Narrador - Actor

 

Desde mis inicios en la narración oral de cuentos he estado trabajando con la teoría que plantea que hay muchas diferencias entre el teatro y la narración oral, entre ellas la llamada “cuarta pared”, que divide la acción dramática que se desarrolla en la escena del público. Cosa que el teatro contemporáneo ya no utiliza muchas veces, ni el teatro callejero, ni otras formas experimentales de teatro.

 

Otro de los principios con que he trabajado es el que plantea que el narrador “no actúa”, es él mismo y reinventa su cuento y esto era como algo muy nuevo, un descubrimiento de la escena. Hoy, a veinte años de estar contando cuentos y experimentando en la escena, tengo muy pocas certezas de que todo este tan definido y mucho menos de que sea algo tan nuevo.

 

Hay teóricos que dicen que hablar es actuar, porque la palabra es acción, y ahí es donde creo que estamos los narradores, que no somos actores de teatro clásico, somos actores que hacemos una especialidad de las artes escénicas basada en la palabra, en las acciones verbales: la narración oral.

 

Lo primero que encontré con el tiempo es que la narración ha estado vinculada al teatro antes de constituirse en arte independiente, o sea, es un elemento artístico que ha tenido un ciclo de ida y vuelta en la escena. Según plantean algunos estudiosos de los primeros juglares que cantaban y contaban historias surgieron las primeras representaciones teatrales. También he escuchado a compañeros negar nuestra vinculación histórica con el juglar, en su afán de hacer del narrador oral algo tan único y especial que no se parezca a nada.

 

Después, el teatro evolucionó y fue tomando otras características, pero según Patrice Pavis, en su diccionario del Teatro, Dramaturgia, estética y semiología, el “Narrador” en principio fue excluido del teatro “dramático”, donde el dramaturgo jamás habla en nombre propio, pero “reaparece” en formas teatrales como el teatro épico, y teatro africano y oriental. Luego explica todas las formas en que puede aparecer el narrador: como destructor de la ilusión, en el teatro de Brecht, como doble del autor en el teatro no solo de Brecht sino también de Giraudoux, Wilder, L.J.Hernández y Goldenberg. Como director escénico, haciéndose cargo del espectáculo, como en el teatro de M. Frisch y como intermediario entre la fábula y el actor, como es el caso de las creaciones colectivas o grupos que trabajan a partir de la improvisación como El Teatro del Sol que se ha especializado en hacer toda la representación a partir de un relato.

 

También nos aclara Pavis que hay narrador en una obra cuando “...el discurso apela a la “representación mental del espectador” y no a la representación escénica real del acontecimiento.

 

Véase que en todos los casos hay representación, lo que cambia es su forma. Plantea además que la frontera entre relato y acción dramática es difícil de trazar, ya que la enunciación del narrador está vinculada a la escena, de modo que lo que se relata siempre está más o menos “dramatizado”. Lo cual quiere decir actuado. Tomando en cuenta lo planteado por Pavis, que es uno de los estudiosos más importantes contemporáneos y lo personalmente experimentado puedo decir que la narración, como elemento de las artes escénicas ha estado históricamente vinculada al teatro y utilizando recursos propios y otros prestados de esta manifestación a la que pertenece.

 

Cuando miramos a un narrador que nos agrada o no, valoramos su dicción, su presencia escénica, su proyección, su gestualidad, su manejo del espacio, el trabajo realizado en torno al texto, entre muchos otros pero algo que diferencia notablemente a uno de otro es la interpretación del texto. En ello van los resortes emocionales de cada uno puestos en función de la historia que se cuenta y eso hace una gran diferencia. Hay cuentos muy bien dichos que no emocionan, ante los cuales uno no siente nada. Otros en cambio conmueven, hacen pensar, reír, molestan, etc.

 

¿Qué hace falta para lograr todo esto a través de la interpretación de un texto? Los conocimientos de actuación de los que carecemos casi todos los narradores orales surgidos de los talleres, necesarios aficionados y artículos de excepcionalidad para pasar al movimiento profesional. Es esto una característica o una deficiencia en nuestra formación? Debemos establecer como regla que todos los que surjan vengan con ellas por el solo hecho de no aceptar que somos actores que no hacemos teatro sino una especialidad de las artes escénicas llamada narración oral? Por qué el temor a ser actores? Quien dice que porque somos actores especializados en contar cuentos deberemos algún día interpretar un personaje? Se le exige eso a los titiriteros que son considerados actores? Se le exige a los zanqueros, o a los que hacen pantomima? Todos son actores y cada uno realiza la especialidad para la que está capacitado y no otra. Solo casos excepcionales por su formación y talento transitan de una especialidad a otra.

 

Entre los narradores hay diferentes formas de acercarse a los textos, están lo que fijan la cadena de sucesos y luego reinventan el cuento, pero desde una versión llamada “ideal”, porque va quedando como un texto casi fijo que ya tiene aprendido el narrador y que puede sufrir pequeñas transformaciones al decirlo. La otra manera es la de los narradores que necesitan fijar el texto en la memoria y lo dicen tal cual, en algunos casos logrando la necesaria organicidad para que no quede encartonado o falso, cosas que otros con este sistema no logran al no tener los recursos expresivos de un actor y entonces se nota que está recitando un texto.

 

El defecto no es del método, el defecto esta en las potencialidades y cualidades del narrador. Si hay uno capaz de aprender el texto de memoria y lograr interpretarlo con veracidad y su resultado es bueno, no hay que vetar el camino, sino evaluar el resultado. Por otra parte coincide la aparición en escena de los unipersonales de actores por los años setenta con la reaparición en escena del narrador, pero ahora no dentro de una obra de teatro, sino con un unipersonal de cuentos.

 

Remitiéndonos a la definición de unipersonal que nos aporta el dramaturgo Vigil-Escalera vemos que en esta forma o género teatral el actor narra, canta y dice poemas. Esto lo puede hacer a través de uno o varios personajes y puede haber acción dramática o no. Esto es lo que hace un narrador oral, solo que no utiliza un personaje, sino es él mismo contando las historias. Claro que todos no pueden cantar ni decir poemas, tampoco todos los actores pueden, al menos hacerlo bien.

 

El unipersonal tiene y tendrá diversas maneras de hacerse al igual que el monólogo. Hasta ahora yo veo las siguientes: El unipersonal donde los actores interpretan personajes diversos además de utilizar a voluntad textos poéticos o música. El unipersonal del narrador-actor donde no hay personaje sino un recital de cuentos, poemas o canciones sin conexión necesaria entre ellos. Son cosas que el narrador va diciendo a voluntad porque le agradan pero que no constituyen entre si una unidad.

 

El unipersonal del narrador-actor donde todas las historias, la música y los textos poéticos constituyen una sola historia o una unidad temática que presenta un hilo conductor de principio a fin ya sea a través de contar lo que le sucede a un personaje, o lo que ocurre en un pueblo o lugar, lo que está vinculado a un sentimiento o recuerdo, un país, etc. Claro que todo esto se está rehaciendo constantemente, hay mucho que estudiar y observar todavía para llegar a conclusiones, pero lo cierto es que la narración no está tan alejada del teatro ni de sus maneras contemporáneas de manifestarse y mas allá de lo que deseamos o no lo que realmente somos es actores que hacen una especialidad de las artes escénicas llamada narración oral.

 

 

Por: Elvia Pérez Nápoles

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