¿Cómo era el carnaval habanero?

El carnaval de La Habana era una larga jornada festiva que incluía numerosas actividades. Nada que ver con el carnaval de Santiago de Cuba o las fiestas de otros pueblos de Cuba. El carnaval de Santiago y las parrandas de Remedios son bien conocidos en todo el país.

 

El carnaval de La Habana tenía un amplio proceso preparatorio. En primer lugar, se elegía una Reina del Carnaval y sus damas de compañía. Esto lo hacía un jurado que, además, efectuaba el proceso de selección con desfiles de las candidatas y participación del público. También se escogía un Rey Momo, generalmente alguna personalidad artística conocida y con capacidad humorística.

 

El carnaval de La Habana duraba varias semanas, pero solamente tenía lugar los sábados por la noche, hasta la madrugada, y los domingos en la tarde hasta las nueve de la noche. Estaba previsto para que no interfiriera con los días laborables y transcurrieran los fines de semana. La época del año no era la del verano, sino la del invierno habanero, en los meses de enero y febrero.

 

Tres elementos principales lo distinguían: desfile de comparsas, desfile de carrozas y desfile de vehículos descapotados. El área del desfile era el Paseo del Prado en toda su extensión, en cuyos portales y aceras se levantaban gradas de madera para el público espectador. En el área de las escalinatas del Capitolio Nacional se situaba el jurado que otorgaría los premios a las mejores carrozas y comparsas. Frente a la escalinata era donde las comparsas hacían sus evoluciones completas. En el área del carnaval no se emplazaban instalaciones para vender comida o bebidas alcohólicas. El carnaval era para ver el espectáculo y lanzar serpentinas a los paseantes.

 

 

Los sábados desfilaban, intercaladas, las carrozas y las comparsas. La reina desfilaba en una carroza acompañada por sus damas. Las otras carrozas tenían distintos motivos y eran financiadas por empresas. En ellas se montaban orquestas y figuras populares que hacían su música y sus bailes sobre las carrozas. Los patrocinadores eran generalmente fabricantes o vendedores de productos de amplio consumo popular. Era una competencia de diseños llenos de belleza, luz y color.

 

Las comparsas eran las tradicionales de los distintos barrios de La Habana, producto de la imaginación y el esfuerzo de esas comunidades. Bailar en la comparsa del barrio o ser miembro del grupo musical que la acompañaba era motivo de orgullo para cada participante.

 

De acuerdo con el carácter de la comparsa o la conga,  tenía su propia música y letra. Entre las más reconocidas estaban: Los Dandys de Belén, Los Marqueses de Atarés, Las Bolleras, El Alacrán, La Jardinera; la letra de la conga de La Jardinera decía: “Flores, flores, ahí viene La Jardinera, viene regando flores”, mientras que Las Bolleras cantaban: “Adiós papá, adiós mamá, que yo me voy con las bolleras”. “Siento un bombo, mamita, me está llamando. Sí, sí, son los dandys”, cantaban los de la comparsa de ese nombre.

 

Con sus ritmos y letras pegajosas y su vestuario colorido y atractivo, las congas habaneras montaban unas coreografías de elevada calidad artística y de gran finura. Los bailarines iban precedidos por los hachoneros o faroleros, quienes bailaban y hacían movimientos difíciles con las pesadas farolas que se apoyaban a la altura de la cintura. También iban danzando muñecones, con sus cabezotas, y hombres en zancos.

 

Los domingos era solamente el desfile de las carrozas, coches y automóviles o camiones descapotados en los que se montaba gente del pueblo disfrazada que hacía sonar pitos y matracas y lanzaban serpentinas de un vehículo al otro o de los vehículos a los espectadores. Los domingos eran los días en que había una mayor presencia infantil en el público.

 

El carnaval habanero tenía un entorno que se extendía por toda la ciudad: los bailes de carnaval, incluyendo bailes de disfraces; estos tenían lugar en sociedades y clubes.

 

Eran famosos los que organizaban el Centro Gallego, el Centro Asturiano y el Centro de Dependientes en el corazón de La Habana; hasta los que podían organizar modestas sociedades de barrios como el Club San Carlos de Santos Suárez o Los Jóvenes del Vals, de la Calzada de 10 de Octubre.

 

No había que ser socio del Centro Gallego para ir al baile. Los hombres pagaban un peso por el derecho a entrar, mientras las mujeres lo hacían gratuitamente. Un cartel a la puerta de entrada lo explicaba: “Caballeros un peso, damas por invitación”. Adentro había hombres con brazaletes que indicaban su pertenencia a la Comisión de Orden, que se ocupaba en mantenerlo. El elemento negativo era que las sociedades privadas mantenían la segregación por el color de la piel.

 

Durante el período carnavalesco se organizaban fiestas infantiles de disfraces. El carnaval habanero contribuía, generalmente durante tres o cuatro semanas, a enfatizar el carácter festivo de los fines de semana de la ciudad y a dar cima al esfuerzo artístico de varias comunidades de las más antiguas zonas de la ciudad.

 

 

Por: Rolando López del Amo

Portal CUBARTE.


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