Tríptico de las Parrandas Guajiras

No podemos establecer un tiempo ni un espacio determinado para el nacimiento de la parranda en Cuba.  Debe tener más o menos cerca de los 400 años. La voz Parranda en su sentido enciclopédico se define como cuadrilla de músicos profesionales o aficionados que salen de noche tocando instrumentos de música o cantando para divertirse- si lo analizamos etimológicamente; y también como  juerga bulliciosa, especialmente la que se hace yendo de un sitio a otro, si lo analizamos de manera coloquial.

 

En países como El Salvador, República  Dominicana y Venezuela es Fiesta en grupo, especialmente si se realiza por la noche y con bebidas alcohólicas. En Cuba la voz Parranda responde a manifestaciones o eventos diversos, aunque todos están ligados de una manera u otra con el festejo bullicioso y el divertimento; generalizando podemos definir las parrandas -porque no hay un solo tipo de estas manifestaciones- como fiestas populares de tradición centenaria, muestras de nuestro genuino patrimonio.

 

Las parrandas guajiras son un determinado tipo de  fiestas campesinas, familiares y/o vecinales, donde se reúnen moradores de diferentes localidades -muy especialmente de las zonas rurales del centro y sur de la Isla-.para cantar y tocar, comer, beber, bailar y recrearse. Pueden durar muchas horas y en ocasiones hasta varios días, incluso los parranderos que participan pueden tener un carácter itinerante, pues con el objetivo de “parrandear”- desarrollar una parranda- pasan de una casa a otra, de una finca a otra, pudiendo durar el jolgorio varios días ininterrumpidamente.

 

Concibiendo la parranda- guajira- en todas sus acepciones, también se llama de este modo al punto fijo que se toca y canta en estas fiestas: punto de parranda. Las tonadas son todas cantadas en la tonalidad que determinen los ejecutantes. Se encuentran gran mayoría de estas realizadas a partir de los tonos Do y Re, del modo mayor; generalmente su tonada se realiza sin usar la nota sensible o alterada, lo que correspondería al modo antiguo mixolidio, pasando a ser menor, que se correspondería con el modo antiguo frigio, si se ejecuta la tonada española y/o Carvajal, también conocida como tonada menor. 

 

Son tonadas de punto fijo -y por lo general  del tipo “cruzado-” como usualmente se ejecuta el punto de parranda, donde existe una relación silábica entre los acentos del texto o décima con la tonada o melodía que se canta, de manera que hay una nota para cada sílaba del texto, y sólo difiere esta relación, a partir de la necesidad del parrandero que canta.

 

Debido a la fuerza  y energía del acompañamiento musical que realiza un ritmo preciso, regular  y constante, se puede imponer la alteración de la pronunciación del texto, produciendo en ocasiones separaciones de las palabras por cortes, detenciones o cierres ; la adición de estribillos, frases, monosílabos, consonantes, el uso de la “ y” o  del “que” como muletilla por parte del tonadista, el uso de ayes, eh o  laleos , todo ello para cantar el texto en la melodía y al mismo tiempo “agarrarse al ritmo parrandero”.

 

De esta manera, la décima queda subordinada al acento métrico de la música del punto, pudiendo alterarse el significado del texto, y  para evitar esto, los guajiros cantadores suelen modificar la línea melódica de la tonada con respecto  al acompañamiento, desplazando los valores de un tiempo a otro o de una parte del tiempo a otra, produciéndose lo que conocemos por melodía sincopada a lo que ellos llaman punto cruzado, donde el ritmo de la melodía “se cruza” con respecto al acompañamiento fijo.

 

Los textos de las parrandas son décimas; en las parrandas se cantan décimas que se han aprendido y prendido en la memoria; de temas diversos: amorosos, patrióticos, costumbristas, de refranes, enseñanzas  y moralejas, de identificación o presentación, de exaltación al paisaje, humorísticos, entre muchos otros  de interés popular. Y junto a ellas también se han aprendido, prendido, y  creado, las melodías, tonadas o jaranas con que estas décimas se cantan.

