos y obreros tal como ocurrió cuando el patriótico esfuerzo libertador del siglo XIX. En junio de 1961 el primer ministro Fidel Castro se reúne con artistas y escritores, y exactamente el día 30 pronuncia sus Palabras a los Intelectuales donde quedan expresados los principios de la política cultural del gobierno revolucionario.

 

En agosto de 1961 tiene lugar el primer Congreso de Escritores y Artistas, definidor de la unidad de principios que permitió a los mejores exponentes del arte y la literatura, la creación de obras artísticas al servicio de una nueva sociedad en la cual el hombre alcanzaría su plena dimensión humana.

 

En este marco quedó expresado directamente, la decisión y la tarea propia del gobierno, de formular y ejecutar una política cultural con la participación de los creadores y que respondiera a los intereses del pueblo como protagonista principal. Un aspecto de gran relevancia es el desarrollo que desde los primeros años del triunfo de la Revolución Cubana, cobró el movimiento de artistas aficionados, como resultado de una política de masificar la cultura promoviendo la apreciación y la práctica artística. 

 

A cinco años del triunfo revolucionario ya se habían realizado más de 16 acciones relevantes en el terreno de la cultura, entre las que se destacan: la fundación de instituciones emblemáticas como la Escuela Nacional de Artes, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, La Escuela de Instructores de Arte,  la Casa de las Américas; el Consejo Nacional de Cultura como organismo rector y coordinador del trabajo cultural. Como resultado del fortalecimiento del sistema  institucional de la cultura se crea en la década del ´70 el Centro de Cultura Comunitaria que posteriormente pasaría a Consejo Nacional de Casas de Cultura, con el encargo de promover una cultura general integral en defensa  y desarrollo de la identidad nacional.

 

En la Tesis y Resolución "Sobre la Cultura Artística y Literaria" del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba efectuado en 1975, se expresa la importancia de la canción revolucionaria, muchas veces anónima, surgida en el campamento mambí, las representaciones teatrales, la poesía de la guerra, la literatura de campaña y, en fin, un arte popular que luchó por expresar la existencia combativa de nuestra nacionalidad. Las clases populares fueron depositarias de estas tradiciones vitales de la cultura nacional y sus defensores consecuentes.

 

En la referida Tesis se señalaron los avances de la Revolución en la cultura: La participación de las masas en la actividad cultural con la incorporación activa de trabajadores, campesinos y estudiantes, y muy especialmente de los niños y jóvenes; la revalorización de las obras más importantes del arte y la literatura nacionales y de la cultura universal; el estudio de las raíces culturales, el reconocimiento de sus valores, el desarrollo de éstos y la investigación, entre otras. En tal sentido potencia la promoción de una cultura general e integral;  la defensa y desarrollo de la identidad nacional, de la vocación universal y profundamente latinoamericana y caribeña de la cultura nacional; la conservación y difusión del patrimonio cultural; el respeto y apoyo al protagonismo y creatividad de las comunidades en la conducción de sus procesos culturales; el perfeccionamiento de los procesos de formación y superación de los recursos humanos que están involucrados en los procesos culturales.

 

En la actualidad, en medio de múltiples dificultades, la Revolución mantiene el principio del desarrollo cultural como la plataforma esencial para los procesos de transformación  porque en los espacios que proporciona la cultura es donde el hombre se siente realmente pleno, donde realiza su verdadera condición humana y donde se siente y, de hecho es, realmente libre porque puede pensar, crear, actuar, comunicarse bajo formas que lo identifican del resto.

 

 

Por: MSc Felipa Gálvez Henry

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