Taller Literario

…talleres donde reparar alas de colibríes. (Silvio Rodríguez)

 Cuando en 1978 se constituye el Sistema Nacional de Casas de Cultura (como Sistema dentro del MINCULT, porque desde antes existían Casas a lo largo del país) ya el Movimiento de Talleres Literarios acumulaba algunos años de experiencia. De hecho, ese año se celebró en Camagüey el V Encuentro-Debate Nacional de Talleres Literarios

En las Memorias del evento el investigador Sergio Chaple, entonces Director de Literatura del MINCULT, explicaba que un taller literario es la voluntaria unión de aquellas personas – trabajadores, estudiantes, jubilados… – que muestran interés por la creación literaria y que, bajo la guía de un compañero [hoy se diría coordinador], deciden reunirse periódicamente para leerse sus obras y comentarlas [críticamente para su perfeccionamiento o reescritura], así como para discutir problemas relativos a los aspectos teóricos [y apreciativos] de la literatura. (MINCULT, 1979: 7-8)

 El Movimiento de Talleres Literarios, cuyos antecedentes hay que buscarlos en las tertulias de Domingo del Monte, y las de los grupos Minorista y Orígenes, entre otras, fue creado poco después del triunfo de la Revolución, con la finalidad de ayudar (en un amplio sentido) a los que se inician o se interesan en la literatura. Desde su concepción tuvo un marcado enfoque humanista.

 Un ejemplo de ello es que en ocasión de efectuarse en 1974 el Primer Encuentro-Debate Nacional, la dirección del país envió un mensaje en el que se exhortaba a los participantes a:

 

(…) aprender de nuestros genuinos valores literarios (…) y de las creaciones verdaderas de la cultura universal, para crear obras artísticas a favor del hombre, de su felicidad y perfeccionamiento, con una rigurosa exigencia de calidad (…) (ILL, 1984: 997)

 

Según el Diccionario de la Literatura Cubana, en sus primeros años la labor de los talleres literarios se centró en la discusión de lo escrito por los “talleristas”, pero su evolución condujo a que en un determinado momento las reuniones de los talleres se comenzaran a dividir en dos partes: la primera se dedicaba a las obras que creaban los miembros, y en la segunda se discutían aspectos teóricos y apreciativos. (ILL, 1984: 996) En nuestra opinión, en esta segunda sección se halla uno de los antecedentes de los actuales talleres de apreciación literaria.

 

Por otra parte, ya desde los primeros Documentos Normativos para las Casas de Cultura, elaborados por el MINCULT, se cataloga la apreciación artística y literaria como una de las “grandes vertientes” de la labor de la Casa. Sin embargo, en esa época (finales de los setenta) no se hablaba de talleres de apreciación artística, sino que se estimaba que esta se podía ofrecer a través de: seminarios, conferencias, charlas, etcétera. (MINCULT, 1980: 52)

 

Luego de varios años de declive del trabajo con las artes en estas instituciones, en 2002 – en el contexto de la Batalla de Ideas y la lucha por la cultura general integral del pueblo – se crea el Consejo Nacional de Casas de Cultura, que reenfocó el quehacer técnico-artístico y pedagógico, al privilegiar como modalidades para el trabajo docente los talleres de creación y los talleres de apreciación. De esta situación no escapa la manifestación de literatura.

 

Las primeras Indicaciones Metodológicas elaboradas por el Consejo – dictadas oficialmente en 2005 – definían dichos talleres, diríase de una manera “social”, como “agrupación de personas”:

 Taller de creación: es el que agrupa a los aficionados a una manifestación artística para adquirir conocimientos y desarrollar habilidades independientemente de sus aptitudes para ésta.

Taller de apreciación: es el que agrupa a los aficionados interesados en los procesos apreciativos en la esfera del arte y la cultura en general. (CNCC, 2005: 21)

 En las Indicaciones actuales (2010) se les define como “instrumento”, por lo tanto hay un énfasis didáctico:

 Talleres de apreciación: instrumento idóneo para el desarrollo de procesos de apreciación en las manifestaciones artísticas y literarias.

