La Cultura Cubana en Revolución

 “La verdadera historia de Cuba es la historia de sus intrincadísimas transculturaciones"; palabras expresadas por Fernando Ortiz, con las que trató de explicar los complejos procesos y trasmutaciones que dieron lugar a la cultura cubana y entender la evolución de nuestra nación en lo económico, lo institucional, lo jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico y sexual, y en los demás aspectos de la vida, a lo que habría que agregarle la noción de Isla y su influencia en la conformación de una psicología muy particular del habitante insular.

Desde el Siglo XVI con la fundación de las siete Villas y sus pautas de distribución espacial de calles, plazas, edificios y de encuadre sociocultural se evidenciaron la consolidación y evolución de la cultura cubana.

En el período colonial de 1510 a 1989 no existía una política cultural coherente de España con relación a Cuba, porque tampoco estaba definido concepto alguno de política con relación a la cultura, pero si ya se visualizan  procesos coyunturales que favorecieron o retardaron la consolidación de una cultura y la nacionalidad. El hegemonismo de las estructuras coloniales españolas, con su carácter retrógrado en la primera época limitó el avance cultural, negó a la población negra esclavizada e ignoró todo producto cultural de ascendencia africana.

A poco más de un siglo del descubrimiento de la isla por Cristóbal Colón apareció la primera obra de tono literario, el poema épico “Espejo de Paciencia de Silvestre de Balboa, el más antiguo monumento de nuestras letras, basado en un hecho histórico ocurrido en la región oriental de la Isla: el secuestro del Obispo Fray Juan de las Cabezas Altamirano. Obra que testimonia los orígenes de nuestra literatura inspirada en sentimientos ya cubanos.

A este hecho siguieron la introducción de la imprenta  en 1723; la fundación del Seminario de San Ambrosio en 1769 conocido más tarde con el nombre de San Carlos; la fundación del Seminario de San Basilio en Santiago de Cuba en 1722 y la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana  en 1728. En el siglo XIX las nuevas corrientes filosóficas y las innovaciones científicas y pedagógicas remueven a la sociedad cubana a pesar  de la censura férrea  al pensamiento progresista, que tres libertades de prensa no pudieron mitigar. El periódico El Habanero, que fue la primera publicación periodística  puesta en función de la independencia, plantea con arrojo la separación de Cuba de la metrópoli.

Sobresale la figura de Félix Varela con sus textos de Moral en 1812 y sus Lecciones de filosofía de 1818, rebela verdades científicas con sus publicaciones hechas por primera vez en español y no en latín. Varela se considera el padre de nuestra nacionalidad por su influencia en la formación del pensamiento político cubano. Desde la pedagogía considera la educación como un proceso en el cual el estudiante debe aprender a desarrollar sus propias capacidades y potencialidades.

José María Heredia por su parte, impulsa su verso patriótico contra el yugo colonial que solo responde con el silencio; en este contexto sociopolítico, en Cuba se desarrolla el gobierno progresista  de Don Luis de las Casas, que influido por el clima liberal que propició la constitución de Cádiz de 1812 y el "despotismo ilustrado", se preocupó en alguna medida por el mejoramiento de la colonia. Se crearon instituciones como la Sociedad Económica de Amigos del País, la escuela gratuita de dibujo y pintura en 1818, convertida en Academia de Pintura y Dibujo de La Habana San Alejandro.

A la altura de los años 40 del siglo XIX, se inició un período de decadencia del desarrollo artístico bajo la tiranía de Tacón y de O´Donell. Esta opresión provocó el desarrollo de la lírica y despertó sentimientos nacionalistas en las clases trabajadoras y en general en la población negra. Aparece la primera novela cubana Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, donde se describen las costumbres de la época y se ponen de manifiesto los mitos tradicionales relacionados con la discriminación racial y violentamiento de los valores establecidos.

Las marcadas contradicciones económicas entre colonia y metrópoli derivaron en las guerras de independencia política y por la unidad nacional de los cubanos. El  10 de octubre de 1868 estalla la Guerra de los Diez Años liderada por Carlos Manuel de Céspedes - el Padre de la Patria. Sin embargo la discordia entre las fuerzas independentistas, arruina esta contienda detenida por el Pacto del Zanjón.

No hubo un adecuado reflejo de la decadencia moral de la época en la mayoría de los intelectuales. Algunos pocos como Julián del Casal figuraron entre los iniciadores del modernismo. Sus crónicas publicadas en la revista La Habana Elegante denunciaron la inmoralidad y decadencia de esos tiempos.

José Martí también fue iniciador del movimiento modernista, cantó a Cuba en verso y en prosa, su entrega total a la independencia y justicia. Con su pensamiento y acción la lucha por la independencia adquiere su integral plenitud, su sentido americano y antiimperialista.  Funda el Partido Revolucionario Cubano en 1892 y organiza “La Guerra necesaria” (1895-1898).

