Un encuentro con las danzas venezolanas

La presencia de Cuba en la histórica misión “Cultura Corazón Adentro” ha dado la posibilidad de ampliar el horizonte de conocimientos acerca de las tradiciones más genuinas de la República Bolivariana de Venezuela.

 

En la especialidad de Danza, surgió en la etapa de nuestro trabajo en ese país, un  proceso interesante, que permitió llegar a disímiles localidades y sentir el palpitar de la cultura  popular y tradicional, y al mismo tiempo pensar y aprender en colectivo acerca de sus cultores y portadores.

 

El trabajo en equipo logró una especial y fluida comunicación, y desde luego la  información constantemente que luego pudimos consolidar con resultados palpables en cada proceso docente y en los intercambios de experiencias acerca de las danzas venezolanas. Además se puso de manifiesto la calidad de los procesos de apreciación y creación, tanto en lo danzario como en lo musical, y especialmente el adecuado manejo de los instrumentos.

 

El final siempre fue, conocer con más acierto lo más esencial y práctico, resaltando los valores y diversidad de la danza en este país y las acciones metodológicas desarrolladas para su mejor aprendizaje.

 

Otro de los aspectos positivos que confirmaron la efectividad de nuestra misión, fueron las visitas técnicas y los talleres prácticos con los especialistas de las manifestaciones. Con esa mirada pudimos orientar, sugerir, señalar dificultades y asesorar acerca de temas y  contenidos más específicos que merecían ser tratados en las preparaciones.

 

También los encuentros con cultores de amplios conocimientos de la danza tradicional y popular, nos permitió organizar y precisar los diferentes aspectos que componen el repertorio danzario; es decir: vestuario, música, pasos, temas, calendarios festivos, y de esta manera hacer valedera la identidad de cada una de las expresiones músico danzarias.

 

Las visitas a los estados y parroquias fueron enriquecedoras, primero por haber compartido con los jefes de manifestaciones y los instructores de arte de la distintas especialidades, y comprobar el trabajo articulado y dinámico, con la presencia de los cultores de las comunidades que defienden con mucho arraigo y pasión  las expresiones danzarias de su nación.

 

Es sorprendente ver en Valle Coche, la multiplicidad de actividades que se realizan en  escenarios abiertos, y que evocan a los proceseres José Martí y Simón Bolívar, en ocasión de las fechas más significativas de ambos países.  

 

 Lugares tan emblemáticos como la Casa Cultural “José Martí”, la Plaza “Bolívar” y  Puertas de Caracas; también en las diferentes parroquias y  consejos comunales, escogidos intencionalmente para hacer las presentaciones de los grupos danzarios más tradicionales.

 

Como de festividad músico danzaria estamos tratando, rememoramos el bello espectáculo conocido como Los Diablos danzantes de Yare, festividad religiosa que se celebra en San Francisco de Yare, Estado Miranda, Venezuela, el día de Corpus Christi. Sus organizadores son las "Sociedades del Santísimo" cuyos orígenes se remontan al Siglo XVIII, siendo estas hermandades, las más antiguas del continente Americano.

 

La fraternidad de diablos está dividida en un orden jerárquico, representado en sus máscaras. Cada jueves de corpus Christi; es decir nueve jueves después del Jueves Santo, se hace una danza ritual de los llamados diablos danzantes, los cuales visten trajes coloridos, normalmente completamente de rojo, capas y máscaras de apariencia grotesca, además de adornos como cruces, escapularios, rosarios y otros amuletos.

 

  Los Diablos danzan al son del repique de la caja, un tambor típico. Bailan por las calles del pueblo para luego arrodillarse al unísono frente a la iglesia, permaneciendo postrados en señal de respeto al Santísimo mientras el sacerdote los bendice.

 

La música y el baile continúan mientras los Diablos -quienes pagan una promesa religiosa al convertirse en demonios de rojas vestiduras y coloridas máscaras- visitan las casas de algunos Diablos difuntos.

 

Los diablos de Yare visten una camisa y un pantalón de color rojo, a los cuales se adhieren cruces de palma bendita, la mayoría lleva puesto un rosario colgado al cuello y pegado a la camisa; algunas maracas se pintan con cara de diablos y parecen pequeñas máscaras. El Primer capataz usa una máscara con cuatro cachos que indica su jerarquía, el Segundo y Tercer Capataz llevan en cambio tres cachos en sus máscaras.

 

La capataz representa la mujer del Diablo y se viste también como este, las mujeres que participan en esta festividad, visten faldas y blusas o franelas de color rojo a los cuales adhieren cruces de palma, algunas llevan pañuelos rojos en la cabeza.

 

La música que apoya la danza de los Diablos de Yare, está fundamentada en dos toques ejecutados por la caja, instrumento principal dentro de la celebración; las maracas y el libre sonar de los cencerros sirven también como acompañamiento.

