La estructura comunicativa de la Cultura. 2ª parte

 

La revisión de las relaciones entre comunicación y cultura, y de sus conexiones con la vida social conducen a un serio análisis de las políticas tradicionalmente desarrolladas en ambos campos y al replanteo de nuevos campos de actuación.

 

Graziella Pogolotti, prestigiosa escritora y profesora universitaria en su Conferencia sobre Política y Cultura en Cuba, destaca que el vínculo entre cultura y política,  se ha abordado desde la perspectiva del llamado compromiso del intelectual, al margen de las circunstancias de una sociedad concreta, lo que ha llevado a una confrontación reduccionista entre buenos y malos, entre triunfadores y perdedores, todos, ocupados en su quehacer específico, evadiendo la búsqueda de la verdad; todo ello ha centrado el  debate en el ámbito de la creación, desconociendo el papel esencial del estado, de las instituciones y de los Medios de Comunicación en la construcción de los canales de difusión de los valores de la cultura.

 

La propia intelectual, con esa excepcional profundidad, aborda el contexto cultural cubano al inicio del Siglo XX, las contradicciones acumuladas en el devenir histórico social de la nación, colocando a la sociedad cubana en medio de los conflictos de la contemporaneidad más avanzada, por lo que se convierte en un imperativo la redefinición del vínculo entre cultura y política.

 

En la etapa neocolonial, después de la caída de Machado, se aceleró la crisis entre una sociedad en evolución y las estructuras establecidas. Algunos años después, bajo la presidencia de Carlos Prío Socarrás, Raúl Roa, diseñó un verdadero programa cultural coherente, en complicidad con Aureliano Sánchez Arango, ministro de Educación; para él cultura y política eran una sola cosa, inseparables en su sensibilidad de hombre y en su proyección como revolucionario consecuente.

 

Dos conceptos fundamentales articularon la ejecutoria de Roa: el fortalecimiento del diálogo entre tradición y modernidad con el rescate de textos significativos del Siglo XX, tales como las obras de Pablo de la Torriente Brau; y en lo referente a las artes plásticas, legitimó la vanguardia y la abrió a lecturas renovadoras que superaban el anquilosado debate con la academia; también definió pautas para el establecimiento de una auténtica política cultural.

 

Antes del triunfo revolucionario, los intelectuales se replanteaban el rescate de un proyecto nacional, lastrado por la intervención imperialista, sin embargo, los escasos proyectos estables y coherentes de difusión cultural fueron asumidos por instituciones no gubernamentales; Pro-Arte Musical, El Patronato de la Sinfónica, El Patronato del Teatro, el Lyceum y Lawn Tenis Club, original organización femenina, que consolidó un programa más integral con diferentes manifestaciones artísticas e instalaciones para propiciar un mayor acceso a la cultura.

 

 Al calor de las proyecciones del Partido Socialista Popular se concretan las acciones de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo; es en ese tiempo que se crea la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura por la voluntad aglutinadora de Fernando Ortiz; también la Emisora Radial 1010 y el Teatro Popular de Paco Alfonso, con representaciones en sindicatos y en espacios públicos, respondieron a esos intereses; por su parte la Cuba Sono-Films, se destacó en su intento heroico de sentar las bases de una cinematografía nacional.

 

El golpe de estado de Batista fracturó de manera violenta el proceso institucional al instaurar el Instituto Nacional de Cultura, con el propósito de legitimar la dictadura en el plano internacional y dar impresión de normalidad en el contexto nacional.

 

Al final de la etapa el PSP implementó en la práctica un conjunto de proyectos que habrían de desarrollarse plenamente después del triunfo de la Revolución cubana. Allí se congregó el núcleo fundador del Instituto Cubano de la Industria cinematográfica ICAIC; se plantearon los vínculos entre teatro y sociedad; en la música se incorporaron el experimentalismo de Juan Blanco y el entonces joven Leo Brouwer; una minúscula galería acogió lo más avanzado de las artes plásticas, se tendieron puentes entre vanguardia artística y vanguardia política.

 

A pesar de sus modestos recursos, la Bicentenaria Universidad de la Habana, como lo harían luego las de Oriente y Las Villas, adoptó el modelo extensionista latinoamericano; en tanto, las funciones de cine y de arte, se complementaron con cursos de apreciación cinematográfica, y la fragua del movimiento teatral cubano lo constituyó el Seminario de Artes Dramáticas.

 

En consecuencias con la anterior reseña, retomamos otro apunte indispensable de Graziella Pogolotti que traza pautas importantes: “La confección de una política cultural implica la formulación de una concepción del desarrollo mediante la construcción de puentes entre los creadores y sus destinatarios. Exige rescatar los valores patrimoniales, establecer las vías de irradiación del arte y la literatura con editoriales, galerías, museos, teatros, estructuras para la producción cinematográfica. Se inscribe en el cuerpo de la Nación mediante el nexo esencial entre Educación y Cultura”. Y agrega… “La dimensión cultural incluye y sobrepasa, la contribución imprescindible de las artes y las letras”...