La Guerra iniciada el 24 de febrero de 1895 fue una lucha total por la independencia. Tres meses después cae en combate, el 19 de mayo,  José Martí. Hasta 1901 se libraron las últimas batallas. Pero en las sesiones de la primera convención constituyente los representantes del pueblo cubano se vieron forzados a reconocer en la carta fundamental de la República, la intromisión imperialista norteamericana bajo la forma del apéndice constitucional conocido con el nombre de Enmienda Platt.  

 

Se proclama la República el 20 de mayo de 1902 que hasta 1958 sufrió ahogada en servilismo y corrupción. Los anhelos liberales se silenciaron durante los primeros cincuenta años de su existencia. Proliferaron los  subproductos del sensacionalismo y el fácil entretenimiento, que desvirtuaban los valores auténticos de la nacionalidad y la historia del pueblo cubano, muchos artistas e intelectuales se rindieron ante el oropel de una cultura hedonista y  evasiva; no obstante hubo una intelectualidad que se mantuvo militante y con denotado sacrificio sostuvo una obra de denuncia y en favor de los intereses  y el desarrollo espiritual del pueblo.

En sus primeros años de producción histórica- literaria,  se destacó lo heroico-nacional. Se relataron  los hechos vividos en testimonios y diarios de campaña. Entre los más ilustres se sitúa Vidal Morales y Morales con “Iniciadores y primeros Mártires” (1901), Julio Cesar Gandarilla protesta contra la Enmienda Platt y la política norteamericana en su obra “Contra el yanqui” que vieron la luz en 1913; a ello se une la brillante oratoria de Manuel Sanguily, el periodismo militante de Juan Gualberto Gómez y el pensamiento de Enrique José Varona.

En la sucesión de gobiernos corruptos se desencadenó una época gris que se rompe en 1923 con la Protesta de los Trece, liderada por Rubén Martínez Villena. Este fue un antecedente del Grupo Minorista que en 1927 firmó un Manifiesto que abogaba por la revisión de los valores falsos, el arte nuevo, por la reforma de la enseñanza pública, por la independencia económica de Cuba, contra el imperialismo yanqui, y contra las dictaduras políticas unipersonales en el mundo, en América y en Cuba.

También en 1927 sale a la luz la Revista Avance; el historiador Ramiro Guerra publica “Azúcar y Población en las Antillas”, obra fundamental que denuncia la pérdida de nuestra soberanía, la entrega del suelo cubano al extranjero y el latifundismo creado por el coloniaje. Escritores como Miguel de Carrión, José Antonio Ramos, Carlos Loveira y Luis Felipe Rodríguez expresaron en sus obras, la corrupción republicana y su frustración social.

En la década del 30 comienza a gestarse una poesía revolucionaria y vigorosa que se identifica con la historia del país; se abre paso con la poesía de Nicolás Guillén quien publica sus “Motivos de son”, “Songoro Cosongo” y “West Indies Ltd”. Al mismo tiempo, Emilio Roig de Leuchsenring publica en 1935 su “Historia de la Enmienda Platt” - una interpretación de la realidad cubana.

Don Fernando Ortiz, hombre de fecunda existencia e inmensa erudición, funda la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura y la revista Ultra. En 1923, publica “En la Tribuna”, la obra prologada por Rubén Martínez Villena quien previó lo que Don Fernando significaría para siempre en la cultura cubana.

Desde finales de los años 30 y principios de la década del 40, se destacaron las primeras obras poéticas de Eugenio Florit, José Lezama Lima, Mirta Aguirre y Eliseo Diego y obras fundamentales para el estudio de nuestra historia como el “Manual de Historia de Cuba” escritas por Ramiro Guerra en 1938; la “Historia de La Habana” de Emilio Roig de Leuchsenring, y el “Contrapunteo Cubano del tabaco y el azúcar” de Don Fernando Ortiz, mientras, Ramón Guirao y Rómulo Lachatañaré publican “Órbita de la poesía cubana” en el propio 1938 y “¡Oh, mío Yemayá!”, respectivamente, obras clásicas de la cultura negra en Cuba.

Luis Felipe Rodríguez y Enrique Serpa denunciaron violentos conflictos sociales en sus novelas “Ciénaga” y “Contrabando” escritas y publicadas en 1937 y 1938, respectivamente, y en el ámbito internacional antiimperialista; Pablo de la Torriente Brau, testigo excepcional de la Guerra Civil Española, lega para la historia testimonios de lucha tales como “Peleando con los milicianos” y “Aventuras del soldado desconocido cubano”, publicados en 1938 y 1940.

