“Mi rumba en Cuba. Patrimonio Cultural de la Humanidad”

Al conocer la idea por parte de los organizadores del proyecto “La rumba más larga del mundo” dentro de la edición del “Cubadisco 2008”, posteriormente su proclamación como Patrimonio Cultural de la nación en el 2012, y recientemente su declaratoria en la lista representativa de Patrimonio Cultural de la Humanidad, nos emocionamos en la medida de ir a la búsqueda de aquellos exponentes de un género que tiene la primacía de divertir a los que participan a través de su música y bailes muy peculiares, no solo por jóvenes y adultos, sino también por niños y adolescentes.

 

En la actualidad dicha expresión tiene su germen y desarrollo preferiblemente en zonas urbanas y citadinas, en lugares como solares, callejones, y esquinas. Los instrumentos más usados para tocar son los cajones y las tumbadoras, además de implementos como sartenes, cucharas, guatacas, taburetes y botellas.

 

 Los cantantes improvisan temas cotidianos de la sociedad en lo que el coro apoya, creando una armonía totalmente popular. Hoy en todo el país, incluso en sitios rurales podemos encontrar lo mismo un guaguancó, una columbia o un bambú, en los que reina la destreza de solistas y parejas que constantemente de forma improvisada generan movimientos, giros, saltos, coqueteos, y galanteos. La mujer es quien coqueta y el hombre galantemente en compañía de un pañuelo, colocado preferiblemente en el cuello, intenta vacunar de forma espontánea, tratando de conquistarla. Su compañera de baile trata de no permitirlo a través de un mecanismo de defensa, realizado con la saya y los movimientos de hombros y giros constantes.

 

 Su esencia se teje en las diferentes expresiones mágico- religiosa de origen africano existente en nuestro país; lo mismo del bantú, que de la santería, que del iyesá o del arará, como también la encontramos en algunos bailes de la Tumba Francesa, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el 2003.

 

 La concepción de realizar presentaciones in-situ y de forma espontánea  en aquellos lugares preferidos e identificados por los propios rumberos, sin duda, ha ganado un espacio en la cultura de nuestro país, propiciando fuente de conocimiento en función de la diversidad cultural; lugares bien conocidos como el Barrio de la Marina en Matanzas la Plaza Malanga en Unión de Reyes, el Kunalungo de Sagua la Grande, Güines, la Villa de Trinidad, la Loma del Chivo en Guantánamo, el Patio de Mateo Sánchez en Mayarí, los Barrios de Ataré y  el Callejón de Hamel en la Capital.

 

Para el cubano, significa su afianzamiento de identidad cultural dada su práctica por varias generaciones y uno de los elementos tradicionales de mayor envergadura dentro de las prácticas identitarias que se celebran en la geografía nacional, teniendo en cuenta su valor vecinal, comunitario y patrimonial, al propiciar la promulgación y viabilidad de una de las manifestaciones caracterizada por su arraigo y populismo .                                                                     

 por Rafael Lara González.

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