La corporalidad en las prácticas bailables populares

La función de la corporalidad en las prácticas bailables populares, mediante la sistematización del lenguaje danzario a través de códigos movidos por la latente necesidad dialógica de quien danza; son para el desarrollo de los bailes en nuestra sociedad aspectos constituyentes de historias y tradiciones imbricantes de las culturas devenidas en nuestra cubanidad.

 

Para poder acercarnos a lo que pudiera ser la noción de la corporalidad en las prácticas bailables populares cubanas, comenzaríamos aproximándonos a las ideas sobre lo que constituye el cuerpo como hacedor del movimiento.Al decir del profesor Ramiro Guerra…

 

“La danza es un expresión artística en constante mutación, naturaleza que está en la propia textura del material que utiliza; el movimiento”.

 

Desde sus inicios la Danza Moderna significó un importante aporte para poder entender y percibir el hecho dancístico, movido por los constantes impulsos y sensaciones donde el cuerpo adquiere nuevos matices e intenciones, siendo hacedor de una corporalidad peculiar.

 

La razón de ser de la danza en su devenir histórico, es poder satisfacer las necesidades vitales, diferenciadas según sus lenguajes pero sin perder su esencia para transmitir mensajes, sentimientos y emociones. Nuevamente Ramiro Guerra nos señala en su definición de lo que llamó los cauces originarios de la danza…

 

“la vía del ritual religioso, la vía de la recreación colectiva, y la vía del espectáculo teatral han sido y son los tres caminos o cauces por donde la danza transita en su constante necesidad de comunicación, característica básica de toda actividad relacionada con el arte”

.

Lo que nos convoca de todo ese mundo danzario es precisamente la vía o cauce de la recreación colectiva; los bailes populares; expresión ligada al divertimento popular, enraizada a contextos muy peculiares según costumbres y circunstancias étnicas determinadas. Los bailes que el pueblo crea, construye y reconstruye en constante dialéctica sin perder su esencia narrativa y cronista de una época.

 

Las viejas danzas folklóricas regionales y los bailes populares cubanos desde sus orígenes han transitado por procesos lógicos de asimilación y transformación, permeados de una corporalidad peculiar según el antropólogo e investigador Fernando  Ortiz: “la cualidad de lo cubano es la cubanidad", y por tanto, el lenguaje corporal fue adquiriendo nuevas significaciones y estilos expresivos.

 

 

Las expresiones del cubano han variado según las épocas y las diversas afluencias etnogenéticas, y según las circunstancias económicas que lo han movido e inspirado, reflejándose en las prácticas bailables como espacios de interacción e intercambio social, en el que el ser humano se une para celebrar, festejar, representar y narrar los hechos de su existencia.

 

Los inicios del proceso de transculturación y sincretismo, propiciado por las condiciones socio – políticas de las distintas épocas, se pusieron de manifiesto en las expresiones danzarias y corporales de las migraciones. En su desarrollo los bailes cubanos han adquirido formas corporales referenciadas por la pertenencia a la cultura de la nación, como un hecho social, dinámico e identitario.

 

Nuestros bailes populares tuvieron su mayor desarrollo durante el Siglo XIX con la aparición de las Academias de Bailes y los Salones de la naciente aristocracia, espacios donde se ejecutaban las danzas de procedencia europeas ya  americanizadas; entre ellos, los fandangos, el minué, el rigodón, la contradanza, y el vals.

 

En su corporalidad, los bailes estilizados, exponentes de las clases adineradas, en los que la excelencia, la exquisitez y el refinamiento, eran las cualidades estilísticas contenidas de la fragilidad y belleza de la época; sin obviar el surgimiento paralelo de otros espacios sociales - bailables, donde se reunían las capas medias y bajas de la sociedad en divisiones de clases y razas, los que le fueron imprimiendo nuevas modalidades interpretativas, término utilizado para referir el proceso de asimilación y transformación de las culturas originarias a la cultura nacional.

 

Desde la Contradanza hasta el Danzón y un poco más tarde el Danzonete, las expresiones corporales en estos bailes no diferenciaron mucho de sus inicios, en los últimos, se fue incorporando otros códigos interpretativos en la utilización del movimiento sutiles de caderas. Las posiciones de bailes sociales en los que se enlazaban las parejas ya comenzaron a ser más abiertas, el hombre adquirió nuevas posibilidades para expresar “el floreo” en los bailes de parejas como el Danzón y el Danzonete.

 

Se debe destacar que el Danzón en su estructura de alternancia; es decir  ABACADA o Rondó, en los momentos del descanso las parejas paseaban por el salón con discreta y elegante gestualidad. Algunas mujeres utilizaban el abanico como objeto para apoyar el baile y su interpretación.

 

En el Siglo XX, durante la neocolonia y la intervención americana, entraron a nuestro país otros sistemas culturales que propiciaron la diversificación del repertorio danzario de la época. El auge del Rock and Roll, el Fox Trot; al mismo tiempo, el surgimiento del Mambo en los espectáculos nocturnos unidos a la vida bohemia de la época, condicionaron una corporalidad más atrevida y liberadora.

 

Los cambios más visibles en la caracterización de las formas bailables fueron; la inclusión de los movimiento pélvicos, las caderas, la cabeza, la libertad de movimientos con los brazos, hombros y piernas; también reproduciendo las expresiones bailables de los africanos llegados a nuestro país desde los inicios de la esclavitud.

 

La cualidades y popularidad del Mambo, el Cha, Cha, Chá y el Son, dieron lugar a la determinación de lo nacional y lo cubano. Con el desarrollo del Casino, las prácticas bailables populares se hicieron más evidentes, por el propio proceso integrador de los bailes antes mencionados y la influencia extranjera, sin dejar ser precisamente expresión de lo popular – cubano. No podemos obviar la trascendencia de los aportes contextuales de la individualidad de lo vivido, lo conocido, lo experimentado.