A finales del 40 y principios de la década del 50 se resquebraja totalmente la confianza del pueblo en los gobiernos auténticos. La literatura  sigue siendo un arma de denuncia a pesar de ser subvalorada, de la que ningún creador podía vivir, al contrario tenían que pagar las ediciones de sus libros; no obstante, en 1944 comienza a publicarse la revista Orígenes, colofón de una serie de revistas que aparecieron a mediados de la década del 30, después de la caída del tirano Gerardo Machado y Morales.

La revista y el grupo Orígenes representaron una etapa "entre-revoluciones" como definiera la profesora Graciela Pogolotti - entre la frustración del movimiento del 30 y la curva ascendente del proceso revolucionario que se produce en los años 50. Se destacaron figuras como Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Samuel Feijóo y Onelio Jorge Cardoso, con una profusa obra literaria.

En el ámbito de la investigación histórica, Raúl Cepero Bonilla publica en 1948, Azúcar y Abolición, el más brillante ensayo histórico escrito en Cuba hasta su tiempo y punto de partida de la también brillante historiografía que surgiera posteriormente. Este ciclo de frustración política nacional culminaría con una etapa de terror y sangre: la dictadura de Fulgencio Batista; comienza entonces el más trascendental período de la historia republicana.

Frente a la situación imperante un grupo de jóvenes, liderados por Fidel Castro, atacan el Cuartel Moncada, trazando la línea de la lucha armada como medio de conquista para la liberación nacional en el histórico alegato de defensa “La Historia me Absolverá”, ante los tribunales que lo juzgan por su acción. Este se convierte en el programa de acción que culminaría, en su período insurreccional, en la Sierra Maestra, bastión de la lucha armada a partir de fines de 1956. En los últimos años; es decir entre 1952 y 1958, prolifera la prensa clandestina contra la tiranía.

A ello se le sumó la inexistencia de una política educacional honesta que mantuvo el analfabetismo en el seno de la población  la visión localista, reducida a la capital, sin tener en cuenta el desarrollo integral de las demás regiones del país. Los propios artistas se vieron marginados hacia un desamparo en el orden social y económico.

La Revolución triunfa el 1ro de enero de 1959 y el pueblo por primera vez protagoniza los profundos cambios de todas las estructuras sociales. La cultura en manos del pueblo responde en 1961 con la creación de la Primera escuela de Instructores de Arte, que acunó a jóvenes de todo el país en un excepcional empeño, sin precedentes de llevar la cultura a todos los rincones del país; comenzó por las disciplinas de Teatro, Música y después se sumó Artes plásticas y Danza.

Lo mejor y más genuino de la intelectualidad revolucionaria formo parte del claustro de profesores. En dos años se dio una formación básica, pero profunda, a jóvenes de diferentes procedencias y niveles escolares que partieron a barrios y comunidades.  Con aciertos y desaciertos sentaron el precedente de un nuevo modelo de cultura en Revolución.

La exitosa y trascendental campaña de alfabetización, que benefició a casi un millón de personas en su primera etapa; en tanto, la creación de la Imprenta Nacional la cual inicia la publicación de la obra de los grandes maestros de la literatura universal y para ello parte de la tirada masiva de 100 000 ejemplares de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y Saavedra, primera edición cubana de este título, en cuatro tomos con viñetas e ilustraciones de Gustavo Doré y un dibujo de Pablo Picasso.

No obstante por el bajo nivel de desarrollo cultural existente en Cuba al triunfar la Revolución y en aras de lograr una transformación profunda de la estructura de la sociedad, tanto material como espiritualmente, la aplicación acelerada de una serie de medidas en este terreno no respondieron a una política integral, sino a las urgencias del momento para dar solución a una serie de demandas que históricamente habían sido formuladas.

A cinco años del triunfo revolucionario ya se habían realizado más de 16 acciones relevantes en el terreno de la cultura, entre las que se destacaron: La fundación de instituciones emblemáticas como la Escuela Nacional de Artes, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, La Casa de las Américas; el Consejo Nacional de Cultura como organismo rector y coordinador del trabajo cultural.

Lo más puro de la intelectualidad cubana, artistas, escritores, profesionales y universitarios cierran filas con campesinos y obreros. El proceso revolucionario y la tarea intelectual se inspiraron en las más avanzadas corrientes de su tiempo y en el pensamiento de José Martí. En junio de 1961 el primer ministro Fidel Castro se reúne con artistas y escritores, y exactamente el día 30 pronuncia sus Palabras a los Intelectuales donde quedan expresados los principios de la política cultural del gobierno revolucionario.

En agosto del propio año, se realiza el primer Congreso de Escritores y Artistas, gestor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; donde se define la unidad de principios sobre la creación de obras artísticas por los mejores exponentes del arte y la literatura. Se expresó directamente la política cultural con la participación de los creadores y en función de los intereses del pueblo como protagonista principal.

