Pintura Mural

 

La Pintura Mural, deberá mantenerse en el presente y aún por muchos años más, como reflejo de nuestros problemas sociales en este mundo globalizado, donde cada día y en este cada nuevo tema, gana en importancia, toda vez que el arte es un catalizador de la sociedad y como tal debe expresar una posición ante nuestras realidades, contribuyendo de esta forma a que la sociedad toda o una buena parte de ella, alcance a comprender aquello que la representación plástica nos propone según las diferentes funciones del arte.

 

Es indudable la influencia que tuvo para muchos artistas plásticos la pintura mexicana y resultó tremendamente revelador la importancia y la influencia de los grandes maestros del muralismo en ese hermano país, sus principales protagonistas fueron Diego Rivera, David Siqueiros y José Clemente Orozco, cuyas obras monumentales y de extraordinarios aportes formales y conceptuales aún tienen reconocimiento, enseñanzas y constituyen paradigmas para muchos artistas tanto en México como en el continente latinoamericano y en el Caribe.

 

Introducción.

En el pasado más remoto el hombre siempre tuvo la intención de reflejar su medio, a veces con carácter de perpetuidad, otras con fines mágico-religiosos, desde la pintura en las cavernas, las obras que decoraban los templos Egipcios, los griegos, incluso hasta los templos Mayas, pasando por la pintura religiosa en las catacumbas.

 

Posteriormente estas representaciones alcanzan un carácter más técnico y cognitivo con el Renacimiento, siendo la pintura al fresco la técnica por excelencia, de estas se resalta la bellísima Capilla Sixtina, obra de Miguel Ángel Buonarrotti, que con sus dimensiones, composición y lectura aplastante resulta impresionante para los sentidos; siendo en este período cuando se perfecciona la técnica al fresco, y se aprecian aportes técnicos, compositivos, estructurales que en todos los aspectos, van a influir en períodos y realizaciones posteriores.

 

La Pintura Mural de los años 1920 del pasado siglo, que retoma de los antecedentes de siglos pasados y hace aportes que se basan fundamentalmente en la perspectiva, y de esta derivan a la aportación de la perspectiva poli angular de los artistas mexicanos Diego Rivera, Orozco y Sequeiros, formadores de una tradición y una escuela: La Pintura Mural Mexicana.

 

La pintura mural es la forma más antigua de la pintura; las paredes de las cuevas han sido los primeros soportes de la pintura, antecedentes significativos son: Lascoux en Francia y Altamira en España, ambos exponentes nos revelan como veían el medio en el cual se desarrollaron estas comunidades, cada uno con sus diferentes formas particularidades de representación, constituyendo a nuestro juicio el primer testimonio gráfico de la historia del hombre, siendo así el primer libro del hombre.

 

Las escenas de cacería que representan y en ella, la forma en que se interpretaron a los animales (bisontes, ciervos, etc., y el propio hombre en acciones de cacería), constituyen en sí mismos como imágenes, el sostén de algo que se quiere transmitir, mostrar o enseñar a los demás, en interés de ser aprehendido, amén del carácter mágico religioso que se le atribuyen.

 

La pintura mural no es más quecontar una historia. Podemos ver murales en el antiguo Egipto, en Grecia y Roma antiguas, en las construcciones precolombinas de Centro y Sudamérica, en pirámides y grandes templos de la antigüedad. Durante la Edad Media se generalizó la pintura mural en los templos y mansiones, y durante el Renacimiento en grandes cúpulas de iglesias y escalinatas, paredes de los palacios y salones. Momento culmine y de desplazamiento por la pintura de caballete.

 

Las pictografías, del latín pictum: relativo a pintar, y del griego grapho: trazar, son grafismos realizados sobre las rocas mediante la aplicación de pigmentos, conocido como petroglifo, del griego petros: piedra y griphein: grabar.

 

Diversas mezclas se utilizaron para obtener pigmentos que van desde el negro hasta el blanco, pasando por una amplia gama de rojos ocre, naranjas y amarillos; entre ellas, sustancias minerales (óxidos de hierro, manganeso, cinabrio, mercurio, bermellón, carbón, arcillas), animales (sangre, huevos, grasas) o vegetales (grasas, colorantes).

