De la raíz española al tronco cubano

La tradición de cantar en coro data de antes de la Edad Media, aunque no es hasta esta etapa  que se relaciona la palabra “Coro” con el concepto que hoy conocemos: unión de varias personas que cantan en colectivo.

 

 Los coros integrados por obreros, no dedicados profesionalmente a la música, en países como España y Cuba tienen su mayor esplendor en el Siglo XIX y  principios del XX; no podemos olvidar  la huella indudable que  dejó en la cultura cubana, la metrópoli española durante la colonia y en los siglos posteriores.

 

Los estudios en España han demostrado que el surgimiento del movimiento coral se produjo en Barcelona teniendo mayor auge en la región de Cataluña hacia 1850 aproximadamente. Se designa como los principales iniciadores y difusores de las corales españolas, a Josep Anselm Clavé y a Juan Tolosa, dos personalidades cuya intensión consistía en propagar el canto entre obreros y difundir la enseñanza musical entre todas las clases sociales, respectivamente. Los coros Clavé ejercieron mucha influencia durante esta etapa  y es que estaba predominante un espíritu  social, de comunidad,  a tono con las ideas de la época.

 

A pesar de contribuir al canto coral de manera masiva, se establece entre ellos una rivalidad dividida en dos líneas de pensamiento, puesto que Clavé no creía necesaria la enseñanza del solfeo y sí prestaba mucha atención a los valores morales que emanaban del canto en colectivo, desplazando a un plano menor el hecho artístico. En una idea diferente Tolosa consideraba importante tanto el aspecto social como  el hecho artístico y educativo. Las Sociedades Corales en la España de entonces, difundieron su música empleando ambas directrices de trabajo.

 

Según el catálogo de orfeones de Joaquina Labajo y de otras investigaciones posteriores, en este fenómeno musical se pueden reconocer tres etapas: una primera etapa entre los años 50 y 60 con la implantación del orfeonismo, la segunda a partir de los 60 y específicamente en los 80 con el desarrollo a gran escala de las agrupaciones corales, y una tercera en el primer tercio del Siglo XX determinada por la estabilidad del movimiento coral y la evolución artística de las sociedades.

 

Partiendo de estas tres etapas, se distinguen dos expresiones fundamentales en el análisis del desarrollo coral. En primer lugar la implantación del orfeonismo. En segundo lugar la expansión del coralismo a partir de 1870.

  

El pronto desarrollo del movimiento coral probablemente tuvo a su favor el hecho de que el movimiento obrero comenzara en Barcelona primero que en otras regiones, debido a la temprana industrialización; además debemos destacar el auge de la vida cultural y sobre todo musical en esta ciudad, situación propicia para la formación de sociedades corales. En la región del País Vasco, las primeras sociedades corales constituyeron un movimiento independiente del que se había gestado en Cataluña pues encontraban mayor orientación e inspiración en los modelos europeos.

 

En Cuba el movimiento coral, integrado mayormente por personas no dedicadas al oficio de la música, se desarrolló entre fines del siglo XIX y principios del  XX. Se localizan ejemplos disímiles en las regiones Occidental extendiéndose a la  Central y en la  Oriental. Dentro de las diversas denominaciones de coros, de la cultura popular tradicional, encontramos las compiladas en el Atlas Etnográfico de Cuba.

 

Coro de pedir posada:Agrupación que salía nueve días antes del 24 de diciembre, nacimiento de Jesús. Pedían posada en tres casas. Se les negaba en las dos primeras y se les aceptaba en la última, donde cantaban versos alusivos al hecho.

 

Coro buscando al niño perdido: En Santiago de Cuba existía la tradición navideña, de que un grupo de personas salía a buscar al niño perdido por las calles de la ciudad, cantando un romance alusivo a este pasaje de la vida de Jesús.

 

Coros de clave: Agrupaciones corales que, en época navideña, salían a competir con otros grupos. Se acompañaban de guitarras, claves y viola (banjo sin cuerdas) o marímbula. Interpretaban claves (tipo de canción criolla) y pasacalles.

 

Estos últimos constituyen una reproducción a la criolla de los orfeones españoles, que igualmente proliferaron en el siglo XIX. Según Jaime Carbonell  “los llamados Coros Clave (sin acento) dedicados a la música popular cubana, son una reminiscencia de los primeros Coros fundados por catalanes en Cuba”.

 

La presencia de los Coros de clave se evidenció principalmente en las ciudades de La Habana y Matanzas, en ocasiones relacionados con cabildos de antecedente africano.

