Bandos de Majagua Rojo y Azul

 

Las tradiciones campesinas en Cuba tienen a la comunidad como escenario fundamental y protagónico que valida sus raíces y costumbres más genuinas. Muestra de ello son la realización de changüíes, parrandas o guateques, torneos o competencias de bandos, altares, velorios o alumbrados y jolgorios de tambor, en áreas rurales de toda la Isla. Estos festejos que cuentan con el apoyo de las principales instituciones culturales nacionales y de los vecinos de cada comunidad campesina.

 

En el municipio de Majagua, a unos 25 kilómetros de la ciudad de Ciego de Ávila hacia el centro de la Isla, no se puede mencionar el azul sin hablar del rojo y es que este pueblo tiene un profundo arraigo popular, por la fiesta de los bandos Rojo y Azul.  

 

Sus antecedentes se remontan a inicios del siglo XIX, en el territorio Majagua, donde se hicieron habituales las fiestas bailables campesinas, con la presentación de torneos de cintas, precedidas por la designación de presidentes y madrinas. Estas  fiestas y otras similares desarrolladas en Guanabacoa (1826), constituyen los antecedentes de las Fiestas de los bandos rojo y azul que se celebran hasta nuestros días.

 

Cuentan que en los años 20 del siglo pasado llegó al poblado, Pedro García Méndez, un hombre de buena posición social y raíces hispánicas muy marcadas. A él le gustaba mucho el punto de parranda y para celebrar esos jolgorios organizó los bailes y dividió a su familia en dos bandos. Por aquel entonces en el pueblo de Majagua jugaban pelota dos equipos todos los domingos, representados por el azul, en el que estaban los adinerados y el rojo, de la gente sin fortuna, por lo que poco a poco cada quien se fue identificando según su rango.

 

En  los primeros años la fiesta no tuvo un carácter popular, ya que a partir de 1929 durante la república mediatizada las fiestas se celebraron anualmente,  auspiciadas por la Sociedad de Instrucción y Recreo “Unión Club” y más tarde la “Unión Latina” con fines económicos y se denominaron Bailes guajiro.  Aunque todos disfrutaban, solamente podían entrar al local las personas blancas y de buena ascendencia aunque podían participar tanto asociados como invitados, pero con la condición  de vestir preferentemente con estilo campesino.

 

Las mujeres vestían de largo con vuelos de uno u otro color, una flor en la cabeza, abanicos, collares y pulsas confeccionadas con semillas del monte y un pequeño bolso de tela. En tanto los hombres usaban guayabera, polainas, machete a la cintura, sombrero de guano y un pañuelo anudado en el cuello.

 

En Majagua las fiestas se distinguieron y desde 1983 comenzó a celebrarse allí también el Festival de Parrandas, pues la zona se caracteriza por contar con cientos de parranderos, que acompañados del tres, claves, maracas, güiro, marímbula, bongó, acordeón y el típico machete exigían de los cantantes un elevado nivel interpretativo en el  ajuste al ritmo de la música, por lo difícil que se hace improvisar.

 

La Fiesta de los bandos es la más esperada, siempre suele celebrarse en el mes de noviembre y es expresión de un genuino proceso cultural que abarca todo un año de preparación donde los participantes de cada uno de los bandos investigan, de forma, secreta, costumbres del campo, tanto en modos de relación, bailes, anécdotas, platos, entre otras expresiones, que llevan a escena durante la semana de celebración, lo que constituye un  acto colectivo de salvaguarda y sostenibilidad del patrimonio para las nuevas generaciones.  

 

Dentro de las características de estas festividades podemos encontrar que la pertenencia a los bandos no está determinada por una demarcación territorial (barrio), sino por la simple simpatía por un color que se manifiesta en los individuos desde los primeros años de la niñez.

 

La influencia familiar es importante, pero ello no implica que en una misma casa no puedan coexistir azules y rojos, fenómeno que ocurre con frecuencia Aunque existe una fuerte rivalidad entre  bandos, nunca se hace alusión de forma despectiva e hiriente uno y otro.

 

Desde los primeros días de noviembre ya las casas, edificios, apartamentos, cada rincón de Majagua anuncia el color de su bando con banderas, globos, cintas en los sombreros;  incluso, se ven viviendas con letreros azules y rojos, confirmando que en una misma familia no todos coinciden en la elección.

