¡Mambo, que rico Mambo!

El mambo, género musical cantable y bailable, surgió a finales de la década del 40 del Siglo XX; este ritmo forma parte del Complejo del Danzón, junto al Cha, cha, cha y el Danzonete.

 

Según Odilio Urfé, el vocablo “Mambo” se refiere a la sacerdotiza que oficia la ceremonia Vodú, que practica la mayoría del pueblo haitiano; él lo define como un fenómeno musical popular que siempre ha existido pero con distintos nombres; agrega además que se ha producido desde los orígenes de nuestra música por ser, desde el punto de vista formal, la expresión más primitiva.

 

Mambo es una expresión muy común entre los columbianos; es decir, entre los que practican la Rumba Columbia, y significa eficiencia, exigencia, asentamiento en la acción de ejecutar una Columbia.

 

Por su parte, Dámaso Pérez Prado expresó que… Mambo es una palabra cubana mediante la cual la gente quería decir cómo estaba la situación; es decir que si el mambo estaba duro, era que la cosa iba mal… Al mismo tiempo Joseito González del Conjunto “Rumbavana” planteó que: Mambo le llaman los músicos a la glosa de cuatro u ocho compases que se repiten en el estribillo de los metales.

 

En tanto, Antonio Arcaño de la orquesta” Arcaño y sus maravillas”, afirmó que Mambo es un tipo de montuno sincopado que posee la sabrosura del cubano, su informalidad y su elocuencia. 

La ilustre musicóloga María Teresa Linares apunta y define: “…el bajo sincopado del Danzón “Mambo” compuesto por Orestes López, dio origen por una parte al género bailable llamado mambo, creado por Dámaso Pérez Prado, y por otra, al Cha, cha, cha, creado por Enrique Jorrín.

 

En 1949, Pérez Prado  se traslada hacia México y en ese mismo año graba para la RCA Víctor, “Mambo Nº 5” y “Mambo, que rico Mambo”, los que fueron todo un éxito musical y bailable, dado por los miles de discos vendidos en todas las latitudes. Esta gran posibilidad del género, lo hizo internacional. Muchos intérpretes y agrupaciones extranjeras lo incorporaron a su repertorio, integrándolo a sus ritmos autóctonos.

 

En España Las Grecas; en Italia Rafaela Carrá: ¡Que fantástica fiesta!, en Estados Unidos Stan Kenton, Dizzy Gillespie, Charlie Parker, entre otros; en República Dominicana: Las chicas del Can y Jonny Ventura. Hasta el propio Juan Luis Guerra con su 440 recrea el mambo en las piezas: “La llave de mi corazón” y “Bachata en Rosa”.

 

Cuando el Mambo llega a México y Estados Unidos, se convierte en un baile de Salón y los arreglos orquestales son de mejor calidad, sobre la plataforma rítmica concebida por Dámaso Pérez Prado. Es indiscutible el aporte del género que hizo Benny Moré en la pieza “Bonito y Sabroso”, cuando expresó...”Pero que bonito y sabroso bailan el mambo los mexicanos”. En muchas ocasiones el Benny trabajó con la Orquesta de Pérez Prado durante su estancia en México.

 

En 1963 Alejo Carpentier dijo: … “El mambo Nº 5 de Pérez Prado es una página extraordinaria en el dominio de la música popular contemporánea mundial…”, el mambo trajo a la música cubana un factor percusivo no protagonizado por los instrumentos de percusión, sino por los instrumentos de metal (cuerdas de metales).

 

El Mambo también se impuso en la Ciudad de Nueva York donde ya radicaban muchos músicos cubanos y puertorriqueños que lo fusionaron aún más con el jazz; entre ellos: Tito Puente quien fue denominado en su momento “el chico del mambo”. Los propios jazzistas norteamericanos lo recrearon en sus obras; de igual modo el mambo se fue imponiendo en Europa y Asia, tanto la música como el baile.

 

El mambo no ha dejado de cultivarse, en la década  del 90 del siglo pasado, una de las orquestas líderes de nuevo estilo la timba incursiona en el mambo. Fueron José Luis Cortés y su NG La banda con su popular MURACAMI-Mambo con gran éxito en Japón y luego en Europa. Lou Vega, cantante de música-house revitaliza  el Mambo Nº 5 de Pérez prado.

 

Desde la década de los 90 cuando surge el subgénero “Timba”, por las orquestas populares como NG La Banda, Paulo FG y su Élite, Bamboleo, Azúcar Negra, Clímax y la Orquesta de Isaac Delgado, por solo mencionar algunas, el Mambo es quien motiva realmente al bailador a través del dialogo musical que se establece entre la cuerda de metales; es decir trompetas, saxofones y trombones.

 

Los actuales arreglos orquestales declaran y define la vigencia del mambo en la música popular cubana. Es uno de esos ritmos que emergen del complejo genérico Danzón y se convierte en un referente obligatorio para definir las particularidades de una célula rítmica  que se impone en todo el mundo.

 

La bailarina  cubana Yolanda Montes, más conocida como “Tongolele”, representó los movimientos del baile para el público mexicano e internacional junto con la propia orquesta creada por Pérez Prado, pero fue la vedette, también cubana, Ninón Sevilla, la que hizo las primeras figuras coreográficas de este género bailable, que se impuso tanto de manera estética como su forma danzaria. Al respecto, el musicólogo y escritor Alejo Carpentier aseveró en 1951, que este nuevo ritmo actuaría sobre la música bailable cubana como un revulsivo, obligándola a tomar nuevos caminos.

 

En la actualidad se evidencia los movimientos libres de revelación corporal en las exhibiciones de bailes y en las coreografías hechas para el cine y la televisión y como lo más novedoso, la introducción de los metales en las orquestas.

 

Pudiéramos decir que el Casino es un compendio muy contemporáneo de todas esas expresiones corporales que el cubano ha incorporado al baile popular; entre ellas, el mambo y el Cha, cha, cha.

Bibliografía.

 

-Valdés, Alicia. Diccionario de mujeres cubanas notables en la música.

-SGAE. Diccionario de la música española e Iberoamericana.

-Giro, Radamés. Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana.

-Orovio, Helio. Diccionario de la Música en Cuba.

 

Por: Lic. Vicente Prieto Borrego.

Biblioteca Nacional “José Martí”

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