 

La pintura mural suele tener un carácter decorativo de la arquitectura, aunque también cumplió y cumple finalidades didácticas. A diferencia de la gigantografía, el mural debe contener un relato; por ello, se dice que es como una película quieta, que en el mismo se expresa la tendencia conceptual de que la pintura mural debe facilitar una lectura clara a través de la secuencia e interrelación de las formas representadas; su mensaje debe tener una connotación ideológica, una enseñanza, además tener en cuenta un mensaje claro, donde la figuración de cada artista varia.

 

El concepto de diseño para la pintura mural debe prevalecer, en armonía con las obras arquitectónicas o los conjuntos urbanos, teniendo en cuenta la funcionalidad de la construcción arquitectónica o los espacios urbanos, por tal razón debe existir una estrecha relación de trabajo entre artista-arquitecto y urbanista según el caso.

 

Antes de comenzar a contar sobre la historia del muralismo es necesario establecer un criterio acerca del significado de la palabra mural.

 

El término mural significa en realidad, lo referido al muro y a su tratamiento; el muro, por su parte, tiene en la arquitectura función de cerramiento, de limitación del espacio, de plano que intercepta la visual, para omitir su carácter estructural, que en este caso no nos incumbe.

 

Por estar estrechamente ligado a la arquitectura, es ideal la cercana colaboración de arquitecto y muralista, quienes deberán coincidir sobre la idea rectora para llegar a un resultado armónico: el primero comprende el edificio que ha proyectado, pero debe tener en cuenta que el segundo debe compenetrarse bien hondo con él si se desea que la obra sea coherente.

 

La elección de los materiales, la composición, el emplazamiento, la iluminación, podrá adecuarse mejor al todo e incluso, se descubrirán posibilidades a tratar con criterio muralista, aquellos elementos constructivos que no fueron pensados para tales. También ha de pensarse que el mural debe acompañar al edificio durante toda su vida y que si se destruye por la deficiencia de su factura desvirtúa la calidad.

 

Hay además otras características propias del mural; la más importante es que ocupa grandes superficies y que necesita trazos seguros porque muchas veces debe ser abarcado de un solo golpe de vista en el cual se pierden los detalles. Posee la particular condición de estar dirigido a un sector muy amplio del público y a diferencia de otros, goza de un privilegio sobre el que aun hay mucho por meditar.

 

Hoy no solo se pintan las superficies, sino también se estructuran las superficies con otros recursos técnicos y materiales, que se pueden combinar o prevalecer alguno de ellos, como se ha explicado anteriormente. Aunque no siempre se pinta directamente sobre la pared, hoy es más usual el soporte en lienzos enmarcados de grandes dimensiones, que en ocasiones se hace para determinados espacios públicos, que pueden ser salones o estancias oficiales.

 

Los temas pueden ser variados en cuanto a sus temáticas y poéticas de los diverso artistas que son: sociales e históricas por lo general. Ejemplos: Mural del artista Orlando Suárez en la Terminal de Ómnibus Nacionales de Ciudad de la Habana. Otro ejemplo sobre la superficie preparada y sobre soportes diversos es La capilla del Hombre del pintor Oswaldo Wayasamin, en el Ecuador. O las obras de los muralistas mexicanos en diferentes espacios públicos, en exteriores o en el interior de instituciones oficiales. De manera que la forma de concebir en lo formal y en lo conceptual una obra Mural tiene sus particularidades, bien se concibe como apoyo o complemento de la decoración de las edificaciones que tienen una función pública en ocasiones oficial.

 

En todos los casos en que se vaya a realizar se necesita de una dirección centralizada por el padre de la obra, el autor, que es quien distribuye las tareas al equipo según observe o conozca las habilidades de cada creador convidado a colaborar, y se le asigna a este la tarea donde resulta más hábil en su desempeño, necesita del trabajo de albañiles, se necesita del trabajo de operarios diversos, de un taller con determinados recursos técnicos, el artista debe tener en cuenta una serie de recursos y conocimientos de la perspectiva, la composición, de los diferentes puntos de vista, de la orientación de la observación del espectador.

