La historia cultural del Cerro

La Semana de la Cultura en el Cerro  se instaura en el año 1979, alrededor de los primeros días del mes de Octubre en conmemoración de una de las más Populares Tradiciones de nuestro Patrimonio, las conocidas como “Ferias del Pilar”, fiesta popular que en las primeras décadas del Siglo XIX se desarrollaban en los alrededores de la Parroquia del Pilar, en el barrio de igual nombre.

 

A partir del año 1995, la Semana de la Cultura del Cerro comienzan a desarrollarse en el  mes de Mayo y específicamente en los días próximos al 8 de Mayo, Aniversario del Cerro, Declarado así por la Asamblea Municipal del Poder Popular, por ser la fecha más antigua que aparece documentada en las Actas Capitulares del Ayuntamiento de la Habana, cuando  en este día y mes del año de 1589, Hernán Manríquez de Rojas, solicitó establecer una estancia en el entorno del Cerro, que dio nombre a este lugar desde entonces hasta nuestros días.

 

El Cerro cuenta con un elevado número de bienes inscriptos en el inventario nacional de construcciones y sitios que se resumen en las siguientes categorías: El Centro Urbano que coincide con la Declaratoria de Zona de protección por la Comisión Nacional de Monumentos en el año 1987; además un Sitio y 160 Construcciones civiles, domésticas, industriales, militares y religiosas.

 

El Cerro en su organización urbanística va a distinguirse por dos pueblos primigenios de origen vial. El primero se registra, desde la segunda mitad del siglo XVIII en la capitanía de partido, o pedánea, de Carraguao, o del Horcón.  Tuvo como centro, la llamada Esquina del Horcón, o de Tejas, en el entronque hacia Jesús del Monte. Por sus alturas, existió un fortín que enfrentó a las tropas invasoras británicas en 1762. Ya hacia esta fecha se tiene noticias de la existencia de una pequeña ermita la que, bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar, permitía realizar las prácticas cristianas a la comunidad que se gestaba.

 

El llamado Barrio Horcón o Carraguao, se va conformando, a partir de la parcelación de las estancias limítrofes al eje vial de la vieja calzada real, llamada Calzada del Horcón, o del Monte, que comunicaba a la ciudad intramuros con los arrabales. En ese entorno se celebraban Las Ferias del Pilar o Carraguao pudieran definirse como la más antigua de las tradiciones culturales y turísticas de las que se tengan noticias.

 

Más al sur del Horcón o Carraguao, hacia el antiguo Cerro o Peñón, comienza a registrarse una población vial. Esto ocurre en la novena década del siglo XVIII. El pueblo del Cerro, llamado también de La Prensa, del Salvador o San Salvador del Cerro, comienza a realizar vida comunitaria cristiana, considerándose barrios extramuros a partir de 1802, con la reconstrucción de la antigua ermita de la prensa Carrillo.  

 

 

La conocida Zanja Real, tomaba las aguas directamente del río Almendares, a través de un caño de sillería, para ir descendiendo por gravedad, gracias al nivel que proporcionaba la Presa del Husillo. Ese sistema era elementalmente  sanitario  con las aguas filtradas y conducidas a través de tubería de hierro, fundidas en Filadelfia. Cuando el Cerro se hallaba en pleno ascenso, el ingeniero Francisco de Albear y Lara, Presidente de la Junta de Obras Públicas de la Isla, propuso un proyecto de nuevo acueducto, que permitiera un mayor y mejor abastecimiento de agua a la ciudad. Este se aprobó en el año 1858 con el nombre inicial de Acueducto de Isabel II y luego 1893 con justeza, llevó el nombre de su creador Albear.

 

Uno de los rasgos distintivos de las construcciones del Cerro fueron los bungalós, semejantes a los de California, hechos y habitados por extranjeros ilustres sobre todo en la Zona de Tulipán. Nuestro José Martí, desde el otoño de 1878, cuando vivió junto a su esposa Carmen Zayas Bazán en Tulipán número 32 (antiguo) definió el reparto como un delicioso lugar, semejante a una " Tucubaya  suiza".

 

Muchas de las calles fueron hechas a iniciativas de sus acaudalados vecinos, quienes cedían parte de sus propiedades, en beneficio del barrio. En el caso de la prolongación de la calle San Pablo, construida en 1847, a solicitud del Marqués de Estévez y Don Antonio Bachiller y Morales, quienes donaron parte de sus jardines particulares.

 

La vida y fisonomía del territorio se revolucionan con la aparición del ferrocarril; de ello se encarga, en principio, la Compañía Caminos de Hierro de La Habana.El éxito creciente de las temporadas y fiestas del Cerro hacen que surja, el 28 de mayo de 1842, la primera empresa de ómnibus interurbano, para realizar viajes desde la ciudad intramuros, hasta Carraguao y el Cerro.

 

Para ese entonces comenzaron las fiestas de barrios, hechas con fondos recolectados entre los vecinos. Antonio Bachiller lo llamó "bailes de ponina" en 1841. Pero ya, a fines de aquella década, se constituyó una sociedad de bailes que nucleó a la juventud de casi toda la ciudad. Las tertulias musicales y literarias del Cerro se desarrollaban en las casa quintas, donde se le daba divulgación a la música de la época.