 Talleres de creación: instrumento idóneo para el desarrollo de procesos de creación artística, tanto con la población en general, como con los aficionados al arte y a la literatura. (CNCC, 2010: 98)

 Los Talleres de Apreciación Literaria. Definición y características.

 Teniendo en cuenta que en estas propias Indicaciones se reconoce al taller como una de las formas de organización del proceso de enseñanza- aprendizaje que más flexibilidad y riqueza ofrece, en este trabajo se define el taller como forma de organización, entendiéndose por esta toda actividad organizada intencionalmente, la que integrada a un sistema previamente modelado, favorece la coordinación de acciones recíprocas entre los componentes del proceso pedagógico, para lograr los objetivos planteados en el proyecto educativo integral. (Calzado, 2004: 126)

 Se asume la definición de taller propuesta por la profesora Delci Calzado Lahera: Se define taller como un tipo de forma de organización que concuerda con la concepción problematizadora y desarrolladora de la educación en la medida en que, en él, se tratan de salvar las dicotomías que se producen entre teoría – práctica, producción - transmisión de conocimientos, habilidades – hábitos, investigación – docencia, temático – dinámico; fenómeno que se presenta, en mayor o menor grado, en algunas de las formas de organización empleadas hasta el momento. (Calzado, 1998: 53)

  Por su parte, las Indicaciones Metodológicas del Consejo Nacional de Casas de Cultura valoran el taller como una de las formas de organización práctica y desarrolladora del proceso de enseñanza – aprendizaje que más flexibilidad y riqueza ofrece. Se caracteriza por ser un espacio interactivo, de construcción conjunta, en el que se combinan la teoría y la prácticay desarrollan capacidades y habilidades en un clima abierto, de confianza y libertad compartidas, de plena participación. Tiene como fin la elaboración de un producto evidente o sesiones de entrenamiento. Es un espacio para la elaboración en el grupo,  en el que se estimula la realización individual y colectiva, y se refuerza la formación en valores a través del intercambio de saberes y de la expresión de las formas de sentir, pensar, decir y hacer de los participantes. (CNCC, 2010: 11)

Por otro lado, se hace necesario definir la apreciación literaria. La definición que a continuación se propone es una reelaboración de la ofrecida por la autora Nerys Pupo (Pupo, 2009: 64) de apreciación artística: La apreciación literaria se presenta como la capacidad del individuo para percibir, disfrutar y expresar su opinión sobre textos literarios orales o escritos; por ello, tiene que ver con lo ético, lo estético, el gusto y la valoración crítica.

 A su vez, por textos literarios se comprende el grupo de textos escritos u orales, donde existe un predominio de la función estética (poética, en la terminología de Jakobson) en el empleo del lenguaje. Así, ya podemos definir, desde el presente trabajo, el taller de apreciación literaria:

 Taller de apreciación literaria: Es una forma de organización del proceso de enseñanza-aprendizaje, cuya finalidad es el desarrollo de la apreciación de textos literarios orales y escritos en los participantes en la actividad (talleristas).

 

La creatividad en los talleres de apreciación literaria: Desafortunadamente, a veces entre los profesores-instructores de literatura de las Casas de Cultura pervive una idea errónea que, a menudo, se manifiesta en su trabajo docente. Ella tiene que ver con la oposición mecánica y asistémica entre los talleres de apreciación y los de creación, la cual reduce la creación y la creatividad solo a esta última modalidad de taller. Nada más falso. Los talleres de apreciación literaria constituyen espacios idóneos para el desarrollo de la creatividad, tanto por parte de los discentes (“talleristas”) como de los docentes.