 

Del interés en cuanto a la lectura y secuencia de las formas representadas. Tener en cuenta que un mural debe tener un carácter didáctico según la temática que represente: social, histórica, religiosa, etc. De acuerdo al objetivo previsto para el caso, según las concepciones expresadas anteriormente de algunos creadores.

 

En la modernidad la Pintura Mural tiene otras connotaciones, y que por lo general va a formar parte de la “decoración, ambientación” y como complemento del diseño de una obra arquitectónica, en ocasiones para decorar salones, estancias diversas, lobby, espacios públicos todos en interiores o exteriores, donde no solo hoy se utilizan los diversos pigmentos de colores, la combinación de diversas técnicas y materiales son disímiles tales como: pinturas acrílicas, pinturas de aceite, plásticos, maderas, vidrios, metales, cerámicos, etc.

 

Se puede trabajar sobre la superficie pulida, tratada y limpia, en las técnicas: del óleo, pinturas de aceite, tempera, encáustica, realizando otra preparación a la pared que conlleva la intervención junto con el artista de albañiles experimentados, la técnica del esgrafiado, que consiste en hacer varias capas de revoque con pigmentos colorantes, siendo la primera capa que se superpone a la pared a partir de una malla metálica, de color negro, después otra de azul, otra de rojo y otra de amarillo, los colores y capas es a elección del creador, posteriormente sin fragura aún, de forma rápida y precisa se marca el dibujo en a superficie y se va desbastando por capas, quedando desde la última que es negra hasta la más próxima al espectador, logrando de esta forma relieves coloreados, y apariencia de volúmenes.

 

También sobre paneles diversos según los materiales y técnicas a utilizar y después fijar a la pared con fuertes pernos, por ejemplo, algunos murales cerámicos, que se realizan por partes o paneles y después son enmarcados en la pared. Algunas combinaciones de estructuras metálicas, combinaciones den madera, acrílicos, plásticos, vidrios, etc.

 

Mural Minoica.

La civilización Minoica de la edad de bronce (3000-1100 a. C.), denominada así por el mítico rey Minos, fue la primera en desarrollarse en Europa. Se hallaba establecida en la pequeña isla de Creta, situada en el Mar Egeo entre Grecia y Turquía, y su sociedad se desarrolló más o menos paralelamente a Egipto. A pesar de su proximidad y de ciertas influencias compartidas, las culturas Egipcia y Minoica se desarrollaron muy separadas, aunque la segunda tuvo una enorme influencia en el arte de la antigua Grecia.

 

Mural Etrusco.

Las pinturas murales de las tumbas etruscas son de una técnica rudimentaria, pero destacan por su colorido y por la sensación de movimiento y vida que se desprende de ellas. En tumbas halladas en Tarquimia, Chiusi u Orvieto, se han descubierto frescos muy bien conservados de los siglos VI y V a.e.c..

 

Las temáticas más frecuentes son los de danza, los banquetes, los ejercicios ecuestres y los deportes. Posteriormente las pinturas retratadas fueron temas relacionados con el más allá; en ellas aparecen demonios que remiten a juegos fúnebres y ritos mortuorios; se representaban escenas que nada tenían que ver con la tristeza de la ausencia del ser querido, sino que presentan aspectos de lo que fue la vida del difunto, alegría y fiestas junto a su familia, juegos, cacerías, etc. Los etruscos copiaron profusamente el paisaje que tenían a su alrededor, tanto natural como social. Retrataban escenas mitológicas y funerarias.

 

Todo se dispone armoniosamente en una decoración geométrica dividida en bandas, techos, frisos, y toda la estancia. Las figuras están marcadas por fuertes trazos, lo que nos habla de un importante dominio del dibujo. La composición de estos frescos presenta mucho movimiento, con una armonía cabal y estilizada, con formas simples. El estilo era marcadamente bidimensional, estilizado (formas delineadas en negro), mas de colores vivos y atmósfera jovial.

