Compartiendo Saberes y Realidades

 

Vivir la experiencia o experimentar lo vivido, eh ahí la cuestión…sin dudas, ser colaboradora de la Misión Cultura en la República Bolivariana de Venezuela brinda la posibilidad de compartir saberes y en el proceso, reformular conceptos, desmontar métodos y sistemas de apropiación del conocimiento, muy marcados por el positivismo y viejas prácticas que todavía caracterizan nuestros procesos educativos.

 

Descubrir la realidad del hombre suramericano de estos tiempos, abordados teóricamente desde la andragogía y la educación popular, pero asumidos conscientemente a partir de los escenarios en que desempeñamos nuestra labor, integrando un equipo de formación, fue una oportunidad edificante, enriquecida por un contexto que exigió creatividad e iniciativas para ajustar nuestra propuesta a las verdaderas necesidades.

 

Desde la cultura, lograr la participación, integración y articulación de los sujetos e instituciones en los procesos de transformación revolucionaria, fue el verdadero reto, y solo se logra validando en la práctica la integralidad de los conocimientos  adquiridos y las herramientas que poseemos en conjunto los colaboradores cubanos.

También lo es, sortear las dificultades generadas por incomprensiones, subvaloraciones de nuestro propósito, por funcionarios y dirigentes de instituciones, así como las barreras impuestas por los diferentes niveles de preparación de los animadores culturales y voceros de diferentes instituciones comunitarias y gubernamentales.

 

Otro elemento valorado a profundidad, es el desenfado de nuestros pueblos emergentes que viven sin apuros, ni exactitudes, sino en sintonía con la naturaleza, por eso sus vidas están acorde a sus ciclos, que marcan el modo en que se  desconstruyen viejas prácticas de subsistencia, mientras construyen su nueva realidad con el reconocimiento de sí mismos en  los otros. Quiere decir esto que el proceso de resignificación en la construcción de nuevos sentidos de ser, saber y formar parte de ese entretejido social que hace emerger la nueva sociedad, necesita poner al hombre en el centro de su cosmogonía.

En nuestra experiencia más cercana dentro del trabajo sociocultural en Venezuela, constamos la resistencia de hombres y mujeres a asumir el necesario protagonismo o mejor dicho, poner en primer plano toda la voluntad y poder que le asiste para liderar

los procesos de transformación y desarrollo de las comunidades, teniendo como soporte las ricas historias de lucha y de defensa de sus tradiciones.

 

Lo banal, lo comercial, los viejos prejuicios para con la mujer y los ancianos, las discapacidades y una dependencia a partir de justificar la pobreza y otras limitaciones subjetivas, acompañada de la falta de cultura productiva, atentan contra el avance de ese pueblo hacia una cultura de paz, que solo se adquiere cuando se logra la conciencia del papel que tiene cada sujeto dentro de la sociedad.  

  

Esa cultura de paz, nos está dado por ser cubana, patriota y formar parte de una sociedad que comparte cada acción dirigida al desarrollo económico, social y cultural; de ese modo podemos como  bohemios vestidos de colaboradores, compartir los esfuerzos por lograr un verdadero estado de paz en la Patria que lego el eterno  Comandante Hugo Chávez.

 

 

Aprender a desaprender, a vivir como nos corresponde,  con la frugalidad de quien sabe que no hacen falta tantos objetos, pues la vida ya la tenemos y no  disfrutamos a plenitud de lo humano, que es la riqueza mayor, expresada en esa solidaridad inquebrantable, en la alegría de vivir y ofrecer

Nos cabe la satisfacción de haber formado parte activa en el proceso de concientización del pensamiento nuevo en las mujeres y hombres de un pueblo, dadas las emergencias de una identidad irreverente, hacia patrones inventados y verdades canonizadas por el viejo mundo; porque sustentamos que,… “lo nuevo siempre viene del sur, y no por ser más joven, sino por haber estado invisibilizado”.

                                                                                                             

Por: Felipa Gálvez Henry

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