 

El toque Corrió es la forma musical que acompaña a los danzantes en su recorrido por las calles, durante la danza que realizan frente a la iglesia y frente a las casas que visitan. El otro toque conocido como la Bomba, tiene carácter reverencial, se ejecuta ante un altar por los capataces o para ellos en señal de respeto

 En esta festividad folklórica se rinde devoción al Santo Patrono San Francisco de Paula, al Santísimo Sacramento y a Jesucristo. La celebración comienza el miércoles con un velorio donde se cantan fulías, recitan décimas, rezan rosarios y salves hasta el amanecer. Al día siguiente – jueves de Corpus- los promeseros vestidos de diablos, realizan danzas alrededor de la plaza y se ubican frente a la iglesia.

 

Una vez finalizada la misa, la eucaristía es colocada a las puertas de la iglesia y es cuando se establece una especie de lucha entre los diablos y la custodia. Finalmente, los diablos se rinden ante el Santísimo y se arrodillan en señal de sumisión, de esta forma representan la victoria del bien sobre el mal. Los diablos recorren las calles, vestidos de rojo y con máscaras, bailando al ritmo de un corrío y, ya cuando están ante el altar o se rinden en señal de respeto, bailan a ritmo de bamba, que es un toque más reverencial

 

La celebración termina cuando al final de la tarde suenan las campanas de la iglesia y la hermandad se dispersa hasta el próximo año, cuando volverán a representar este rito donde el bien debe prevalecer sobre el mal.

 

Otra de las experiencias inolvidables en nuestro andar por la danza y la música venezolana, la encontrarnos en la fiesta tradicional llamada Los Tambores de San Juan.

 

El origen de esta fiesta tradicional es el resultado de la imposición religiosa que la Corona Española hizo en los tiempos coloniales en Barlovento cuando a los africanos y sus descendientes los obligaron a rezarles y rendirles pleitesías al Santo San Juan Bautista como Santo patrón.

 

 Pero los africanos y sus descendientes como tenían sus creencias, mitologías, simbologías y amplios conocimientos del mundo religioso introdujeron en esta festividad sus instrumentos musicales, sus cantos, danzas y concepción de lo espiritual como elemento de liberación de la energía acumulada por la explotación intensiva en el trabajo de las haciendas de cacao y también como vía para romper las cadenas de la esclavitud a que fueron sometidos.

 

Se trata de la celebración del nacimiento del santo, único santo junto con el Niño Jesús al que se le celebra el nacimiento y reúne quizás la mayor cantidad de creyentes y devotos; esta fiesta coincide con la entrada de las lluvias.

 

La noche anterior, es decir 23 de junio, se dejan ver los adornados altares que ocupa el santo y al ritmo de tambores se realiza el Velorio de San Juan, la noche es larga y transcurre acompañada de  licor y tambor. El 24 en la mañana, bien temprano se prepara el santo para salir de la casa donde está guardado, sobre la cabeza o brazos del que sea su guardián es llevado a la iglesia acompañados de devotos y seguidores, a recibir los honores de una solemne misa que una vez concluida marca de nuevo el comienzo del repique de los tambores.

 

Una procesión recorre todo el pueblo, el santo va recibiendo dádivas, agradecimientos y reconocimientos; cada cierto tiempo la procesión se detiene y rinde a viva voz homenaje a San Juan, todos llevan pañuelos de colores que agitan en todo el camino, esta procesión de gente se dirige a la casa de donde salió el santo, allí se reúnen y continúan la celebración entre fuegos artificiales, bebidas, tambores y bailes.

 

 Se lleva el santo en procesión por las calles al ritmo de la batería del tambor redondo, acompañado del canto. El ritmo del Malembe tiene un paso básico de cuatro tiempos; pie derecho hacia el lado  derecho y el izquierdo hace el segundo tiempo y con la reacción del paso medio se flexiona la rodilla. Se hace desplazamiento hacia delante y hacia atrás, el desplazamiento del santo es el que indica. Se lleva un elemento muy importante que es el pañuelo rojo.

 

La ejecución del Tambor Mina va acompañada del canto que es de llamado y respuesta entre solista y coro y se baila individualmente o en grupos abrazados, con los brazos a la altura de la cintura. Se baila con los pies plantados y se desplazan ambos pies uno detrás del otro, y uno hace media punta y se flexiona la rodilla.

 

Sin dudas, estas formas genéricas de danzar por todas las regiones venezolanas nos recuerdan a Cuba y sus tradiciones danzarias, también de orígenes diversos y los colores similares. Todo la Cuenca del Caribe que baña las tierras insulares y continentales es como un gran collar cultural.  

 

Por: Silvia Sulera.

 


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¨¿De que vive el artista sino de los sentimientos de la Patria?¨
José Martí