 

El color tiene un simbolismo: los hombres aparecen en tonos oscuros y rojizos y las mujeres en tonos claros, indicios de la masculinidad y feminidad. En general los valores de las tintas son muy armoniosos y sin estridencias. Los pinceles se hacían con pelo de animal y eran extremadamente precisos (incluso en la actualidad, los mejores pinceles se hacen con pelo de buey).

 

Mural Bizantino.

Consistía en la composición de grandes escenas, generalmente religiosas, pero no pintada sino hecha con pequeñas piezas de cerámica o de mármol de colores (llamadas teselas), que se iban pegando a una base debidamente preparada, sobre la que se había hecho el dibujo previo de las figuras que se querían representar.

 

La gran diversidad de colores y matices de estas teselas permitía dar a las figuras todos los efectos de la pintura, en lo que se refiere a tonalidades, sombras, formas, etc. Es importante destacar en este período donde aparecen los mosaicos reconocidos por ser el estilo Bizantino por excelencia. Es Ejemplo de esto la obra "Justiniano y sus ayudantes" del gran ciclo de mosaicos de la iglesia de San Vital, Ravena, año 526-547.Téngase en cuenta la siguiente característica de este período.

 

Los íconos, de gran tradición dentro de la vida de la Iglesia Oriental, eran imágenes religiosas, generalmente de Cristo, de la virgen o de los Santos. Estaban pintados sobre pequeñas tablas que se confeccionaban así porque eran fáciles de llevar para poder utilizarlas como instrumentos de devoción. En la utilidad del icono no era necesario que las figuras estuviesen representadas de cuerpo entero. Es así que podemos ver imágenes de la virgen y el niño de la cintura para arriba o del rostro de Cristo.


El mensaje era lo importante y lo mismo resultaba una manera que otra. También la imagen era simplificada.En muchos murales de iglesias vemos que los artistas de la época, a partir de esta costumbre de representar parte de de la figura, hicieron lo mismo en murales. Apareciendo muchos ejemplos de gigantografías murales.

 

Mosaico Bizantino.

No es posible hablar del arte mural bizantino sin referirnos a una de sus más hermosas creaciones: el mosaico. Consistía en las composiciones de grandes escenas, generalmente religiosas, pero no pintadas sino hechas con pequeñas piezas de cerámica o de mármol de colores (llamadas teselas), que se iban pegando a una base debidamente preparada, sobre la que se había hecho el dibujo previo de las figuras que se querían representar. La gran diversidad de colores y matices de estas teselas permitía dar a las figuras todos los efectos de la pintura, en lo que se refiere a tonalidades, sombras, formas, etc.

 

Mural Romántico.

La llamada pintura mural, es decir la que cubría los muros de los templos, se basaba en la preparación de la pintura a base de pigmentos coloreados diluidos en agua de cal. Este tipo de pintura se aplicaba sobre la superficie mural a la que previamente se había añadido una capa de enlucido para alisarla (yeso, estuco). La aplicación se hacía cuando el enlucido estaba aún húmedo. Al secarse, el conjunto adquiría gran dureza y resistencia

 

Muralismo Renacentista.

La técnica más utilizada para la pintura mural, será el fresco, cultivada por todos los grandes maestros. Esta técnica alcanza un carácter más técnico y cognitivo en el renacimiento, representadas en la bellísima Capilla Sixtina del Vaticano, en Roma obra de Miguel Ángel Buonarrotti, “El juicio universal,” que tiene unas dimensiones, composición y una lectura aplastante e impresionante para los sentidos. En este período se perfecciona la técnica al fresco, y se aprecian aportes técnicos, compositivos, estructurales en todos los aspectos.

 

La “Escuela de Atenas” otro fresco bellísimo de Raffaello en la sala dedicada a su obra en el Vaticano, Roma. Recordar por su importancia Leonardo Da Vinci con “La última cena” de 460x880 metros, en las técnicas combinadas de temple y óleo sobre yeso, en el cenáculo en la iglesia Santa María de la Grazie, en Milano. Muchas son las iglesias y domos, decoradas por grandes maestros del renacimiento, pero sirvan estos grandes maestros como ejemplos supremos del arte renacentista, para resaltar la técnica de la pintura al fresco, como técnica de la pintura mural.