 

De estos bailes, se desprende toda una amplia estilización de movimientos tomados de la vida diaria en que los gestos cotidianos van transformándose en gesticulación simbólica” Es esta precisamente la cualidad de las expresiones bailables populares, en los que el cuerpo practica lo que naturalmente puede llegar a hacer.

 

Cuando mencionamos los sistemas cognitivos, hacemos referencia a la autoconciencia del danzante –bailador; en ambos términos funcionan la psiquis y el cuerpo como conocedor –practicante de los conjuntos simbólicos integradores de lo fenomenológico, histórico y sociológico permeados de la acumulación de los valores sociales y culturales.

 

Es por ello que desde que nacemos, vamos incorporando los sistemas simbólicos propios de nuestra especie, de nuestro tiempo y espacio. Ocurre el proceso lógico de transmisión de los saberes danzarios populares pero con una estética particular, una identidad del lenguaje corporal no verbal, portador de una gestualidad única e irrepetible en cada ser, independientemente de la transmisión e imitación de patrones dancísticos comunes.

 

El cuerpo humano funciona como un híbrido de ideologías, temáticas y multiplicidad de riquezas culturales que sobredimensionan el lenguaje a niveles expresivos subjetivos, de una realidad latente de mitos, ritos, creencias, estereotipos, realidades y vivencias. Todo ello llevado a la movilidad del cuerpo como una prolongación de instintos, resultado del impulso, fuerza, movilidad – inmovilidad, espacio, ritmo, músculos y diseños que en el lenguaje danzario adquieren una connotación espectacular al ser elementos desarrolladores de los narrativo – dramatúrgico del hecho dancístico en cualquiera de sus formas y estructuras.

 

 

La Senso – Percepción que pueda alcanzar el bailador de los pasos y gestos que espontáneamente ha ido incorporando vivencialmente, le permite el mayor aprovechamiento de las posibilidades físicas logrando exaltar sus cualidades interpretativas, permitiendo su autorrealización, estimulando al cuerpo…” para que hable a través del lenguaje de la danza, donde cada uno de sus miembros juega el papel que le corresponde” al decir de Xiomara Morales.

 

En resumen valorado la corporalidad como la conformación social de la gestualidad de lo cubano – popular expresado en las expresiones bailables mencionadas y el bailador – ejecutante como un cuerpo cultural en su sentido más amplio.

 

Otro análisis dancístico de los bailes de salón.

 

La danza en un contexto social determinado, integra en sus diversos lenguajes y sistemas simbólicos, un conjunto de factores que permiten el análisis tanto en lo formal como en lo conceptual.

 

Centrándonos en los Bailes de Salón Cubanos, pudiéramos abordar todos los referentes teóricos más actualizados que nos aporta la Doctora Bárbara Balbuena* y otros maestros que los definen como bailes resultantes de un contexto social en que surgen y se practican; tienen carácter etnográfico con un enfoque fenomenológico por su naturaleza socio- cultural.

 

En realidad son danzas colectivas y de parejas, caracterizadas por estilos definidos desde la expresividad y la alegría guiadas por una pareja o un bastonero como se le denominó en sus momentos iniciales. Permiten el desarrollo virtuoso de los bailadores y la improvisación dentro de sus estructuras y pasos pre- determinados.

Estos bailes independientemente de su concepto y estructura, tienen cualidades y calidad de movimiento que marcan su estilo en cada bailador; según su timbre, habilidad, conocimientos y experiencias adquieren niveles de interpretación diferentes.

 

En dependencia del acompañamiento musical, como apoyatura para la ejecución de los pasos y cambios de figura, y las posibilidades espaciales en el desarrollo de diseños curvos y rectos, se logra una integración armónica de las parejas. La correcta utilización del peso, el tiempo, el espacio y la energía permiten poder lograr mejor desarrollo del baile como complemento de la expresividad y gestualidad en todos sus aspectos que van desde los social, hasta lo funcional.

 

En resumen son bailes representativos del sector social más amplio; poseen un impulso natural, individual y colectivo en el que el ser humano se une para celebrar, festejar, representar y narrar los hechos de su existencia.

 

Nota al pie. La Dra. Barbara Balbuena., investigadora y profesora de la Facultad de Arte Danzario del Instituto Superior de Arte, es iniciadora de la asignatura “Análisis Dancístico” en el Plan de Estudio de la especialidad.

 

Bibliografía.

 

Castaler, M. (junio de 2005).

http//www.iacat.com/revista/recrearte/recrearte03.htm. Obtenido de Cuerpo y Lenguaje no verbal.

 

Dallal, A. (1979). La danza contra la muerte. México: Instituto de investigaciones estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Fernández, F. O. (1996). Factores humanos de la Cubanidad. Fernando Ortiz y la Cubanidad (págs. 1-12). Ciudad Habana: Ediciones Unión.

 

Guerra, R. (1969). Apreciación de la Danza. La Habana.

 

Paula Sánchez Ortega, X. M. (2001). Educación Musical y expresión corporal. Ciudad de la Habana: Pueblo y Educación.

 

Pelinski, R. (s.f.). Corporeidad y experiencia musical.

 

Rigal, C. S. (2002). Danzas Populares Tardicionales Cubanas. Ciudad Habana: Centro de Investigación y desarrollo de la cultura Juan Marinello.

 

Por Anays Córdova.

Contacto: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


<< Volver Atrás

Deja tus comentarios

Post comment as a guest

0 / 900 Restricción de Carateres
El texto debe estar entre 10-900 caracteres
terminos y condiciones.
  • No se han encontrado comentarios

¨¿De que vive el artista sino de los sentimientos de la Patria?¨
José Martí