Los Instructores de Arte en el proceso sociocultural de enseñanza.

Teniendo en cuenta la condición de que el ser humano es un ser biopsicosocial, se hace necesario un adecuado balance positivo de estas tres condicionantes; ningún esfuerzo en la búsqueda de este propósito, será en vano y menos aún si se está trabajado en el plano pedagógico.

 

Existen estudios que vinculan a la música con otras enseñanzas, en la actualidad, dado mayormente por el desarrollo de niveles lingüísticos (fonético, fonológico, morfosintáctico, semántico y léxico), de factores afectivos (reducción de ansiedad, aumento de motivación), por la creación de un ambiente psicológico favorable con el objetivo de que las clases se conviertan en una sesión de juegos, debido a su posibilidad comunicativa y por la facilidad de expresión que brinda.

 

En el folleto Arte, educación y sociedad, No. 57 nos refieren las Doctoras Paula Sánchez, Edilia Perdomo y Victoria Velázquez: “A la música… se le atribuía un raro poder, que influía en la conducta y la moral de los hombres; sus atributos mágicos y filosóficos; su posición en la vida estatal y en la sociedad; en fin su prestigio frente a las otras artes”. (Bidot y Henríquez, 1989). En las antiguas culturas se observa una constante, que es el importante papel que ocupaba la música desde el punto de vista “ético, moral y estético, con implicaciones en el equilibrio del ser humano y de toda la sociedad”.

 

 La música ha sido incorporada por las grandes civilizaciones como materia de estudio obligatorio desde la antigüedad, debido a argumentos de grandes filósofos como: Sócrates, Platón, Aristóteles, Demócrito, y al resultado práctico que fueron obteniendo; la historia latinoamericana evidenció el uso de ella por los españoles con el fin de evangelizar a través de cantos y acompañados de música instrumental a los nativos que encontraron en sus viajes de conquistas.

 

Ejercer el magisterio en Cuba conlleva al auténtico hecho de ser un artista, un creador y por tanto un profesional de la cultura, que se imbrica a un proceso de amplias y constantes transformaciones en todos los órdenes de la vida social política y cultural de la nación (Sánchez, Perdomo, Velázquez. 1998).

 

Este proceso tiene su génesis en la propia historia de la educación cubana, la cual nos viene dada por la grandeza de próceres del magisterio que contribuyeron con su pedagogía, su filosofía y su arte a la conformación de la nacionalidad cubana, ilustres maestros fueron el padre Félix Varela y Morales, José de la luz y Caballero y José Martí, entre tantos y tantos otros que han hecho de la educación, la cultura y el arte los actos más nobles del progreso humano y de la justicia social para desterrar el analfabetismo, las injusticias, los egoísmos, y las desigualdades existentes hoy de manera global (Ibídem).

 

El profesor como facilitador del aprendizaje desempeña diversos papeles: analiza las necesidades de los alumnos, crea situaciones de comunicación, organiza actividades, asesora, participa como un compañero más, observa el desarrollo de las tareas en el aula, elabora materiales, etc. Bajo este enfoque, el estudiante es el centro del proceso enseñanza-aprendizaje, pues las necesidades de los estudiantes determinan la organización y diseño de las clases. En la evaluación se atiende tanto a la corrección como a la fluidez. La evaluación no se limita al producto, sino que abarca todo el proceso; se trata de determinar en qué momento o en qué sentido conviene modificar algún aspecto del proceso instructivo (Leganes y Pérez. 2011)

 

Buscando la clase ideal que contenga  los objetivos del grado, de la asignatura y de los momentos del desarrollo que orientan la planificación del sistema, el dominio del contenido instructivo y educativo y de los vínculos interasignaturas que se imparten, los métodos y procedimientos que se emplean en la dirección del proceso, la utilización de los medios de enseñanza, el clima psicológico del aula, así como la motivación y orientación que se realiza  en el proceso de enseñanza aprendizaje, crea posibilidades al maestro para favorecer las acciones ejecutoras en los niños, acciones de control y auto control, formación de hábitos, de normas de comportamiento y productividad.

 

El juego es el espacio donde el niño se siente libre y a gusto, la música constituye la base de los primeros juegos en la infancia y permanece ayudando al desarrollo del niño por lo que puede resultar una herramienta muy útil para facilitar la enseñanza y obtener importantes progresos en los alumnos provocándoles mayor placer y por tanto más disposición a la temática que se le presenta en ese momento.

Debido a que entre las ciencias relacionadas con el juego se encuentran la Filosofía, la Psicología y la Pedagogía entre otras, se toma de Vigotski que “el juego es una fuente de desarrollo y crea en el niño la zona o área de desarrollo próximo–posible, cercano, potencial. En el juego el niño ejerce a plenitud sus capacidades potenciales, “saltando” por encima de las limitaciones que le impone su edad y propiciando su desarrollo pleno, uniendo así las dos líneas de desarrollo humano –infantil- por él propuestas: la natural y la sociohistórica” (Redondo, 2008).

 

Además, Agnes Heller propone que “el juego constituye una actividad que desarrolla las capacidades, que está guiada por la fantasía…, crean una particular esfera y una particular consciencia de libertad” (Heller, 1977).

 

Los Instructores de Arte de las Escuelas Primarias apoyan las teleclases o imparten sin ellas los contenidos  del Programa cuando este importante medio tiene presencia nula,  impidiendo la objetivación del trabajo y que sirva de apoyo a todo el proceso como contribución decisiva para el logro de sus objetivos. Por otra parte, ellos conforman las actividades de la escuela que responden a las efemérides como Día del Maestro, el Día de los Pioneros, los Matutinos Especiales y muchos otros, con un criterio especializado sobre el producto artístico y participando en el desarrollo de ese artista en formación a la vez que educa al público formado por el resto de los estudiantes, los profesores y los propios artistas.

 

Estos importantes activistas en la escuela representan la persona que puede apoyar el balance biopsicosocial de los alumnos; quienes pueden llevar las bondades de la música, la plástica y la danza, a varias asignaturas fortaleciendo desde las relaciones entre el claustro de profesores hasta los resultados académicos del propio centro de enseñanza. También son los facilitadores en la formación de estos seres sociales en desarrollo, con una aceptación increíble al poder utilizar en más ocasiones el juego.

 

El papel de estos jóvenes en su mayoría, portadores de una gran creatividad y ganas de hacer es disminuido por algunos que los utilizan como cuidadores de aulas cuando los profesores se ausentan. Una positiva integración de los Instructores de arte, respetándoles su tiempo de preparación, su turno de clase y su trabajo, les abre a los niños y adolescentes un mundo de posibilidades, colores, música y movimiento, permitiéndoles crecer artísticamente y expresarse.La propuesta de la Escuela como la primera Institución Cultural los necesita.

 

(Fragmento tomado de la Tesis de Maestría El ritmo del lenguaje, una alternativa didáctica para la enseñanza del idioma inglés de la de la autora Catherin Peterssen Catalan, UCPEJV, 2016).

 

Por: Catherin Peterssen Catalan

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