 

Se llama parranda además al conjunto vocal-instrumental que  interpreta el punto de parranda en las parrandas guajiras, y que tiene los caracteres bien determinados. El formato instrumental más utilizado está compuesto por una sección de cuerdas-por lo general pulsadas, integradas por dos tres, dos guitarras, y en ocasiones una cuerda frotada, como es el caso del violín- ; y una sección rítmica, integrada por: marímbula, bongó- que puede ser de diferentes tipos, de una tina, al que llamaban bocú  o de dos tinas; estos pueden ser rústico y primitivo, tronco de árbol ahuecado, con membrana de cuero clavada, unido por una franja de soga o tejido fuerte, también clavado, clave y  güiro.

 

Cada uno de estos instrumentos tiene su función musical determinada dentro del conjunto: en el caso del tres que por lo general, está en número de dos, uno realiza función de solista, punteando melodías y el otro de acompañante rasgueando los acordes característicos de cada tonada.

 

Las guitarras por igual de manera general, en número de dos, realizan la función de acompañamiento punteado, una bordoneando “a manera de floreo” con un carácter más libre, y la otra acompaña con un patrón rítmico-armónico que podemos caracterizar como fijo.

 

 

La Parranda Guajira de Florencia.

 

¡Y para La concurrencia

Que le gusta parrandear

Le vamos a presentar

La Parranda de Florencia!

 

La parranda Guajira de Florencia fue fundada por Diosdado Jiménez Sánchez y Oscar González Rodríguez, junto a Inelda Pérez Borroto, integrantes de la Parranda de Los Sánchez, quienes reunieron a los dispersos parranderos de Florencia y algunos de Guadalupe, ambos territorios de la provincia Ciego de Ávila, para revitalizar la tradición del punto de Matacaballo, esta parranda tuvo su primera presentación en el año 1981, en la Casa de Cultura del municipio.

 

Diosdado Jiménez, integrante y quien fuera director de la Parranda de Florencia nos afirma: “Matacaballo es una zona campesina intrincada, con mucho monte y lomas, donde fundamentalmente la gente debía trasladarse a caballo por lo difícil del camino. En esa zona fue donde por primera vez se hizo una parranda campesina. Pertenece al municipio de Florencia, y es aquí donde nace y se desarrolla la tradición de un tipo de punto de parranda diferente del que se escuchaba en otras zonas aledañas, y que practicaban las familias campesinas que vivían en esa zona; este tipo de punto tenía un tempo más rápido, “se tocaba más alante”, y se cantaba en tono Re, y se le llamó igual que al lugar donde surgió: punto de Matacaballo”.

 

Este tipo de punto se fue trasmitiendo de generación en generación. Al respecto nos comenta  Idalberto Martínez, poeta repentista que funge en este espacio-tiempo como director de la Parranda de Florencia:

 

 “…desde mil ochocientos noventa y pico que se tocaba ese ritmo en Matacaballo, los apellidos de toda esa gente parrandera, coinciden con los apellidos que tienen la gente de la parranda ahora, eran familia; descendientes lejanos: nietos, bisnietos... de toda esa gente; y casi todos los integrantes de la parranda están enlazados de una forma u otra actualmente./…/. Mira, Tito (tresero acompañante)…

 

Es el padre de Osmel (el que toca el bongó); la mujer de Tito es hermana de Gerardo (el que toca el güiro), Gerardo es tío de Yoandry, el que toca la marímbula, porque su mamá es hermana de Gerardo también, y del resto hay otros que son familias entre ellos; Romelio (cantante y poeta) es medio pariente de Yoandry (cantante y poeta); Carlitos (el guitarrista solista) es primo de la muchacha que cantaba en la parranda que tuvo el accidente y se mató, y es de la familia de los Herrera que mientan como parranderos destacados de tiempo atrás.

 

Oscarito (guitarra prima) es el hijo de Oscar González, guitarrero de la Parranda de Los Sánchez; y Romelio es de la familia de los Luna, que todos tienen tradición de poetas repentistas y músicos aquí. Y así, casi todos son familia”.

 

En las parrandas espirituanas y avileñas, por lo general,  no se practica el  punto libre ni el repentismo;  el plato fuerte es el punto parrandero, que es punto fijo cruzado. Sin embargo, pudimos constatar que la Parranda de Florencia tiene la particularidad que entre sus integrantes hay poetas decimistas improvisadores. Romelio Cabrera, Yoandry Pérez y en este caso también está quien era en este momento su director, Idalberto Martínez.

