Algunas reflexiones en torno a la narración oral escénica

 

Interrogada por la prestigiosa narradora cubana Elvia Pérez acerca de las relaciones entre arte teatral y narración oral escénica, dos de las expresiones artísticas que acoge en su universo estructural el Consejo Nacional de las Artes Escénicas junto a la danza –en sus diversas modalidades--, el arte circense, la pantomima y el humor escénico, organicé varias ideas que quiero compartir con los lectores.

 

Lo primero a considerar es que todas estas manifestaciones comparten un mismo ámbito: la escena, con su carácter artificial y tribunicio.

 

A diferencia del narrador de cuentos que conocimos —durante las décadas anteriores a los ochenta-- en las escuelas y bibliotecas (función llevada a cabo por maestras y maestros en infinitas ocasiones), el cual desarrollaba su labor sentado en medio o en frente de un grupo de niños y cuyos vehículos expresivos eran únicamente la voz y la palabra, este narrador oral escénico realiza su labor desde los escenarios. Puede valerse, entonces, de recursos propios de tan peculiar espacio como las luces, el vestuario, la escenografía, el atrezo. Aún cuando el lugar de privilegio lo continúe ocupando la palabra, ella se enriquece, cual la del actor, con el ritmo, el tono, la intensidad, el silencio mientras se acompaña de otros lenguajes corporales: intervienen entonces la kinesis y la proxemia.

 

La narración mantiene la centralidad del discurso, pero este puede dar ocasión a la emergencia de diversas caracterizaciones.

 

El arte del narrador oral escénico y el del actor en condición de monólogo o de espectáculo unipersonal exhiben varios puntos tangenciales. Lo que diferencie e identifique a cada quien en su condición será la esencialidad de los quehaceres. El actor representa, asume identidades, se expresa a través de personajes. Puede tener al público como interlocutor directo aunque, por lo general, se dirige a otros personajes virtuales. Está siempre en presente aún cuando se refiera al pasado. El narrador, por su parte, evoca una historia que cada quien recrea. De común su discurso alude a un tiempo pasado y tiene como interlocutor al público, puede representar o interpretar un personaje –a veces el propio que desgrana la fábula—pero con mayor frecuencia los presenta. Se mueve a plenitud en esa dimensión que Bertold Brecht llamaba la narración épica (a diferencia de la dramática) donde subsisten dos discursos: el del personaje y el del actor que lo muestra.

 

Sin dudas el examen detenido del asunto aportará nuevos rasgos, sin dejar de tener en cuenta que, cada vez más, la hibridez signa nuestro mundo. El mestizaje es el presente y, sobre todo, el futuro, por lo cual resultará ocioso todo intento de mantener incontaminados cualquier parcela de actividad o campo del saber.

 

Exploraciones en los límites de la narrativa y la teatralidad se han desarrollado desde el teatro por destacados representantes de nuestra escena. Ahí están las experiencias de Roberto Blanco y sus actores con Ocuje dice a Martí , De los días de la guerra; del Teatro Escambray con los Cuentos de Onelio Jorge Cardoso ; de José Antonio Rodríguez y el Buscón con Los asombrosos Benedetti .

 

El universo de la narración oral escénica será tan vasto como la cultura, el talento y la capacidad de sus hacedores dispongan, y puede llegar a ser un arte envidiablemente complejo y sugerente, pues en él hay lugar para el despliegue y el juego de la voz, el gesto, el movimiento, el uso del espacio; para la alternancia y la urdimbre de voces distintas, de temporalidades diferentes. Ello quizás aconseje el término de la soledad en que estos creadores han venido ejecutando sus proyectos, pues si bien esa vertiente cercana a la juglería tiene razón de existir y bajo su concepción de suma economía de recursos y alta funcionalidad, se estructuró el campo de la narración oral escénica no por esto ha de ser la única, y tal vez veamos el tiempo en que dramaturgos, diseñadores, directores escénicos y narradores decidan aunar sus esfuerzos.

 

Entre tanto, desear que los narradores cuiden y perfeccionen los espacios de crecimiento e intercambio, que obtengan la visibilidad social necesaria a todo arte y tengan la sabiduría para tender puentes entre la mejor creación literaria y los públicos más diversos, desempeñándose también como promotores del ejercicio y disfrute de la lectura.

Por: Esther Suárez Durán.

 

 

 


<< Volver Atrás

 

 

Deja tus comentarios

Post comment as a guest

0 / 900 Restricción de Carateres
El texto debe estar entre 10-900 caracteres
terminos y condiciones.
  • No se han encontrado comentarios