 

 

Muralismo Barroco.

Barroco, originalmente una palabra portuguesa que significaba "de forma irregular e inexacta", se utilizó como término artístico. Este suponía una nueva dirección en el mundo del arte que surgió en Roma a principios del siglo XVII, en parte como reacción a la artificialidad del estilo manierista del siglo XVI. El estilo estaba enfocado tanto a la emoción genuina como a lo imaginativamente ornamental. El drama humano se convirtió en un elemento vital en la pintura barroca, representado con gestos teatrales y muy expresivos, iluminados con impresionantes claroscuros y con una rica combinación de colores.

 

Muralismo Mexicano.

Los pintores mayas trazaban primero el dibujo en rojo diluido sobre una capa de estuco, después se pintaba el fondo quedando las figuras en blanco y posteriormente se iban rellenando los diferentes espacios con sus respectivos colores. Para sugerir la perspectiva y el volumen recurrían al fileteado de las figuras y la distribución de los motivos en diversos registros de bandas horizontales.

 

Se ha comprobado que los murales se pintaban cuando la preparación del aplanado había fraguado. A esta técnica se le denomina "fresco seco", pues, a diferencia del verdadero "fresco", la preparación no absorbía el color y al secar no quedaba impregnado, manteniéndose sobre la superficie.

 

A partir de un método artificial obtenían pigmentos para utilizarlos en combinación con minerales (azurita, malaquita), que importaban a través de amplia red comercial. Algunos colores se obtenían con facilidad. El blanco de cal se lograba quemando ese material, pero la obtención de otros colores era más costosa. El más difícil de conseguir era el azul maya (turquesa), que se producía con una mezcla de arcillas (montmorilonita o atapulguita) y material vegetal (índigo), cuyo uso se relacionaba con temas religiosos.

 

El muralismo es un movimiento artístico que tiene su origen en México, después de la revolución mexicana de 1910. José Vasconcelos, filósofo y primer secretario de Educación Pública de México, durante el gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924), fue quien después de la revolución, pidió a un grupo de artistas jóvenes que pintaran en los muros de la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México la imagen de la voluntad nacional.

 

Sus principales protagonistas fueron Diego Rivera, David Siqueiros y José Clemente Orozco.Estos muralistas, influidos por su rico pasado precolombino, desarrollaron un arte popular- tradicional y pintaron fundamentalmente en los edificios públicos y en la arquitectura virreinal.

 

A través de la pintura se transformaron en cronistas de la historia mexicana. Vasconcelos patrocinó viajes de Diego Rivera a Yucatán y a Tehuantepec, con el fin de que éste se empapara con los emplazamientos anteriores a la Conquista.

 

En el mundo había decaído la pintura mural, ya que los artistas se volcaron a concebir sus obras sobre lienzo. El nacimiento de las vanguardias acaparaba la atención de los allegados al arte y a las galerías, mientras que las mayorías, carentes de educación, ayudados por artistas más inclinados a poner su genialidad al servicio de sí mismos que a socializar sus saberes, encontraban una barrera en que las formas y los símbolos se confundían y se volvían difíciles de decodificar para estos.

 

No fue coincidencia que fuera México y sus artistas quienes encendieran nuevamente la llama de la pintura mural y que concibieran un verdadero "muralismo", no como mero compendio de manifestaciones artísticas sobre un muro, sino como " un pensamiento" en la manera de realizar un mural.

 

 

En el Palacio Nacional de la Ciudad de México, Rivera diseñó en la escalera principal la Epopeya del pueblo mexicano, un conjunto de tres frescos que representan episodios alegóricos de la historia del país: es decir el México prehispánico-El antiguo mundo indígena, como una época paradisíaca; Historia de México: de la conquista a 1930, en el que se representa la cruel conquista de los españoles, la dictadura y la Revolución, y el México de hoy y mañana muestra un futuro basado en el ideal marxista.

 

“Todo lo que se haga de muralismo en cualquier parte del planeta tendrá influencia del movimiento mexicano”, consideró el pintor Ariosto Otero.

 

Muralismo Argentino.