 

El diseño y la confección de todo lo que se va a presentar se mantiene en el más absoluto secreto hasta la salida de los bandos, los personajes tradicionales son “Cuba” y “Liborio”, representantes de la patria y el pueblo respectivamente y la pareja del viejo y la vieja, representada por jóvenes debidamente caracterizados, la fiesta es un vasto exponente de las diversas manifestaciones artísticas y deportivas música, danza, teatro, poesía, artesanía, juegos de pelota y cinta. También existen dos comparsas adultas y dos infantiles, una por cada bando respectivamente.

 

En 1966 Ángel Morán, recién graduado de instructor de arte por la Revolución naciente, comenzó una labor de salvaguarda de la música y bailes restableciéndose así los festejos suspendidos durante el gobierno de Fulgencio Batista.

 

En el contexto de la Cultura Popular Tradicional campesina, la población participa en calidad de actor o espectador; es significativo que los bailes, cantos y música retomados por los bandos, son recreados por agrupaciones de artistas aficionados y profesionales, en los ámbitos  nacional e internacional, tales como el Zumbantorio, el Zapateo, la Karinga, el Papalote, la Polka, el Gavilán y la Mazurca entre muchos otros.

 

Para los que han vivido la experiencia de poder asistir a estas fiestas en Majagua, tienen el privilegio de haber asistido a un verdadero proceso de expresión popular, de cordial rivalidad colectiva que forma parte del quehacer cotidiano de sus pobladores. Hay gente que se pelea, hombres que tienen que irse a comer a casa de sus padres, o de otros familiares, porque esa semana su esposa, que es de otro bando, no le cocina. Hay parejas que por estos días duermen separados, las capas de barberos y peluqueras ostentan el color del bando de pertenencia, el sentimiento por los bandos corre en la sangre de su gente.

 

El bohío, el cerdo asado en púa, gallos que se pelean, taburetes, caballos, el pilón y un buen café, cientos de bailarines y actores… el verdadero guateque campesino sube a la escena por separado, en representación de cada bando, el último día de las festividades, luego de un año de preparación en el que incluso, los bandos se espían con el objetivo de superar al contrario.

 

Mientras que el bando azul tiene como protagonista principal a Don Pepe, representado por un guajiro alegre, chispeante y buen bailador, los del rojo son seguidores de Doña Joaquina, mujer muy generosa, que también gusta de parrandear. Ambos contrincantes son promotores de una fraternal rivalidad danzaria y musical entre vecinos, que con el paso del tiempo se ha convertido en una vía para salvaguardar elementos folclóricos.

 

Es muy común visitar el municipio de Majagua y encontrar en portales y calles del pequeño pueblo a los niños y jóvenes bailando y cantando los bailes campesinos como “Doña Joaquina”, “Sumba-Antonio”, “Caringa”, el “Gavilán”, el “papalote”, entre otros.

 

Desde la década de los 80 esta festividad paso a tener un jurado para dar a conocer el  bando ganador en las competiciones artísticas, dichos resultados se dan a conocer por la radio un día después de finalizar la contienda pública.

 

Lo que en otro tiempo fue una simple costumbre familiar ahora es expresión popular en la que se unen sin distinción de raza y creencias varias generaciones, para disfrutar al compás de esta música contagiosa y cadenciosa de estampas campesinas cubanas.  Este es sin dudas uno de los eventos culturales más importantes del territorio. 

 

Han sido invitados permanentes de los Festivales del Caribe en Santiago de Cuba y a la Feria Nacional de Arte Popular que se celebran en su provincia de Ciego de Ávila y participó también en el Festival Latinoamericano y Caribeño de la AITTA, (Teatro Amateur), celebrado en nuestro país en el año 2006.

 

Se les otorgó el Premio Nacional Memoria Viva en 1997 que entrega el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, por la revitalización de la cultura y  tradiciones. El Premio Nacional de Cultura Comunitaria. Están propuestos para su declaración como Monumento Nacional el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura y para la Distinción Obra Maestra del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

Tomado de  Ficha técnica Bandos de Majagua-Consejo nacional de Casas de Cultura.

https://orlandogonzalezmadrigal.wordpress.com

 

 

 

 


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¨Los libros sirven  para cerrar las heridas que las armas abren¨
José Martí