 

La Parranda de Florencia realiza sus toques en la tonalidad de Re mayor. Presenta en su formato instrumental una sección de cuerdas pulsadas, en número de cuatro, integrada por dos tres y dos guitarras. Cada uno de estos instrumentos tiene una función específica dentro del conjunto.

 

Las guitarras realizan su toque punteando, o  “bordoneando”, tal y como se expresa en el  argot musical popular;  una de ellas tiene función de acompañante, con la afinación natural que conocemos de la guitarra (mi -si -sol -re -la -mi) y realiza un  patrón rítmico-armónico fijo, mientras que la otra, que se considera prima, está afinada “ la, al aire ”, al decir de los practicantes portadores  (la mi do sol re la) , y “florea”, lo que significa que improvisa una melodía o canto que se corresponde armónicamente con los motivos que realizan el resto de los instrumentos de cuerdas, haciendo énfasis en destacar los registros más graves del instrumento.

 

Las ejecuciones se caracterizan por un constante juego con y contra el tiempo justo que lleva el ritmo de la parranda; regodeándolo, cuasi atrasándolo, “arrecostándolo”, sincopándolo o “cruzándolo”, sin llegar a caer en los cierres, fuera  del tiempo justo que la misma lleva. Este modo de hacer es lo que se conoce como punto cruzado. Los tres igualmente, se dividen las funciones de acompañar y “solear”,  también difieren en la afinación entre  cada uno de ellos.

 

En el caso del tres con función de acompañante la afinación se realiza de acuerdo a los siguientes intervalos entre una cuerda y otra:  entre  la primera y la segunda cuerda con un intervalo de sexta, y entre la segunda y la tercera, uno de quinta (re si fa#), sin embargo, el “ tres primo”  que realiza función de solista y es el que improvisa,  está encordado con cuerdas primas (más finas) abajo, lo que le da una sonoridad más aguda; y afinado “al aire”-al decir de los instrumentistas- en las notas sol re sol; con las 1ras y las 3ras cuerdas a la octava; este instrumento tiene cuerdas triples en vez de dobles, es decir, 9 cuerdas, en vez de seis. En la sección rítmica encontramos los siguientes instrumentos: marímbula, bongó, güiro y  claves.

La marímbula, es de tres flejes que diferencian tres alturas cercanas a la sonoridad de la nota fundamental de la tonalidad Re, la quinta La y la octava ascendente de la fundamental Re. Con estas tres alturas, tocadas, realiza un motivo rítmico también sincopado a manera de bajo, que contribuye al sostén rítmico-armónico del toque. A diferencia de la Parranda de Los Sánchez la marímbula realiza  todos  los cierres junto a voces e instrumentos, con dos pulsos en el fleje de sonoridad más grave cercana a la tónica Re.

 

El membranófono que utilizan y al que llaman bongó, es la tina hembra de un bongó tradicional  de llaves, que el instrumentista se coloca entre las piernas y ejecuta golpeando con ambas manos sobre la membrana. Realiza  toques  en el borde y/o el centro de la membrana, de acuerdo a la altura y timbre del sonido que quiera lograr con cada golpe, si más grave o más agudo. El toque es un motivo rítmico de carácter estable, pero que a diferencia de la Parranda de Los Sánchez, en ocasiones incluye repiqueteos a manera de adorno, usando indistintamente los dedos de las manos sobre la membrana para lograr un efecto sonoro que distinga el toque, sin perder su estabilidad y constancia.

 

EL güiro ejecuta un  rayado constante, con movimientos ascendentes y descendentes al tiempo de cada subdivisión del compás de 6/8,  en este caso (también al igual que en la Parranda de Los Sánchez) realiza el mismo motivo rítmico que ejecuta el tres acompañante en su rayado.

 

La clave realiza un toque a tiempo, en compás de 6/8, conformado por cuatro golpes: tres toque largos, con una duración de tiempo y medio cada uno (tres negras con puntillo), un silencio de un tiempo (silencio de negra) y seguidamente un toque corto, de medio tiempo (corchea) que se corresponde con la tercera subdivisión del segundo tiempo de un compás de 6/8. Este figurado se repite de manera constante, y sólo varía con la ejecución de los cierres.