En la historia de la plástica Argentina, la pintura mural no ocupa un lugar comparable al de la pintura de caballete. Pero las obras que se han realizado poseen una calidad muy apreciable. El mural más antiguo que se conoce en Buenos Aires, está en la iglesia del Pilar ocupando la pared trasera del altar de La Dolorosa. Fue ejecutado al fresco y está fechado en 1735; posee un relativo mérito artístico pero se halla en bastante malas condiciones, especialmente en su parte superior.


A la sencilla vida de Buenos Aires correspondía su sencilla arquitectura de casas modestas e iglesias blancas donde el único toque de color era el oro de los altares y santos representados. Semejante era la situación durante la mitad del siglo XIX, cuando las luchas de la independencia, la anarquía y la dictadura excluyeron la aparición de las manifestaciones artísticas.


Así el primer mural de real importancia es el del antiguo Teatro Colón (1857), obra de envergadura para su momento, que tuvo pinturas en el techo de la sala y en la boca de la escena. (Realizadas por dos italianos: Cheronetti y Verazzi). Más importantes son las que realizó Juan León Palliere (1823-1887) en el teatro Coliseum, ubicado en Reconquista y Cangallo (mas tarde llamado Teatro Argentino; demolido en 1873), la temática de las obras era “Niños músicos”.

 

En 1860 durante la presidencia de Mitre, fue ejecutada la obra del Tímpano de la Catedral de Buenos Aires, la cual se trataba de un friso escultórico, perteneciente al artista francés José Duburdieu. Con la visita de David Alfaro Siqueiros en 1933, se sientan las bases para un fuerte movimiento muralista, siguiendo el camino trazado por las grandes composiciones Mexicanas de temática social.

 

Hasta ese tiempo los murales realizados en Argentina eran de temas alegóricos o folclóricos decorativos sin mayor compromiso que lo meramente estético. En el Teatro San Martín encontramos las obras de Juan Batle Planas, Luis Seoane, Juan Ballester Peña, Carlos de La Cárcova y José Fioravanti.

 

Muralismo Chileno.

En Chile, el muralismo se inicia con las brigadas que se organizaron en los años setenta, con fines propagandísticos, las cuales, tras el triunfo de Allende, funcionaron como mensajes concientizadores sobre las responsabilidades del Estado y la sociedad.

 

Entre las brigadas más conocidas están Ramona Parra, Inti Peredo y Elmo Catalán, las que instauraron un lenguaje particular y con funciones determinadas: rellenos y fondos en colores puros que vibran al interior de gruesas líneas negras del brochazo delineador, la instauración de símbolos (palomas, puños, rostros, estrellas) para formar imágenes fuertes e impactantes que transformaron el paisaje urbano. Con el Golpe de Estado, el movimiento se interrumpió, subsistiendo apenas como resistencia política; al regreso de la democracia, los artistas han realizado murales en universidades, edificios del centro de la capital, en Valparaíso (donde hay un recorrido especial) e incluso en el Metro.

 

La paloma, la mano, la espiga, la estrella, son como el lenguaje de una nueva fe que por mucho tiempo se divulgó en la clandestinidad de la noche. Y tal como estos artistas primitivos, los integrantes de las brigadas muralistas no sabían que estaban gestando una nueva forma de expresión y la posibilidad de un auténtico arte popular.

 

La pintura mural en Cuba.

En la etapa colonial las grandes mansiones de la burguesía, tanto en la Ciudad de San Cristóbal de La Habana así como en las restantes Villas; es decir Baracoa, Trinidad, Sancti Spíritus, por ejemplo, se acostumbraba a decorar con diferentes motivos ornamentales, realizando cenefas alrededor de las paredes con motivos florales fundamentalmente, y en otras estancias con algunos decoraciones geométricas, según el caso y los gustos de sus moradores, pero esto a nuestro juicio no representa la grandilocuencia ni los soportes ideo-estéticos que a través de la historia del arte han sustentado lo que llamamos antecedentes de la pintura mural.

