Fragor y reclamos rumberos en Atarés

Convocados por el proyecto Timbalaye, que tanto ha hecho y hace por la rumba dentro y fuera de la Isla, en alianza con el Ministerio de Cultura, la Uneac, y la Asociación Hermanos Saíz, acudieron rumberos veteranos y jóvenes, profesionales y aficionados, de larga o reciente memoria, pero todos a una, ante un auditorio que de pie, en las aceras, en medio de la calle Vigía, gozó a plenitud.

 

Mientras en calles y plazas de La Habana Vieja el público disfrutaba de la salida del Cabildo del Día de Reyes, en el cierre del XXII Taller de Antropología Social y Cultural de la Casa de África, no muy lejos de allí, en el mismo centro del barrio Atarés, cantantes, tumbadores y danzantes honraron a la rumba de la mejor manera posible: cantándola, tocándola, bailándola, con los vecinos como principales protagonistas de la fiesta, como siempre lo han sido y ahora con más razones que nunca, al entenderla como símbolo de libertad conquistada y patrimonio vivo.

 

Esa jornada jubilosa fue compartida  por  Miguel Díaz- Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros; el poeta Miguel Barnet, presidente de la Uneac, y Rubiel García, presidente de la AHS.

 

El autor de Biografía de un cimarrón recordó la tradición rumbera de una comunidad que venera entre sus íconos a Gonzalo Asencio, Tío Tom (1919–1991), y Mario Dreke, Chavalonga (1925–2007) y valoró los aportes a la cultura popular de la comparsa Los Marqueses de Atarés.

 

En la intersección de Vigía y Castillo, una plazuela recuerda al Tío. Despintada, semiderruida, desatendida, valdría la pena que las autoridades locales y los responsables de velar por la promoción de los valores patrimoniales le dieran calor y prestancia a un sitio que podría ser, con la imprescindible participación  de los habitantes del barrio, punto de referencia y peregrinación de los amantes de la rumba, en el que no solo cabría exaltar a Tío Tom y Chavalonga, sino a todos los que han abonado el camino de uno de los complejos musicales y danzarios que definen la identidad cubana.

 

Ulises Mora, director de Timbalaye, expresó el compromiso de contribuir a que tanto el legado del Tío Tom y Chavalonga como la indetenible y progresiva proyección de Los Marqueses de Atarés, mucho más que una comparsa, tengan una presencia activa en el imaginario popular de nuestros días.

 

No hay que olvidar que el Tío no fue solo el creador de rumbas que perduran en el tiempo como Consuélate y Mal de yerbas, sino de Dónde están los cubanos, patriótica manifestación contra la afrenta de los marines yanquis a la estatua de José Martí en la etapa de la república neocolonial.

 

Ni que Chavalonga, que fue rumbero todoterreno, fundador del Conjunto Folclórico Nacional, entregó a la comparsa del barrio el canto que dice «Marqués sigue tu paso/ siempre  adelante con sinceridad/ y no te ocupes/ del que venga atrás…»  

 

Ni que los carnavales de La Habana estarían incompletos sin el porte y el baile de Los Marqueses, que siguen en el recuerdo la guía de su líder primigenio, Víctor Herrera. En Vigía, contra viento, marea y el deterioro del local del ensayo, que se presta para un centro cultural comunitario con todas las de la ley, Los Marqueses reinan.

 

Así lo demostraron en la celebración rumbera donde alternaron con Iyerosun –cada vez más afilados y contundentes, con El Millo al frente–, con unos jovencitos llegados desde Cienfuegos y cuanto tocador, cantante y bailador se animó a salir al ruedo. Irma y Ulises, estandartes de Timbalaye, bailaron como lo saben hacer, a gran altura.

 

Autor: Pedro de la Hoz | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Foto: Juvenal Balán

 


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