El Punto

(Audiovisual que acompaña la Candidatura del Punto Cubano para formar parte de la Lista Representativa de Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad)

 

La isla donde nací es la más grande y más occidental de las Antillas Mayores, se dice que surgió del fondo del mar y estuvo sumergida en ellos durante miles o millones de años, a intervalos quizás.

 

“La tierra más hermosa que ojos humanos vieran” primero fue nombrada por los colonizadores españoles como Juana en honor al príncipe Juan, primer hijo varón de los Reyes Católicos. Poco más tarde, en 1515, sería llamada Fernandina, por decisión del Rey Fernando; pero incluso desde aquella época se impuso el nombre primitivo de Cuba.

 

Su forma alargada y estrecha ha sido reiteradamente comparada con la de un caimán y facilita que los vientos alisios dejen sentir su influencia refrescante por nuestras llanuras y montañas.

 

De nupcias con la herencia hispana y de un canto sin edad y sin fronteras que llega hasta el presente atravesando siglos y culturas nos llega el Punto.

 

Nosotros, los guajiros, nos apropiamos de él a través de nuestra vida, nuestras costumbres, nuestros bailes, cantos y expresiones poéticas.

 

Poesía popular que nos acompaña, tonada sobre la que cantamos una estrofa improvisada o aprendida llamada décima, esa guajira sentimental que se nos mete en la piel y que nos permite entrar en el juego de la oralidad.

 

El Punto es nuestra manera de expresar individual o colectivamente nuestros sentimientos y experiencias de la vida cotidiana. Acompañado siempre con instrumentos de cuerda pulsada, como el laúd, el tres, la guitarra, en ocasiones el contrabajo, las claves, el güiro, la marímbula, los bongoés y las tumbadoras.

 

Hoy, al igual que hace mucho tiempo atrás la canturía, el guateque, la parranda son los espacios justos para presenciar las dos variantes esenciales de Punto: el punto libre y punto fijo. De tradición oral se trasmite de generación en generación, de manera mimética y es recreado constantemente por los grupos que lo practican.

 

La población de la que formo parte lo considera una actividad indispensable espiritual y culturalmente, con un gran valor patrimonial. Se encuentra presente de manera cotidiana en nuestras vidas, reuniones familiares, sociales, ciudadanas, festivales, en el seno de nuestras viviendas, plazas vecinales, instituciones, que a su vez se convierten en espacios difusores donde cada uno de nosotros actúa por libre y espontanea voluntad.

 

Cada guajiro cubano lo considera una herencia cultural de gran valor, que mantiene sus rasgos y caracteres y los desarrolla de acuerdo con las necesidades expresivas de aquellos que la portamos, la practicamos y la defendemos.  El pueblo respeta y admira a los practicantes, y estos, a su vez, respetan y siguen los modos y formas de hacer de quienes los antecedieron y ocuparon un lugar destacado en la tradición. En sus presentaciones se inculcan valores, se incentiva la creatividad y el placer por este arte tanto en los portadores como en el público en sentido general.

 

Su práctica contribuye a incentivar y salvaguardar diversas expresiones que se relacionan con la oralidad, el trabajo artesanal y las fiestas tradicionales.

 

Las comunidades, grupos e individuos reconocemos que el Punto es un elemento esencial de la base común del patrimonio cultural inmaterial de la sociedad cubana, muy vinculado al sentimiento de identidad nacional y garantía de su continuidad. Como expresión de identidad promueve el dialogo, el respeto a otros, la inclusión y la diversidad.

 

De la intención de proteger la memoria colectiva de la nación y las huellas de identidad historias y culturales surge un método que une el método tradicional de trasmisión oral con un programa o taller para niños, impartido por practicantes portadores del Punto, donde participan la familia y la comunidad. A través de una metodología lúdica donde se enseñan las reglas de la décima, las técnicas para su improvisación, las melodías o tonadas que se cantan y también la ejecución de los instrumentos que acompañan al Punto.

 

Dentro de las raíces de la cultura campesina y tradicional, muy diversas en todas las regiones y comunidades cubanas, el Punto ha sido y es un elemento importante de la vida social y cultural del pueblo cubano. Es respetado y aceptado por las comunidades que forman parte en sus representaciones, es constantemente renovado y enriquecido gracias a la influencia de las nuevas generaciones. Ya sea en un ámbito familiar o comunitario sus procederes están encaminados a fortalecer la solidaridad del grupo.

 

La candidatura ante la UNESCO para la proclamación del Punto es la muestra del esfuerzo realizado por todos aquellos que lo amamos y nuestras instituciones culturales, un esfuerzo basado en la necesidad de proteger y salvaguardar una de las expresiones vivas más identitarias de la cultura tradicional del archipiélago cubano.

 

El Punto es también memoria, historia, un modo de saber y de hacer de los cubanos y cubanas; nuestra responsabilidad en el presente es hacer que sirva también como legado para la Humanidad.

 

 

 

 

 

 

 


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