 

Las decoraciones de nuestras mansiones o residencias civiles u oficiales de la etapa colonial en Cuba, por lo general eran realizadas por mano de obra que no constituían ser artistas, sino artesanos, recordar que en esta etapa la pintura era considerada un oficio entre otros, a no ser lo relativo de estas con aquellas que son pintadas sobre una superficie (pared), que se preparaba con anterioridad y se le aplicaban diferentes pigmentos colorantes, diluidos en agua. De igual forma algunos artesanos pintores realizaban por encargo algunas representaciones en las paredes exteriores de algunos establecimientos comerciales, cuyos elementos debían ser alegóricos a la función o el servicio que en los mismos se dispensaba.

 

Otra cosa resultan los grandes lienzos de Juan Bautista Vermay que reflejan la Primera Misa y el Primer Cabildo, que se encuentran en el Templete, estas constituyen obras pictóricas de grandes dimensiones, (óleo sobre lienzo), cuya temática, composición y formato, sí nos apuntan y conducen a una lectura y a una observación que nos resalta la magnitud e importancia de los temas representados, el tamaño o dimensiones en este caso refuerzan la importancia y el carácter ideo-estético del hecho histórico.

 

Posteriormente en 1930, Domingo Ramos pinta y decora diferentes estancias y salones del Capitolio Nacional y posteriormente del Palacio Presidencial, su obra aún puede ser admirada.

 

Murales al óleo pueden verse en el actual Tecnológico Hermanos Gómez, de Amelia Peláez; en la Facultad de Economía de la Universidad de la Habana, aparece el mural de Mariano Rodríguez. Y en la Universidad de la Habana, el mural de Domingo Rabenet.

 

Más adelante, alrededor de los años 50 -60, aparecen obras de Amelia Peláez, en la fachada del Hotel Habana Libre; en el propio hotel esta el Mural “El Carro de la Revolución,” pintado por Sosa Bravo, y una obra de René Portocarrero se conserva en el Palacio de la Revolución. Otros Murales colectivos en el que se utilizan diferentes tipos de estructuras metálicas, se exhiben en el lobby del Hospital Hermanos Ameijeira. Posterior a estos años se destacan los Murales Cerámicos de Fuster, en Jaimanita y en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

 

En la década de los 70 surgieron improntas de pintura mural en varias ciudades del país; por ejemplo en las Tunas un grupo no muy numeroso de artistas profesionales, profesores y estudiantes de la entonces Escuela Elemental de Artes Plásticas se unieron y salieron con un propósito nuevo para esa ciudad, suceso novedoso que se enmarcó en un hecho cultural que ya trasciende a nuestros días, en la Jornada Cucalambeana. Este estilo tunero consistía en vestir los muros escogidos con colores, formas y como referencia inspiradora, la décima.

 

Cercano a la década del 80, y a partir de la creación de las Escuelas en el campo, muchos artistas llevaron a estos planteles sus obras. Es bueno reconocer que por estos años muchos artistas dejaron su impronta en escuelas, centros de trabajo, en los barrios, en actos patrióticos, y otros, lo cual amerita un estudio, recopilación de las memorias gráficas, testimoniales, de manera que se puedan estudiar los mejores exponentes, como reflejo y patrimonio de una época y una etapa histórica.

 

En los años 1980, una generación de jóvenes estudiantes de la entonces Escuela Vocacional de Arte y algunos jóvenes graduados de la Academia San Alejandro, irrumpen con deseos de expresión en diferentes espacios de la ciudad, toman avenidas, calles, y muros visibles, deseosos de hacerse sentir más que ver, en fin, mostrar sus presupuestos estéticos, sus inquietudes artísticas, sus formas de analizar e interpretar la realidad socio-económica y política. Sus lenguajes comienzan a trascender las formas tradicionales de representación formal en cuanto a los temas, aquellos se habían estancado en el tiempo en algunos creadores, que continuaban constituyendo la “oficialidad en los pocos salones de arte y en los pocos espacios expositivos”.

 

Por sus cualidades históricas y urbanísticas, Santiago de Cuba también expresó tempranamente la pintura mural. En esta ciudad Héroe donde es constante las inquietudes por la transformación a gran escala, se organizó desde los años 90 un evento que tiene carácter internacional. Se trata de INTER-NOS, oportunidad de encuentro de trabajo creativo que irrumpe en los barrios y diferentes espacios de la ciudad.