El Primer Congreso de Educación y Cultura celebrado en 1971, ratificó la permanente decisión de hacer del arte un arma de la Revolución Cubana. Por otra parte los Congresos de las organizaciones de masas y políticas del país, han adoptado entre sus resoluciones, las referentes a la educación y cultura del pueblo cubano.

Aspecto de gran relevancia es el desarrollo que desde los primeros años del triunfo de la Revolución Cubana, del Movimiento de Artistas Aficionados, como resultado de una política de promover la apreciación y creación en las comunidades, barrios, centros laborales, estudiantiles, organizaciones, organismos y población en general.

En la Tesis y Resolución "Sobre la Cultura Artística y Literaria" del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba celebrado en el año 1975 y ratificadas en el II Congreso en 1980, se lee:

"Si en sentido general, al referirnos a esta época, se relacionan las obras relevantes de las que debemos sentirnos orgullosos por su carácter patriótico y lograda calidad, no son menos importantes la canción revolucionaria, muchas veces anónima, surgida en el campamento mambí, la representaciones teatrales, la poesía de la guerra, la literatura de campaña y, en fin, un arte popular que luchó por expresar la existencia combativa de nuestra nacionalidad. Las clases populares fueron depositarias de estas tradiciones vitales de la cultura nacional y sus defensores consecuentes”.

La propia Tesis y Resolución señala entre los avances de la Revolución en la cultura: La participación de las masas en la actividad cultural con la incorporación activa de trabajadores, campesinos y estudiantes, y muy especialmente de los niños y jóvenes; la revalorización de las obras más importantes del arte y la literatura nacionales y de la cultura universal; el estudio de las raíces culturales, el reconocimiento de sus valores, el desarrollo de éstos y la investigación del folclore.

En tanto, la fundación de organismos, instituciones y agrupaciones culturales; la organización del Sistema de Enseñanza del arte y la creación de escuelas formadoras de instructores, estructuran esa actividad cultural a la que le acompañan, la creación de una cinematografía nacional y extensión de los servicios cinematográficos a las zonas rurales y montañosas; un creciente movimiento editorial que da posibilidades al pueblo de conocer la variedad y riqueza de la cultura cubana y universal, y el incremento de bibliotecas, galerías y museos, así como el rescate de los medios de difusión masiva y su gradual transformación.

Lo más puro de la intelectualidad de la época, profesionales, universitarios, artistas y escritores cerraron filas junto a los campesinos, junto a los antiguos esclavos, junto a los artesanos y otros trabajadores de la ciudad… La llama patriótica alimenta y exalta la obra cultural y enciende las mayorías combatientes".

Para el modelo social cubano la cultura es una fuente insustituible de transmisión de valores éticos para acompañar el crecimiento humano. En la primera etapa el objetivo fue la democratización de la cultura, en la etapa actual  y ante el reto de la globalización el objetivo es lograr una cultura general integral, que implica la conformación de un espectador crítico, activo participante en los procesos de la vida cotidiana y por ello, un ser humano más pleno, integral, armónico, con un compromiso ético y solidario que sea capaz de promover una cultura de paz que se traduce en una coexistencia pacífica y proactiva.

En consecuencia la política cultural cubana define como sus prioridades esenciales, la promoción de una cultura general e integral; la defensa y desarrollo de la identidad nacional y la vocación universal y profundamente latinoamericana y caribeña de la cultura nacional; el fomento o estímulo a la creación artística y literaria; la conservación y difusión del patrimonio cultural; el respeto y apoyo al protagonismo y creatividad de las comunidades en la conducción de sus procesos culturales; el fortalecimiento del sistema institucional de la cultura; la aplicación de las nuevas tecnologías y soportes informáticos a los procesos culturales.

La consolidación de las bases económicas, tecnológicas, industriales, empresariales de la cultura; el perfeccionamiento de los procesos de formación y superación de los recursos humanos que están involucrados en los procesos culturales y la promoción de una mayor amplitud e influencia de la crítica especializada, también forman parte de la  instrumentación de estas políticas, sustentadas en programas de diverso alcance que articulan acciones emprendidas para ofrecer salidas concretas a estas prioridades que no sólo involucran a las instituciones culturales, sino que tienen un mayor alcance social.

Al decir del Líder de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en las palabras expresadas durante el II Encuentro con Directores de Cultura en Septiembre de 1999…"Por estos caminos avanza el quehacer cultural de un pueblo que aspira a dar su contribución en la búsqueda del rostro humano del desarrollo, porque tiene la seguridad de que en la cultura está el porvenir"

Compilado y escrito por Msc. Felipa Gálvez Henry.

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