 

Cada instrumento de la sección mantiene estable su toque hasta que se da el característico cierre del punto de parranda, donde todos los instrumentos ejecutan el mismo figurado.

 

La parranda florenciana presenta como rasgo  caracterizador un aire más rápido y vivo, así como la ejecución de  los cierres por parte de todos los instrumentos,  bien precisos, fuertes y parejos, y con un motivo rítmico  diferente, de menor duración, con menor cantidad de figuras. Los dúos aquí se realizan a dos voces.

 

Los textos son décimas aprendidas por tradición oral, pudiendo ser escritas o improvisadas en algún momento por le parrandero que las canta o que las aprendió de oírla a sus padres, abuelos u otros vecinos.

 

La parranda guajira es además una práctica musical de estos campesinos, que en sus ratos de ocio, después del trabajo agotador del día, se alegran con  toques y cantos donde reflejan sus anhelos, historias, costumbres y  tradiciones; esta agrupación es Patrimonio vivo de la Nación.

 

Puede darse el caso de que este acompañamiento lo realice el instrumentista rasgueando los acordes, de acuerdo a sus exigencias y habilidades. En el caso de la sección rítmica, la marímbula realiza un motivo rítmico- a manera de bajo-por lo general estable, que contribuye al sostén rítmico-armónico del toque.

 

Cada parranda está formada por un variable número de jaranas o  tonadas, dependiendo de la cantidad de parranderos que participen; cada uno de ellos canta por una diferente o por varias, de acuerdo a sus habilidades, destreza y necesidades expresivas.

 

En sentido general, los parranderos  que ejecutan instrumentos y cantan al mismo tiempo presentan una sola jarana o tonada cada vez que intervienen, dentro de una misma vuelta, sin embargo, los que dentro de la parranda tienen como función –al realizar esta grabación- solamente cantar, las varían, presentando dos o más, de acuerdo al largo que tenga la vuelta de parranda, o a la cantidad de vueltas que se canten.

 

Las parrandas en las fiestas y celebraciones guajiras espontáneas se cantan en rondas. Los parranderos  instrumentistas se sientan en círculo y los que van a cantar sin tocar instrumentos se paran alrededor de estos para intervenir cuando les llegue su turno, porque  cantar parrandas campesinas tiene sus reglas bien determinadas. Ahí todo el mundo canta siguiendo el orden que lleva las manecillas del reloj, y ningún parrandero que participa puede dejar de poner su tonada o jarana con su décima. Se comienza con un dúo, que puede ser a voces o al unísono- y después interviene cada uno de los parranderos. Sin parar.

 

Los dúos pueden repetirse en cada vuelta de parranda, de acuerdo al gusto de los cantadores. De acuerdo al calor de la parranda pueden realizarse los “rematapuntos”,  que  le dan más sabor, color y vida a la vuelta parrandera. Estos son realizados por un dúo de cantadores que se ponen de acuerdo, para rematar el punto que deseen de uno u otro cantador;  y pueden ser cantados a voces  o al unísono, de acuerdo a las habilidades y necesidades expresivas de los cantadores.

 

Los dúos por lo general, se realizan al inicio, en el medio de la vuelta y al final para cerrar; pueden ser a partir de una décima completa, los de comienzos de parranda, o a partir de cuartetas, que pueden aparecer al comienzo, en el centro o al final.

 

Las vueltas de parranda se pueden extender de acuerdo a la voluntad del coro de parranderos; estas pueden durar días, se van relevando los instrumentistas y los cantadores, y precisamente una particularidad de los parranderos es que casi todos pueden desempeñar varias funciones musicales dentro de la parranda, pueden tocar cada uno varios instrumentos, lo mismo de cuerdas, que de percusión. Y todos, sin excepción, tienen que cantar sus tonadas o jaranas; hasta el trago se reparte en la boca de los músicos, para evitar que paren de tocar.

 

Son célebres y populares desde hace más de dos siglos, La Parranda Típica Espirituana; La Parranda de Arroyo Blanco o de Los Sánchez-como también se le conoce- de Jatibonico, en Santi Espíritu; La Parranda de Florencia; La Parranda las Coloradas de Jicotea; La Parranda de Los Hoyos; La Parranda Las Vueltas, estas de Ciego de Ávila.