 

Es preciso reconocer que la dialéctica apreciación-creación aparece explicitada en las Indicaciones Metodológicas para el Sistema de Casas de Cultura; ahí se lee:

 

Tener siempre en cuenta que en las manifestaciones artísticas y literarias los procesos de apreciación y de creación se integran, interactúan y complementan mutuamente, lo que resulta fundamental para el diseño y desarrollo de cualquier acción en general y para el trabajo con  determinadas edades en particular. (CNCC, 2010: 36)

 

Además, hay que tener presente el criterio del profesor Guillermo Díaz Rodríguez, quien en su artículo: “Cuatro enfoques para el trabajo con la apreciación literaria”, afirma:

 

 

 En este empeño de lograr una apreciación adecuada del texto literario resultará sumamente útil que el alumno tenga, aunque sea modestamente, su propia experiencia creadora. (Díaz, 1999: 244)

 

Desde una perspectiva didáctica más actualizada, estas palabras podrían ser vinculadas con los componentes funcionales de la clase comunicativa de lengua y literatura (Romeu, 2007): comprensión, análisis y construcción. Estos son los tres procesos esenciales que los “talleristas” deberán aprender a desarrollar, a fin de incrementar su competencia literaria.

 Esto quiere decir que en los talleres de apreciación el instructor deberá (en la medida de lo posible) concebir algunas actividades que propicien la construcción creativa de diversos tipos de textos, a partir de la creación de situaciones comunicativas específicas y de la valoración crítica por parte de los “talleristas” de las obras objeto de apreciación (de comprensión, de análisis).

 

Pero esa valoración crítica no puede lograrse sin que el coordinador del taller haya acompañado a los discentes, por una vía lógica y creativa, a alcanzar una comprensión creadora y sensible de la obra, a través de un análisis que integre las tres dimensiones del discurso: semántica, sintáctica y pragmática.

 

Este tipo de comprensión implica un nivel profundo de interpretación del texto. Se logra cuando el lector(“tallerista”): aplica lo comprendido, ejemplifica  o extrapola; utiliza creadoramente los nuevos significados adquiridos y   producidos por él; asume una actitud independiente; relaciona el texto con otros contextos y emplea la intertextualidad. (Romeu, 2007)

 

Todo lo anterior aparece atravesado por la noción de creatividad, condición sine qua non de un verdadero y efectivo proceso de enseñanza-aprendizaje, como se aspira a que sean los talleres de apreciación literaria de las Casas de Cultura. Se suscribe el criterio de que la creatividad es un proceso. Así, el psicólogo Felipe Chibás Ortiz, en su libro Creatividad y cultura, señala: que la creatividad es aquel proceso o facultad que se expresa a través del desbloqueamiento y expansión de las potencialidades del individuo, grupo, organización, comunidad o sociedad en su conjunto, que permite la generación de objetos, ideas, enfoques, estrategias, preguntas, problemas y estilos nuevos y útiles para el contexto en que fueron creados, facilitando el cambio, crecimiento y progreso en sentido amplio. (Chibás, 2002: 3-4) De ahí que la creatividad resulta un proceso insoslayable en la formación humanista.

 

Como se sabe, una de las estrategias más utilizadas para el desarrollo de la creatividad es el empleo del arte y la literatura. La importancia de la creación, pero también de la apreciación, para el perfeccionamiento pleno del hombre ha sido reconocida por muchos especialistas. En este sentido Abraham Maslow, representante del humanismo psicológico y educativo, afirmaba: Otra conclusión a la que creo que me estoy acercando (…) es la de que la educación artística creativa, o mejor dicho, la educación a través del arte, será, en forma especial, importante no tanto porque produzca artistas o productos artísticos, sino porque puede producir mejores personas. (Maslow, 1982: 67)

 

El mejoramiento (y el desarrollo) humano mediante el arte y la literatura ha sido una premisa constante en la labor de las Casas de Cultura y la garantía de su supervivencia en el contexto actual. En los talleres literarios se agrupan aficionados a la literatura que se enriquecen como seres humanos en el proceso creativo o apreciativo, aunque no tengan (y en muchas ocasiones los alcanzan) desempeños y resultados artísticos relevantes.

 

Pero, ¿qué otras características poseen los talleres de apreciación literaria? La metodología del taller comporta un replanteo en la dinámica de apreciación de la literatura. Si el encuentro es un taller, el participante cambia de rol con respecto a la clase tradicional y se transforma en sujeto activo en su propio aprendizaje. Del mismo modo, el docente, de único depositario de la verdad, pasa a ser un sujeto más (“aventajado”, sí se quiere) en el proceso del conocimiento y la apreciación. Su tarea será, sobre todo, la de acompañar, coordinar y desencadenar procesos cognitivos y comunicativos, utilizando para ello el diálogo y el debate, desde una perspectiva sociocultural.