 

Se reconoce en el entramado de las mentalidades, en el imaginario popular, en los valores implícitos, en las celebraciones, las costumbres, en todo aquello que la memoria borra y preserva, por tanto, las fuentes no pueden reducirse a los informes oficiales, pues están en la prensa, en la literatura, en el testimonio de los participantes. Indagar este universo, sutil, heterogéneo y contradictorio, propicia la inmersión en el insondable territorio del alma, fuerza motriz subyacente en la hazaña cotidiana del ser humano.

 

Es importante la proyección estratégica de la comunicación para la salvaguarda del patrimonio cultural a partir de una concepción adecuada de la Promoción Cultural a tenor del desarrollo de las nuevas tecnologías y la creatividad.

 

Toda comunicación posee información, pero no toda información posee un valor comunicativo, pues, para que haya comunicación, es necesario que exista un sistema compartido de símbolos referentes, entre las personas que intervienen en el proceso.

Los referentes, objetos nombrados por los símbolos, son las cosas, los acontecimientos, las personas o los sentimientos reales, formados por el objeto en sí (significante) y el significado o imagen mental (referente).

 

La Comunicación tiende a homologarse con la Promoción y lo que es peor, las dos con la Información; pero la Comunicación es más específica que la Información, porque se ocupa de los posibles patrones que puedan expresarse en símbolos, mientras que la información se dedica a reconocer patrones.

 

Promoción es divulgar, estimular hacia una acción determinada. La Promoción cultural se implementa a través de estrategias diseñadas con un carácter global que pretende transmitir e instrumentar acciones en los diversos niveles de decisión, para facilitar las estructuras y canales que garanticen la participación. Es un sistema de acciones dirigidas a establecer e impulsar la relación activa entre la población y la cultura.

 

La promoción se basa en la comunicación para que la programación diseñada se acepte y logre un nivel de impacto en la comunidad. Los modelos de promoción no son espontáneos, se diseñan según propósitos, partiendo de necesidades tanto de satisfacer expectativas como de crear gustos nuevos. No es anárquica, tiene que tener una intencionalidad.

 

Las acciones de investigación, creación, programación, extensión, comercialización, producción industrial de bienes culturales, conservación, rescate y revitalización de los valores culturales, enseñanzas y capacitación, signan  a la promoción, ajustada a las demandas y posibilidades de cada contexto. Una promoción eficaz debe tener en cuenta tres pilares fundamentales: La obra creada, los espacios y el público.

 

La Promoción Cultural es la manera de actuar sobre un conjunto, segmento, población, país, para hacerles consciente la apropiación de los saberes culturales, para llegar a satisfacer las necesidades espirituales de esos conjuntos humanos, mediante procesos transdisciplinarios que implican responder a: Quién soy, De dónde vengo, Hacia dónde voy. Es la mediación entre los hechos artísticos y los públicos; su propósito es que tanto el creador, la obra, la institución, la divulgación y el público se complementen entre sí. No es un problema de eventos, sino de cotidianidad.

 

La Promoción Artística es vital en la aplicación de la política cultural, unida al trabajo comunitario y el rescate, consolidación y desarrollo permanente de la identidad; para ello es importante trabajar en equipo y utilizar la experiencia práctica como mecanismo de formación. Entre la multiplicidad de eventos culturales de diferentes alcances y perfiles, así como opciones culturales de instituciones y territorios, es imprescindible tener en cuenta al público. Los públicos son muy heterogéneos y tienen sus especificidades, es decir sus mediaciones.

 

La formación de públicos no es un proceso espontáneo, hay que saber las características, los conocimientos, sus niveles de percepción, sus valoraciones y después precisar: Qué queremos decir, para quién y el objetivo, es decir, las transformaciones que queremos alcanzar y la evaluación de su impacto.

 

 La crisis de identidad de nuestros pueblos obliga a repensar y redefinir las relaciones entre política y cultura; también entre cultura y comunicación; lo que requiere asumir la heterogeneidad de la producción simbólica, responder a las nuevas demandas culturales, romper con una concepción instrumental de relaciones entre instituciones y empezar a mirarlas como espacios de constitución e interrelación de los sujetos sociales; superando al mismo tiempo, el didactismo, el folklorismo, el patrimonialismo y el eventismo.

 

 

Referencia bibliográfica:

 

*Pogolotti, Graziella; Política y Cultura en Cuba: revisar la historia. Revista Temas, 09-04-2010.

 

 Por: MSc. Felipa Gálvez Henry

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