 

Estas manifestaciones musicales similares se recrean en función de su entorno espacio- temporal, en interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndole un sentimiento de identidad y continuidad. Se vinculan a partir de sus integrantes y elementos componentes, al mismo tiempo poseen personalidad y características propias que las diversifican.

 

La Parranda Típica de Arroyo  Blanco

 

Se dice que las parrandas alcanzaron una connotación especial en Arroyo Blanco, y que en esta comunidad es donde se cultiva uno de los tipos de punto más antiguo de los conocidos en la isla, quizás debido al aislamiento geográfico del lugar, y por consiguiente, a su menor posibilidad de contaminación con influencias diversas.

 

De Arroyo Blanco se tienen noticias desde el Siglo XVIII; en su territorio floreció la estirpe patriota de los Sánchez Valdivia, familia que se enroló en la lucha contra el colonialismo español a finales del siglo XIX, contando entre sus filas al general Serafín Sánchez Valdivia, uno de los cuatro primeros hombres del mambisado cubano -entrañable amigo de nuestro José Martí- quien comandó las fuerzas mambisas en toda la zona de Jatibonico, teniendo acciones significativas en el propio Arroyo Blanco, que fue un punto estratégico entre Sancti Espíritu y Morón.

 

Podemos considerarlos también una estirpe de  parranderos, lo que evidencia la composición de esta parranda, proveniente de la familia del Mayor General Serafín, y que cuenta entre sus integrantes con familiares y descendientes de esta familia, como es el caso de Rubén Sánchez, su violinista y director musical, y Nauris Sánchez, bongosero.

 

 

Esta familia parrandeaba en las festividades dedicadas al santo patrón del pueblo, en serenatas,  cumpleaños, bodas, nacimientos, bautizos, torneos y cuanto evento y motivo de celebración hubiera o se buscara.

 

La Parranda Típica de Los Sánchez, realiza sus toques en Do Mayor; en su formato instrumental tiene una sección de cuerdas; cuatro pulsadas, integradas por dos tres y dos guitarras; y en este caso, una cuerda frotada, y de manera exclusiva y única, un violín. Cada uno de estos instrumentos tiene una función determinada dentro del conjunto.

 

Las guitarras realizan su toque “punteando, o  “bordoneando”, tal y como se expresa en el  argot musical popular;  una de ellas tiene función de acompañante, con la afinación natural que conocemos de la guitarra; mi si sol re la mí y ejecuta un  patrón rítmico-armónico que pudiéramos caracterizar como fijo, mientras que la otra, que se considera prima, está afinada al aire “ la mi do sol re la” , y “florea”, haciendo énfasis en destacar los registros más graves del instrumento.

 

Las ejecuciones de las guitarras se caracterizan por un constante juego con y contra el tiempo justo que lleva el ritmo de la parranda; regodeándolo, cuasi atrasándolo, “arrecostándolo”, sincopándolo o “cruzándolo”, sin llegar a caer en los cierres, fuera  del tiempo justo que la misma lleva.

 

Los tres igualmente, se dividen las funciones de acompañar y “solear” o “florear”, y los ejecutan con diferentes afinaciones, el que acompaña está afinado en las notas  (mi do sol), y realiza un patrón rítmico-armónico rayado estable, que coincide rítmicamente con el patrón que establece el güiro de la sección percusiva.

 

El que realiza función de solista, el “tres primo” está afinado a partir de diferentes notas  (sol re la); es el que canta y puntea tal y como lo realiza el laúd, dentro del punto en las regiones occidentales del país. A este aspecto de la diferencia de afinaciones de los instrumentos de la cuerda pulsada, los parranderos le llaman “tocar los instrumentos invertidos, con diferentes afines o tonos”.

 

El violín, por su parte, por momentos canta melodías características de punto, así como también realiza motivos melódico-rítmicos enfatizando en la dominante, tónica y subdominante de la tonalidad (5to, 1ro y 4to grados)   calzando armónica y rítmicamente todo el tejido  musical que se establece en el toque. La sección rítmica la integran, la marímbula, el bongó, el güiro y la clave.