 

En el taller el coordinador, más que dar todas las respuestas, deberá plantear preguntas, a fin de que las conclusiones surjan de los propios participantes. Ello no significa pasar del autoritarismo a la permisividad absoluta, sino que implica que coordinadores y “talleristas” avancen juntos.

 

Lo anterior revela que la apreciación literaria no puede encerrarse en una serie de nociones teóricas, impartidas en aulas autoritarias, o desde la cima del "saber". El verdadero conocimiento surgirá de ese laboratorio, de esa tierra fértil que es la comunicación, la discusión y la práctica colectiva. De lo que se trata es de lograr un dinamismo integrador sin disociaciones esquemáticas. En este sentido, la función del coordinador estará sujeta a planificar un encuentro dinámico para sensibilizar e interesar a los “talleristas” por lo mejor de la literatura cubana y universal. Ello estimulará la autorrealización, la autovaloración y la adquisición de un espíritu crítico.

 

La dirección didáctica de la apreciación literaria presupone la asimilación paulatina de un sistema de conceptos teórico-literarios y de historia de la literatura, así como el desarrollo de habilidades de lectura y de análisis del texto. Ahora bien, como plantea Guillermo Díaz:

 

La esencia del problema está en asumir el conocimiento literario como parte de la capacidad de apreciación y no como un objetivo en sí mismo; en valorarlo como un medio y nunca como un fin. (Díaz, 1999: 239)

 

Estosi se quiere que verdaderamente los “talleristas” comprendan, disfruten y valoren el texto literario al cual se enfrentan.

 

 Como puede suponerse este empeño no resulta fácil. En el afán por hacer que los discentes aprecien el arte literario, el proceso de comunicación posee una complejidad particular. Desde esta perspectiva, es explicable la tendencia a no establecer barreras entre la lógica del proceso de enseñanza- aprendizaje y la posibilidad de utilización de la actividad lúdica y las técnicas participativas con fines docentes.

 

En los talleres de apreciación literaria concebidos desde esta perspectiva se aprovechan al máximo las posibilidades que brinda el arte literario para la expresión libre de emociones, valores y sentimientos, para el desarrollo de la sensibilidad, la imaginación y el humanismo, y, en general, la movilización de esenciales estados vivenciales vinculados a la creatividad.

 

Se contribuye así a que los discentes adquieran modos de actuación y estrategias para la comprensión, análisis y construcción de discursos, lo cual redundará en una mejor apreciación por los “talleristas” de los textos literarios, vistos estos como unidad de contenido y forma determinados por el contexto.

 

Resulta esencial centrarse en la relación entre el discurso, la cognición y la sociedad. Estos tres elementos conforman un triángulo que integra los tres enfoques  principales del análisis  multidisciplinario  del  discurso. Esto se revela en la integralidad del análisis de las dimensiones del discurso: la semántica, la pragmática y la sintáctica. Ello es vital para una adecuada apreciación literaria, la cual debe apoyarse en el método de análisis discursivo-funcional. Como apunta la profesora Angelina Romeu:

 

(…) dicho método tiene dos objetivos, describir y explicar.  La descripción  nos permite caracterizar todas las estructuras que conforman el texto (palabras, frases, oraciones, estructuras textuales, estilísticas y retóricas). (…) Mediante la explicación se descubren las relaciones de los vértices del triángulo del discurso, es decir, la estructura discursiva [sintaxis], los procesos cognitivos [semántica] y la situación sociocultural [pragmática] (…). (Romeu, 2003: 38)

 

En resumen, la formación humanista de los “talleristas” va dirigida a la integralidad del conocimiento, al cultivo de la sensibilidad y los valores y a la interpretación y explicación de los procesos culturales relacionados con el hombre. En esa dirección es muy útil el trabajo didáctico con la intertextualidad, la cual se refiere a que todo texto es absorción y transformación de otros textos. Ello puede lograrse con mayor eficacia a través del taller como forma de organización que concuerda con la concepción desarrolladora de la educación y la cultura.

 

Por: Yosvel Hernández Alén.

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