 

Hacemos un paréntesis para referirnos a los cantos de raíces africanas,  entonados por hombres y mujeres, desde las embarcaciones en que fueron trasladados a tierras desconocidas; expresaban dolor, pérdidas y añoranzas, que luego rememoraban durante las labores y en los pocos momentos de descanso. Estos  fueron combinando elementos de dialectos africanos y el español y se relacionaban con acontecimientos de la vida cotidiana como el amor y el trabajo. Los miembros más antiguos dejaban oír canciones y toques mágicos que reflejaban costumbres y herencias traídas de sus tierras.

 

 Entre los cantos de mayor arraigo están los rituales, funerales y festivos; en tanto los cantos religiosos se dedicaban a sus dioses y deidades, adaptados a su imaginario, pero con la sonoridad original que en ocasiones se acompañaban de  instrumentos de percusión con ritmos acelerados o ritardados, alternando Solos y Coros. Esta diversidad sonora es uno de los más importantes aportes al canto coral. 

 

Desde mediados del Siglo XIX, encontramos agrupaciones en Sancti Espíritu y Cienfuegos entre las que podemos citar, los coros “La Maravilla” en Jesús María, y en la Habana Vieja   “El tronco” “La Lave” y  “El Arpa de Oro”. En Matanzas se conoce que por el año 1886 estas agrupaciones eran conocidas como coros o bandos de clave tales como El Bando Azul, El Rosedá, El Marino y Los Congos de Angonga.

 

Las presentaciones se realizaban en ocasión de la navidad  y otras fechas festivas, interpretando géneros como el clave y los pasacalles; se conoce, además, que las tonadas trinitarias (tipo de coral similar) interpretaban fandangos y otros géneros como la rumba y el son.

 

La oleada migratoria en el Siglo XX, produce una multiplicación de las sociedades de instrucción y recreo, las cuales contaban con sus orfeones, agrupaciones corales e instrumentales. Son conocidas las collas catalanas, coros masculinos que llevaban atuendos típicos de cocineros. Poseían una estructura semi-militar, paseaban por las calles hasta llegar al festejo interpretando canciones humorísticas y picantes. Dentro de ella se encontraban: La Colla San Mus (habanera), Los Trabucaires y La Colla de Monserrate que se mantuvo hasta 1926.

 

En la actualidad todavía quedan vestigios de agrupaciones con estas características, que se atienden desde el Movimiento de Artistas Aficionados por el Consejo Nacional de Casas de Cultura, especialmente en el ámbito de la Cultura Popular Tradicional, pues por lo general se trata de tradiciones heredadas de padres a hijos a través de la oralidad.

 

La labor investigativa del formato coral en Cuba resulta poco conocida y por tanto, poco abordada y difundida; aún más en materia de repertorio,  razón por la cual es necesario desde el Sistema de Casas de Cultura y los Centros Educacionales, proyectar estrategias para fomentar y vigorizar la creación de coros y cantorías en escuelas y comunidades que estimulen a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, a cantar la música tradicional  que nos legaron nuestros ancestros y cuantas obras musicales creadas a lo largo de la formación  de nuestra cultura nacional.

 

Es un imperativo de la cultura tradicional y popular, revitalizar y extender la expresión coral en toda su diversidad, y al mismo tiempo lograr su salvaguardia como patrimonio musical cubano. 

 

 Bibliografía.

 Antolitia, Gloria: Cuba: Dos siglos de música (siglos XVI y XVII), La Habana, Letras Cubanas, 1984.

Ardévol, José: Introducción a Cuba: la música, La Habana, Instituto del Libro, 1969.

Gómez García, Zoila y Victoria Eli Rodríguez, Música latinoamericana y caribeña, La Habana, Pueblo y Educación, 1995.

Lapique Bercalí, Zoila, Música colonial cubana, Letras Cubanas, La Habana, 1979.

 

León, Argeliers, Del canto y el tiempo, Letras Cubanas, La Habana, 1984. A partir de

Linares, Mª Teresa y Faustino Núñez; La música entre Cuba y España.

Carbonell I Guberna, Jaume, “Aportaciones al estudio de las sociabilidad coral en la España Contemporánea”, Revista Hispania, CSIC LXIII/2, núm. 214, España (2003)

Esquenazi Pérez, Martha, “Del areito y otros sones” Ediciones Adagio, La Habana 2007. 

Labajo, Joaquina “Aproximación al fenómeno orfeonístico en España”, Valladolid, 1987, pp. 82-96.

 

 

Por Elaine Vázquez González.

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