 

En el fragor de la Batalla de Ideas, y como solidaridad por la liberación del niño Elián González, se efectuaron disímiles Actos patrióticos y Tribunas Abiertas, ocasiones en que muchos artistas fueron convocados a realizar su obra in situ. Estas fueron de grandes dimensiones, realizadas en colectivo durante el desarrollo de las referidas actividades culturales y políticas. Algunas de estos grandes lienzos se encuentran en las actuales Escuelas de Instructores de Arte.

 

Estos Murales Pictóricos se distinguen en muchos lugares de la capital cubana. Se destacan los ubicados en la Habana Vieja; entre ellos el Proyecto “Balcón Abierto” expresado en un mural en el barrio San Isidro, titulado “Nuestras Raíces”. El otro, denominado “Muraleando”, en la barriada de Lawton del municipio habanero “10 de Octubre” y el situado en el Callejón de Hamel en Centro Habana, por citar algunos ejemplos. Todos logran la participación ciudadana junto a los profesionales de las Artes Plásticas.

 

Estas memorias gráficas deben ser estudiadas, en cuanto a sus mejores exponentes, como reflejo y patrimonio de una época y una etapa histórica; Son testimoniantes de estas, las obras de: Juan Moreira, Alicia Leal, Bejerano, Alexis Leiva (Kcho), Vicente Rodríguez Bonachea, y otros artistas que desde sus territorios han sido protagonistas en los diferentes momentos y acontecimientos históricos, patrióticos y culturales.

 

Arte Público.

Este arte defiende el concepto de un compromiso social, a partir de reflejar en los trabajos artísticos, diversas problemáticas de la sociedad y su relación con las diferentes realidades histórico-sociales, ambientalistas, indigenistas, la no exclusión social, la integración social, la integración de los pueblos latinoamericanos y caribeños, la historia local y nacional, etc, en fin, obras que reflejen no solo el compromiso político o social de la posición del autor o los autores, sino la toma de partido y compromisos éticos y políticos en muchos casos.

 

Estas obras de participación son en ocasiones obras colectivas, realizadas por varios creadores, en diferentes emplazamientos como son: avenidas calles, parques y plazas, edificios escolares, fábricas, barrios, etc,: Se realizan no solo en los centros urbanos más importantes, también en lugares apartados de los centros urbanos, donde viven las personas de mayores carencias, en comunidades indígenas, en el campo; son trabajos propicios para reflejar las inquietudes que reseñamos anteriormente y que tienen el propósito de crear conciencia, de contribuir a crear valores, de promover la lucha por los diferentes reclamos sociales.

 

El contacto directo de los autores y el pueblo, hace que este Arte sea participativo y sus realizadores, actores sociales. Muchos creadores latinoamericanos lo definen como Arte Público.

 

“Lo que se trata es democratizar el espacio público… que hoy nos permite usar los muros como imprentas del pueblo y escribir con mayúsculas la historia de los pueblos latinoamericanos y del Caribe”. Palabras del Ministro de Educación de la Provincia Resistencia. Argentina, Lic. Romero.

 

Se está dando como tendencia cierto grafismo desmesurado que no es graffiti, y aún, el graffiti no es pintura mural, y hay creadores de graffiti como Basquiat que tienen un lugar en la historia del arte contemporáneo.

 

En el graffiti, aunque se pinte o se agredan las superficies con diferentes pigmentos, aplicados con brochas o aerosoles, como acto revelador de rebeldía, los presupuestos no son los mismos que la pintura mural, sus realizadores son espontáneos en la mayoría de los casos y son realizadas por no profesionales.

 

Sus propósitos primigenios nacieron como expresión de rebeldía “estetizada” como oposición a la desmedida comercialización del arte en las sociedades consumistas, o como gritos de inconformidad a problemas tan apremiantes como las desigualdades sociales, la inconformidad ante el sistema y como consecuencia de todo como reflejo del mundo globalizado.

 Por: Lic. Andrés Callejo Hernández.

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