 

La marímbula, instrumento de raíces africanas, de tres flejes, que  en su toque diferencia tres alturas cercanas a la sonoridad de la nota fundamental de la tonalidad Do, la quinta Sol y la octava ascendente de la fundamental Do. 

 

Con estas tres alturas, tocadas indistintamente, realiza un motivo rítmico bien sincopado  y “arrecostao” a manera de bajo sonero, que contribuye al sostén rítmico-armónico del punto.

 

El bongó que utilizan es un instrumento antiguo, de construcción rústica, conformado por dos tinas tubulares de madera, hechas de duelas, unidas por una faja ancha de hilo grueso  tejido, bien cerrado, clavada, la que al momento de tocar se coloca en la pierna derecha, para que cada tina quede a cada lado del muslo del ejecutante, quedando la  “hembra” (la de mayor diámetro y sonoridad más grave) entre sus piernas, y la otra, del otro lado. 

 

Cada tina tiene la membrana ajustada por una cinta hecha también de cuero alrededor de lo que podemos llamar la boca del tambor. Para afinarlos o “templarlos” hay que acercarlos al fuego para darle calor. El cuero de la tina  “hembra” está puesto sin pelar.

 

El instrumentista de este conjunto realiza el toque indistintamente y a  su placer, utilizando las dos tinas o sólo la tina hembra. En esta parranda el toque del bongó es un motivo rítmico de carácter estable, que no da margen a “floreos”, solos, ni variaciones significativas.

 

EL güiro, determinante dentro del conjunto parrandero, ejecuta un toque constante, rayando el instrumento en movimientos ascendentes y descendentes al tiempo de cada subdivisión del compás de 6 por 8, acentuando siempre la primera subdivisión  de cada compás, para de esta manera “amarrar” y garantizar la estabilidad rítmica del toque, en este caso realiza el mismo motivo rítmico que ejecuta el tres en su rayado.

 

La clave por su parte, ejecuta  el toque característico del  son, al que también se conoce como  toque 3-2, rasgo nada usual, muy propio de esta agrupación de parranda en este espacio-tiempo, a nuestro juicio, muy vinculado a su ejecutante, Andrés Companioni Companioni, cantante parrandero que proviene de una reconocida estirpe de soneros y troveros espirituanos.

 

Cada instrumento de la sección mantiene estable su toque hasta que se da el característico cierre del punto de parranda, donde todos los instrumentos ejecutan el mismo figurado. Este motivo que cierra se ejecuta siempre al finalizar cada dúo, dentro de la estructura de cada  “vuelta” de parranda, y con él se concluye. Siempre que  melómanos o estudiosos de la música enumeran los rasgos caracterizadores de las parrandas espirituanas, mencionan el canto a dos voces, sin embargo, en  la Parranda de Los Sánchez no se ejecutan los dúos a voces; los parranderos que participan en los dúos lo hacen al unísono.

 

La Parranda de Los Sánchez constituye un patrimonio vivo que identifica y caracteriza la música campesina cubana. Es una de las agrupaciones patrimoniales de la nación; al decir de Diosdado Jiménez, director de la Parranda de Los Sánchez en Arroyo Blanco:

 

“para los parranderos afinar “al aire” significa lograr una afinación en las cuerdas del instrumento, que responda a una determinada tonalidad, de manera natural, sin pisar ninguna de las cuerdas. Cuando expresan” la guitarra se afina al aire”, la afinación de cada cuerda de la guitarra de abajo hacia arriba, o de la más aguda a la más grave, se corresponde a las notas la mi do sol re la”.

 

De lo que se trata es de puntualizar la labor de los instrumentistas que ejecutan  las cuerdas pulsadas; es decir tres, guitarras y laúdes, y de los practicantes portadores de las tradiciones musicales campesinas; estos afinan sus instrumentos a partir de las habilidades que han desarrollado de manera autodidacta, por tradición oral o familiar, sin tener en cuenta reglas ni convenciones establecidas en este sentido. En reiteradas ocasiones usan el recurso de la cejilla, para poder ejecutar en todas las tonalidades que necesiten sin dificultad.

 

Por: Sonia Pérez Cassola.

Grupo Guijarro. Salvaguardia de Tradiciones.

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