Sonatina lezámica para Raciel Feria Isidoro

 

Allegro

Nacido bajo el noveno signo, flecha mutable, arco de fuego, persigue las constelaciones mas, pone fuerte su paso sobre la tierra. Lo estelar y lo telúrico en el mismo pulso llevaron su arte a la arcilla. El barro ancestral en las manos; de sus manos, “era la infinita prolongación de las formas, desde el pez hasta el pájaro, […] el brazo de un pez que se prolonga hasta obtener el rostro de un pájaro.”

 

En sus obras la forma es un engañoso continente. El vaso o el plato, liberados de su finalidad primigenia, bordan los colores en criaturas aladas y peces imposibles. O solamente complejizan el despliegue de un azul, o las flamígeras versiones del naranja. “Esta gran morfología estudiosa de las series y de las excepciones que iniciaban series, era en su dimensión más profunda una mística buscadora de la unidad”. Como la pintora ceramista, vence el espacio formal con la potencia pictórica, portadora de la voz poética. …lo poético cantando desde el barro una antigua letra sin forma.

 

Adagio

Tiene su taller cerca del mar, en el centro de la áspera alharaca habanera. Allí, a veces, puede sentir las minúsculas gotas húmedas de sal entre polvo de edificios y hollín. El mar corroe la piedra y la carne pero dilata la visión. Por eso del mar nació el espejo (el doble solar) y la copa (el cuenco de la mano). Lo infinito multánime y lo infinito reducible, el agua y el reflejo, el fuego y la mano, la imagen y el análogo infinito, el agua y la arcilla.

 

El reflejo del mar en sus piezas no surge del pincel fácil mojado en óleos o acrílicos. Sus azules llevan la alquimia profunda solamente conseguida por la mirada profética del artista que sabe adelantarse a las dosificaciones del metal y el horno. Sus violados, sus turquesas acuáticos, sus tierras profundos, salen del oficio practicado a golpe de tiempo y empeño. Nacen del ojo que observa, intuye y presiente, y de ese otro ojo oculto en lo más intrincado del Ser.

 

Él puede ver como Novalis que el agua es una llama mojada, la comprobamos en los reflejos marinos o en el nacimiento de una ola. Un reflejo es el silencioso paso de la llama por la líquida llanura.  Puede ir, sin embargo, de la cresta espumosa a las aguas del arroyo traslúcido sobre el ocre oficioso y críptico; del imperio del pargo al reino de la biajaca. También lo terrenal desde la clave tibia de sus tonos. Los matices escondidos de una isla estrecha donde no todo cause llega al mar. La infinita visión que se abre en el espejo del río se cierra en el último silbido de la lava. …tiene su taller en una tierra asediada por el mar.

 

 

Allegretto grazioso

Cobalto, cobre, hierro, vidrio fluido, calor y color. Los elementos de arriba y de abajo, amasados por su espíritu. Agua, tierras, barro, arcilla, frio y fuego. La plasticidad y la dureza engendrando la chispa de lo imposible posible. …trae un tesoro en un cuenco de barro.

 

Textos de José Lezama Lima en citas y paráfrasis: “En la muerte de Amelia Peláez”, “Martinez Pedro y el nacimiento de las aguas”, “Lectura”.

 

Por: Israel Díaz Mantilla.

                                                                                                                                                             

 

 

                                                                                                                                                                  


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