La noche más larga…

 

Fidel Castro Ruz, hombre cabal, digno y patriota, sentimos hoy y siempre la desaparición física de un volcán de ideas. 10:29 de la noche, la más larga. No es hora inteligente para Cuba, no lo será ya más, y tampoco el mundo la verá indiferente. Ha muerto Fidel. Más de 600 veces «nos lo mataron». Intentos fallidos porque a hombres como este no se les mata. Mueren cuando les toca. Y se van, acaso pretenden hacerlo, calladamente.

 

Hay silencio, aun cerca del ruido ensordecedor de las calles. Porque ha caído de pronto sobre Cuba una tristeza de siglos. «Ha muerto el último revolucionario» titula algún gran medio de prensa, que recibe cada segundo después de la fatídica hora una cachetada.

 

Ha muerto sí, un hombre, no la Revolución. Si hay algo de lo que Fidel se aseguró fue de empezar a tejerla con sus manos, y enseñar a muchos a hacerla. No podía ser diferente para aquel que «a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro» luchara hasta el último aliento de sus 90 años porque «esta isla sufrida pero porfiadamente alegre» generara « la sociedad latinoamericana menos injusta».

 

«Sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla», nos recuerda Galeano como para palear a la amargura.

 

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Estás despierta, la noticia te agarró en pie y ya no podrás dormir. No estás sola. Antes incluso que el gobierno cubano anunciara el duelo oficial por nueve días, ya lo estás tú, en esa mudez de impotencia y desacierto; y contigo millones de cubanos, de gente que ama a Cuba, dentro y fuera de este país; al que Fidel le ganó un lugar en el mapa geopolítico del mundo. Nos puso y nos mantuvo ahí. Nos dejó la misión de permanecer, a golpe de ejemplo.

 

Busco en las redes. «La muerte» se esparce, se multiplica y afuera y dentro del caimán el desasosiego estremece.

 

Hablo con Haití, con los médicos cubanos que allá están, que han estado. Con los de la brigada de esperanza que creó. La Henry Reeve, obra de su pensamiento liberador, junto a la brigada médica permanente en la comunidad sureña de Anse d’Haunault, fuertemente afectada por el huracán Matthew, ha ratificado hoy ante «Cuba y el mundo», el «firme e innegociable compromiso con los pobres de la tierra, con la humanidad».

 

Es la mejor manera de «llevar vivos sus ideales, como ejército de batas blancas. Todos los revolucionarios que vivimos la dicha de tener entre nosotros el ejemplo y guía que fue, es y será el comandante invicto, Fidel Castro Ruz, hombre cabal, digno y patriota, sentimos hoy y siempre la desaparición física de un volcán de ideas, de una trinchera permanente de dignidad, pecho firme ante el combate de todos los tiempos», declararon los galenos con el amanecer, desde esa tierra hermana sobre la que en más de una ocasión Fidel habló, para la cual llamó a la humanidad a unir voluntades.

 

«La tragedia conmueve de buena fe a gran número de personas, en especial las de carácter natural. Pero tal vez muy pocos se detienen a pensar por qué Haití es un país tan pobre. No puedo dejar de expresar la opinión de que es hora ya de buscar soluciones reales y verdaderas para ese hermano pueblo», reflexionó.

 

Hace seis años diría: «¡Sentimos un sano orgullo por la cooperación que, en estos instantes trágicos, los médicos cubanos y los jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están prestando a sus hermanos de Haití!».

 

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Aún siguen allí comandante, sorteando otras desdichas. «Hasta la Victoria Siempre». Ayudando, salvando vidas, dando esa «prueba de espíritu humanitario» tan necesaria que pidió.

 

Dolor. Se repite en el chat más de una vez. Parece palabra maldita, omnipresente. Lo es. «Pero sabremos levantarnos como él nos enseñó. Y seremos fieles defensores de sus ideas, y continuaremos luchando por nuestra libertad y nuestro socialismo», nos dice el licenciado en Higiene y Epidemiología, Fabián Pérez Hernández, un pinareño de 44 años que desde Haití sabe que pensar ahora en Cuba es la mejor manera de pensar en Fidel.

 

Dolor. «Que nos pone a prueba de resistir. Momento triste por partida doble al estar lejos de la familia», expresa la joven doctora pinareña Nevis González Calderín.

 

Doble dolor, insiste el doctor Alexis Díaz Ortega, jefe de la brigada médica cubana HenryReeve, «por estar lejos de la patria e inmersos en un país pobre, con hambre, por el que tanto luchó. Podemos decir con orgullo:¡Gracias Fidel, Gracias Revolución Cubana!, por no darnos niños con hambre, sin hospitales, con desnutrición».

 

«Porque todo lo que hay en Haití nos recuerda a Fidel. Porque gracias a él en Cuba no hay niños descalzos y con hambre, escena que aquí es el día a día, ni tanta miseria, como en este país. Pasamos el huracán Matthew muchos de nosotros aquí, y lo primero que pensamos fue: si fuera Cuba, Fidel y Raúl estuvieran aquí con nosotros. Gracias a sus enseñanzas de altruismo e internacionalismo estamos ayudando a este pueblo necesitado», escribe la doctora Dariana Dayamí Velázquez, miembro de la brigada médica permanente en Haití.

 

Jorge Armando Delgado González tiene 59 años. Es epidemiólogo, matancero y asegura que la muerte del Comandante es un «golpe muy duro, pero para la generación que nacimos en los años 50 lo es más aún. Fue el que nos guio y enseñó a caminar desde un inicio del proceso revolucionario. Logramos ser profesionalmente lo que somos gracias a él. Le debemos todos».

No hay palabras. No las encuentra el licenciado villaclareño en higiene y epidemiología, David Goles Machado. «Perdimos un hermano, un padre, ¡ lo más grande!»

 

Cierro el chat, lo abro. Hay instantáneas de los médicos nuestros sanando cuerpos y almas en el país más pobre de América. Sigo buscando, y entre fotos del gigante, aparecen algunas junto a Chávez, junto a otra de las tierras que amó. Leo entonces que en Venezuela el homenaje póstumo a Fidel será desde el cuartel de la Montaña. No hay otro lugar mejor.

 

Hay otro adiós detenido en el Fidel amigo, parafraseando al trovador. Vuelven a congelarse las palabras, en una noche larga, en un amanecer que se extiende. Pero «Todos los amigos del amigo/ tienen el alma bordada/ no hay adiós definitivo/ni finales de cenizas.

 

No nos engañemos. Fidel no se ha marchado, acarició su barba y zarpó como hace 60 años lo hiciera desde Tuxpan, pero apenas fue un momento a la inmortalidad. Y volverá, otra vez, para contarnos.

 

Autor: Lisandra Fariñas Acosta | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

26 de noviembre de 2016 17:11:09

Foto: Tomada de Facebook