 

En 1848 surge La Sociedad del Pilar  bajo la presidencia de Don Jacinto Sigarroa; en sus salones se celebraron múltiples bailes, actuaciones líricas, de teatro y otras manifestaciones.La sociedad estaba estructurada por secciones: la de Filarmonía y Pintura, Teatro, Música. También en sus salones, intelectuales de renombre como Felipe Poey, Manuel Costales y muchos otros, ofrecieron conferencias sobre diversos temas de actualidad.

 

Otro de los espacios culturales inaugurado en 1875 fue la Sociedad de la Caridad del Cerro, escenario de grandiosos conciertos, con la participación de figuras como Ignacio Cervantes y Hubert de Black, este último fue, precisamente, el presidente de la Sección de Filarmonía. No pocas obras teatrales y comedias se representaron allí. Oradores de la talla de Enrique José Varona, Miguel Figueroa y Manuel Sanguily, dictaron conferencias en su podio.

 

La primera escuela de reconocido prestigio en la localidad se llamó Colegio San Cristóbal de Carraguao,  por Antonio Casas Remón quien promovió técnicas pedagógicas muy avanzadas estimulando las relaciones de afecto profesor-alumno. Don José de la Luz y Caballero llegó a asumir la dirección del Colegio de Carraguao en 1833, y 1848 funda el Colegio del Salvador.

 

La Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana había sido creada a  iniciativa del general Bartolomé Masó, entonces presidente del Consejo de Gobierno de la República en Armas. Radicó definitivamente en Calzada del Cerro No. 819 (antiguo), actual 2003. Se conocería como: Asamblea del Cerro.

 

El surgimiento de la República en 1902 marca una nueva etapa también para el Cerro, donde todo el territorio del actual municipio termina por transformarse en industrial y obrero.

 

La exposición Industrial de Palatino en 1909, marca el despegue en la cantidad y calidad de los productos industriales habaneros y en especial los manufacturados en el Cerro,  la industrialización del Cerro se produce gradualmente, cubriendo espacios hasta formar determinados conjuntos o enclaves fabriles. .Baste afirmar, que el 22% de las empresas inscriptas en la Asociación Nacional de Industriales de Cuba, tuvieron sus instalaciones en el Cerro.

 

No faltan en el Cerro las instalaciones deportivas, que surgieron a partir 1958 cuando se construyen el Estadio de la Polar, el Gran Estadio de la Habana y la Ciudad Deportiva.

 

 En la conocida Loma de la Mulata, se había establecido el Cabildo del Papá Silvestre, rodeado de las vecindades más humildes del Cerro, tenía matiz religioso; es decir católico y con la constitución de la República, toma el nombre de Sociedad Santa Rita de Casia y San Lázaro.Allí se celebraban fiestas y rumbas todos los domingos, siempre muy animadas y bulliciosas.

 

Las agrupaciones de rumba o coros de clave que se habían venido gestando en los solares de Carraguao y Atarés incorporan el guaguancó en los primeros años de la República. El Coro Paso Franco fue el primero en asumir el guaguancó; pero sobre todo llegaría a ser, según los especialistas el mejor exponente de esta manifestación folclórica entre todos los coros habaneros Las comparsas “Los Marqueses de Atarés” y “El Alacrán”  significan tradición y perseverancia.

 

Las primeras obras de arte del siglo XX en el Cerro están relacionadas con el Castillo de Rosalía Abreu, en Palatino, y en espacial las pinturas que en él legó Armando García Menocal. También el célebre pintor y profesor Esteban Valderrama hizo retratos a familias de la burguesía residual en el Cerro, como el realizado a Inés María Carrillo de Albornoz.

 

Tanto el hijo nativo del Cerro René Portocarrero, como la espirituana Amelia Peláez - quien fue profesora de dibujo por las noches en la Escuela Pública Nro. 66 “José Martí”, coincidieron en motivarse con los interiores de las quintas del siglo XIX en el Cerro. De ahí surgieron las series que hicieron con esta temática “Interiores del Cerro”; esta sería parte esencial de sus obras, y legado imperecedero a la cultura cubana y universal.

 

Mientras tanto, Teodoro Ramos Blanco, nacido en Puentes Grandes, desde los 12 años vivió y tuvo sus estudios en el Cerro. Negro y de origen humilde, debió realizar diversas labores, antes de dedicarse por completo al arte, incluyendo la de obrero en la cervecera La Polar. Siendo policía –vigilante 259- se graduó en la Escuela de San Alejandro, con notas de sobresaliente y varios galardones,  obtuvo el Gran Premio del Concurso Mariana Grajales, con su conjunto escultórico: “Heroísmo Materno”.    Por este 425 Aniversario del Asentamiento del Cerro.

 

Por: Francis Lovell Crawford

 

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Colaboración del Municipio Cultura del Cerro

 

                    


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