¡…QUE LA YEGUA SE TE VA!

De la simpatía por los colores azul o rojo y el apego a la identidad del cubano nace, tiempo atrás, el Baile guajiro o, posteriormente, la Fiesta de los bandos de Majagua. La afiliación a un bando u otro no sigue criterios familiares ni vecinales; responde únicamente al sentir de cada majaguense y su afinidad hacia uno u otro color y lo que significan para ellos. Si buscamos en los inicios, el nombre del señor Pedro García Méndez, natural de Sancti Spiritus pero avecindado en Majagua, suele permanecer en la memoria de un pueblo cuando se le pregunta por los primeros momentos de estos festejos; la figura del promotor en las comunidades aparece entonces como guía para el asentamiento de costumbres y valores, la trasmisión de saberes y el disfrute de muchos.

 

De los bailes, hacia la leyenda (por los antiguos caminos / de una hermosa tradición); de la décima, hacia los colores que definen nuestra bandera (envuelta por los fulgores / de una gloriosa contienda); de la música, hacia el sentir de nuestros orígenes (…de su corazón, /de su montaña y su llano).

 

Por la guajira tradición, los habitantes de este municipio avileño viven todo el año con sus sueños puestos en su Fiesta. De la mano de personajes como Cuba y Liborio (la Patria y el pueblo), el Viejo y la Vieja (don Pepe liderando el bando azul, y doña Joaquina, el rojo), organizan y deciden cada detalle de la competencia. Las diversas manifestaciones artísticas cobran vida en cada iniciativa de los bandos: Majagua se convierte en una gran escuela de arte donde la plástica, el teatro, la literatura, la danza, la música, la culinaria, la religiosidad popular y los saberes tradicionales son recreados constantemente.

 

Aparecen la guitarra, el acordeón, el tres, la marímbula, el güiro, las claves, las tumbadoras, hasta el machete…, y cada persona sigue la comparsa de su bando. El rojo y el azul hacen la mezcla perfecta que da paso a la algarabía, la alegría inminente. Y es entonces cuando todos cantan, todos bailan esperando el momento donde cada bando hará derroche de virtuosismo y talento en el escenario de la plaza del pueblo. Desde El zapateo cubano, pasando por La caringa, El gavilán, El papalote, El zumbantonio o zumbantorio, hasta llegar a los rescates; de la parranda guajira al son, del Anda Pepe al Doña Joaquina.

 

El saber pasa entonces de generación a generación: los niños y las niñas de hoy pronto serán los protagonistas de los bailes guajiros del mañana. Del bando azul, su resistencia, el respeto por lo tradicional, por el conocimiento legendario; del rojo, su fuerza, su renovación, su fe. De ambos, la salvaguardia de las tradiciones, el orgullo por una historia, el amor a la Patria.

 

El álbum ¡…que la yegua se te va! es apenas una pequeña parte de la vida de los bandos; la intención de proteger del tiempo, mediante la imagen y el sonido, una valiosa expresión del patrimonio inmaterial cubano: nuestra música, nuestros bailes, nuestra sabiduría, y el proceso mediante el cual una comunidad aprende de sí, atesora su memoria colectiva y es feliz.

 

 


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