Cayo Hueso, barrio de rumberos

La inscripción de la rumba en la Lista de Bienes Culturales Inmateriales Patrimonio de la Humanidad, el 30 de noviembre de 2016, anima a celebrarla especialmente en un barrio, donde esa manifestación ha reinado durante más de un siglo. Nos referimos al populoso enclave habanero de Cayo Hueso, célebre por su presencia en las luchas emancipadoras del pueblo cubano y de igual modo por su extraordinario tributo a la cultura popular tradicional de nuestro país.  No en balde,  en esta localidad ha recaído en cuatro ocasiones el Premio Memoria Viva y fueron reconocidos como Tesoros Humanos Vivos dos residentes en ella. Figuras oriundas de allí han recibido los Premio Nacionales de Danza, Música, Teatro, Historia, Cultura Comunitaria, cuyos galardonados en gran medida están  vinculados con las expresiones folclóricas y vernáculas.

 

   La propia evolución urbanística del barrio propició que se desarrollara allí la rumba, pues una singularidad en la tipología del solar habanero aportó Cayo Hueso, desde los albores de su urbanización. Se trata de edificios construidos, o remodelados ya a principios del siglo XX, para la explotación en inquilinato solariego, con una amplitud en sus patios que solo excepcionalmente existía en La Habana amurallada e incluso algunos barrios extramurales[1], espacio histórico por excelencia de la rumba. Javier Alba Horta, actual director de la comparsa Componedores de Batea destaca al respecto: “Al patio los vendedores traían sus mercancías anunciadas por los cantos de sus pregones. Allí sacaban las vecinas lo mismo sus altares religiosos que sus bateas para lavar, reunidas en la plegaria o en el trabajo, siempre acompañadas de los cantos; escenario de la fiesta donde se armaba  el rumbón, porque la rumba cubana es inseparable del solar”[2].

 

   Entre las expresiones urbanas de la rumba se registra la llamada de cajón[3], en más de una ocasión atribuida al patrimonio del barrio de Cayo Hueso. Esta espontánea musicalidad para bailar, conseguida con utensilios hogareños, se

 



[1] Para ampliar información al respecto puede verse Venegas Fornias, Carlos (2006): “Desde el solar a los barrios marginales”, en Catauro, año 7, La Habana.

[2] En entrevista concedida al autor de este artículo.

[3] No confundir este festejo popular con el ritual llamado Cajón de Muerto.

 

plantea que prosperó especialmente en el solar Rancho Grande, con la imborrable presencia del rumbero Alambrito[1]. En un amplio estudio sobre los rumberos cubanos, la periodista María del Carmen Mestas ratifica la condición del solar mencionado como pilar de la rumba de cajón[2].

 

   Pasearse por el barrio con indumentaria de rumbero expresaba en la primera mitad del pasado siglo[3] un orgullo identitario semejante al de hoy pertenecer a sus grupos portadores o a los Componedores, única comparsa que en el carnaval habanero ejecuta una rumba. Agrupaciones, que han alcanzado destaque profesional, se adhieren a los sentimientos de pertenencia a la comunidad cayohuesera al ostentar  nombres como el de Rumba de Cayo Hueso.

 

   Las variantes urbanas de la rumba más reconocidas, como la columbia y el guaguancó, han encontrado en Cayo Hueso notables músicos y bailadores, desde los toques religiosos del folclor afrocubano hasta el festejo masivo. Este último fue potenciado en la década de los ochenta del pasado siglo con el Festival de la Rumba, organizado por la Dirección Municipal de Cultura de Centro Habana; evento que tuvo siempre como sede al parque Trillo, teniendo en cuenta la prominencia del barrio en esta manifestación.

 

   Desde la fundación del proyecto sociocultural Callejón de Hamel (1990), el singular sitio de La Habana de hoy realiza semanalmente los Domingos de la Rumba, de gran importancia para la transmisión generacional garante de la pervivencia de expresión tan fundamental de la cultura popular cayohuesera.  

 

   Las tareas de salvaguarda de la rumba en el barrio se sistematizan a inicios de los noventa, cuando se designa al frente de ellas a la instructora de danza Margarita Sáez, quien dirigiera allí el primer proyecto auspiciado por la Unesco para el rescate y la revitalización de la rumba, desarrollado a partir de 1995. 

  

   Como colofón ratificador de la arista tan identitaria del barrio, el Centro Promotor de la Música Ignacio Piñeyro, inaugura en noviembre de 2009 el Palacio de la Rumba, en el edificio anteriormente ocupado por el cine Strand., en una de las cuadras que dan contorno al Parque Trillo. En entrevista a Henry Cervantes Ramírez, el bailarín y promotor de la institución advierte que, entre los elementos tenidos en cuenta para ubicarlo allí, estuvo reconocerlo como “lugar de reunión de grandes exponentes de la rumba callejera, del propio barrio y de los cercanos San Leopoldo, La Victoria, Los Sitios, Colón, Belén, entre otros, lo cual hasta hicieron notables figuras de la manifestación, como Chano Pozo”[4].

 

   Otros rumberos mayores, oriundos de allí, como Jesús Pérez Puentes, Manuela Alonso, Tío Tom y Chan, potencian el rango patrimonial de la rumba en Cayo Hueso; sin embargo, enfatizarlo mediante esta reseña mínima cobra mayor significado en la producción simbólica de la comunidad cayohuesera a partir de la riqueza de la cultura popular tradicional que atesora, la cual permite afirmar que nuestro barrio es sitio de música y alegría, bendecido por Oloffi.

 



[1] Ver Colectivo de autores (1990): Barrio de Cayo Hueso, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 58.

[2] Ver Mestas, María del Carmen (2014): Pasión de rumbero, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, p.182.

[3] De acuerdo con lo aportado, en entrevista del autor de este artículo a  Esther Salas Hernández (1924-2005), residente en Cayo Hueso por más de cinco décadas.

[4] La entrevista fue realizada, en enero de 2014, por Dayana Reyes Aguilar, estudiante del Cecrem, Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes.

 

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